lunes 19 de septiembre de 2022

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Editorial

Esclavos modernos

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17 de septiembre de 2022 - 01:05

Las nuevas tecnologías producen nuevas adicciones. La adicción al celular –o a la hiperconectividad- es una de ellas. Y, como una adicción suele conducir a un trastorno, se ha acuñado en los últimos años el término “nomofobia” para señalar al miedo o la ansiedad extrema de carácter irracional que se origina cuando una persona permanece mucho tiempo sin poder usar su teléfono celular.

Esta necesidad imperiosa de esta conectado –interactuando en redes sociales, servicios de mensajerías, navegando en internet o hablando a través de los teléfonos móviles- tiene un costo alto, pues conlleva desatenciones de aspectos imprescindibles de la vida social, como las relaciones familiares, amistosas, de parejas e incluso la vida laboral. Hay todo un mundo físico que tiende a disolverse en la virtualidad.

La dependencia extrema del celular, desde que se volvieron “inteligentes”, se asemeja a una suerte de “esclavitud” tecnológica. Uno de los primeros smartphone aparecidos en el mercado global a principios de siglo fue el de la conocida marca Blackberry. El vocablo “blackberry”, ahora asociado a la tecnología, originalmente hacía referencia, en la época de la esclavitud en Estados Unidos, a una bola negra de hierro muy irregular, que disponía de una cadena y un grillete atado al pie de los esclavos, para que éstos no escaparan de los campos de algodón. Esa bola tenía formas parecidas a una mora (berry en inglés) y obligaba a los negros (black) a un trabajo forzado en donde dejaba su vida. El smartphone es el dispositivo que, usado de manera enfermiza y no razonablemente, “ata” a los ciudadanos del siglo XXI como un inalámbrico grillete.

Si bien suele señalarse a los jóvenes como las víctimas de esta adicción, también involucra a los adultos que trabajan y producen. Renán Vega Cantor, historiador y docente universitario colombiano, señala en su trabajo “La expropiación del tiempo en el capitalismo actual”, que “el teléfono celular ha roto la separación entre el tiempo de trabajo y el tiempo libre, o más exactamente, el tiempo de trabajo ha absorbido el tiempo libre”.

Por su parte, el escritor y filósofo italiano Berardi Biffo reflexiona en su libro “Generación post-alfa, que “el teléfono celular tomó el lugar de la cadena de montaje en la organización del trabajo cognitivo: el info-trabajador debe ser ubicado ininterrumpidamente y su condición es constantemente precaria”.

La tecnología puede realizar grandes aportes para solucionar problemas de la vida moderna, pero también, si hay una utilización desmesurada, al punto que no se concibe la vida si no es a través de la hiperconexión que roba el tiempo para otros aspectos centrales de la vida, entre ellas el cultivo de las relaciones sociales interpersonales, el afecto y la vida sana en comunidad sin dispositivos como intermediarios, puede convertir a las personas en verdaderos “esclavos” modernos cuyo tiempo libre se disuelve en estas nuevas configuraciones opresivas.

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