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La Cofradía del Agua

El sueño catamarqueño que conquistó el Embalse

22 de marzo de 2026 - 02:05

Hay silencios que sólo se encuentran bajo el agua. Pero antes de ese silencio, hay un estallido. Imaginen la escena: amanece un día nublado, con un tímido y tibio sol de marzo que se asoma tras las Sierras de Córdoba. El Embalse de Río Tercero brilla como un espejo de plata y, de repente, quinientas personas se lanzan al unísono, rompiendo la calma con una coreografía de espuma, trajes de baño coloridos y torpedos fosforescentes.

Ese es el pulso del Oceanman, el circuito internacional de natación en aguas abiertas más importante del mundo. Desde su fundación en 2015, se ha convertido en el faro para nadadores profesionales y aficionados de los cinco continentes. El pasado 7 y 8 de marzo, el Embalse volvió a ser sede y congregó a más de 1.500 nadadores de 25 nacionalidades distintas. Es un evento intergeneracional, donde se cruzan niños con el ímpetu de quien descubre el mundo y adultos de 80 años que nadan con la parsimonia de quien ya lo entendió todo.

Entre esa marea humana, un grupo de amigos de Catamarca demostró que el deporte no entiende de fronteras, sino de pasiones. No son un club formal con grandes presupuestos ni colección de trofeos; se hacen llamar “La sociedad del dique”. Nacieron de un grupo de WhatsApp, de esos que se llenan de stickers y chistes, pero con un objetivo común: nadar en El Jumeal y compartir, siempre, el "tercer tiempo", aunque sólo sean mates con bizcochitos.

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La trastienda: el corazón del evento

No todo ocurre dentro del agua. Para que un evento de esta magnitud funcione, hace falta un ejército invisible. Dos miembros de la delegación catamarqueña, Marina Nieva y Gabriel Leiva Grosso, decidieron vivir la experiencia desde el otro lado, como voluntarios de la organización. Marina Nieva (Maru) estuvo en el sector de acreditaciones, ese primer contacto donde los nervios se palpan en el aire.

“Fue una experiencia muy gratificante. Había un grupo de gente muy cálida con la cual pasé muchas horas de labor”, relata Maru. “Me permitió ver en quienes se acreditaban la emoción que sentían al recibir sus kits por estar en un evento de dimensión mundial. Me vi reflejada en ellos porque yo viví esa misma emoción el año pasado. Hacer este viaje con mi gente de ‘La Sociedad’ nos unió y fortaleció como grupo”.

Unos metros más allá, Gabriel Leiva Grosso (48) se encargaba del puesto de abastecimiento, el oasis donde los atletas recuperan el aliento y la energía.

“En ese espacio ves todo tipo de emociones”, cuenta Gabriel. “Gente que sale contenta, llorando, fatigados después de estar horas dentro del agua… familias solas, grupos abrazándose. Fue maravilloso poder participar este año desde fuera del agua y ser parte de ese proceso de contención”.

El caos y la gloria: crónicas de los 2K

La distancia Sprint (2K) es, quizás, la más vibrante: lo suficientemente larga para exigir resistencia, pero lo suficientemente corta para ser pura adrenalina. Para Vero Herrera (43), el inicio fue una prueba de fuego mental.

“Fue mi primera experiencia en 2k. Largamos 540 nadadores al mismo tiempo y la sensación fue desesperante por el oleaje que se genera. No te podés detener porque tenés gente por todos lados. Los primeros 400 metros no los disfruté, pero después me pude acomodar mejor. El agua estaba hermosa y llegar a la meta fue emocionante, sobre todo por compartirlo con mi sobrina”.

Para otros, como Verónica Cecilia Parodi (54), la competencia fue una declaración de principios sobre la madurez activa.

“Como nadadora veterana, me siento emocionada. Nadar a esta edad es un regalo para la salud y el bienestar emocional. La competencia me permitió demostrarme que la edad no es un límite para seguir superándome”.

En esa misma línea, Eduardo Nieva (41) resalta el valor humano del encuentro: “Me gustó compartir experiencias con diferentes personas que te ayudan a crecer. La competencia fue exigente y dura, pero logré un resultado positivo que me llena de orgullo”.

Por su parte, María Eugenia López (38), quien ya traía la experiencia de competencias en el NOA, encontró en el grupo su mayor fortaleza.

“Me sentí mucho mejor que la primera vez. Lo que más disfruté fue nadar con mis amigos; no sólo sos feliz por superar tus propios desafíos, sino por ver que ellos también lo logran”.

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Volver a empezar: el regalo de David

Hay regresos que marcan un antes y un después. David (37) volvió a las aguas abiertas después de dos décadas de ausencia y lo hizo por partida doble: en relevos (OceanTeams 3x500m) y en los 2k.

“La de relevos fue explosiva, pura ansiedad. La de 2k la hice en 'modo crucero', disfrutando cada brazada. Lo mejor fue que coincidió con mi cumpleaños y con amigos que son hermanos de la vida. Viajé, hice el deporte que me gusta y festejé con gente muy copada. No puedo pedir más”.

David destaca un punto clave: la seguridad. En un entorno natural, la confianza en los recaudos de salud es lo que permite al nadador soltarse y disfrutar de la inmensidad.

El vuelo del nadador: rumbo al Mundial

Dentro del grupo, hubo una participación que hizo vibrar el tablero competitivo. Héctor Melo (36) obtuvo el 7mo. puesto en los 2k. Este resultado no es sólo un número: es su pasaje directo para disputar la gran final en República Dominicana en noviembre, donde se darán cita más de 4.000 nadadores de todo el planeta. Para Héctor, un nadador de 30 años en la actividad, llegar a un mundial es un sueño que se manifiesta en cada brazada: “No sé lo que es volar, pero seguramente se debe sentir como nadar” y como todo apasionado, quiere contagiar su experiencia. “La natación me llevó a personas y lugares increíbles ¡Salgan a nadar!”.

Juana: la semilla del futuro

Si hay una historia que resume el espíritu intergeneracional de esta travesía, es la de Juana Romero Herrera (12). Participó en la distancia Kids (500 metros), pero su mirada estuvo puesta en su tía durante todo el fin de semana.

“Lo que más me gustó fue ir con mi familia. Fue hermoso ver a mi tía llegar con esa sonrisa cruzando la meta”, dice Juana. “Cuando fue mi turno, me puse re nerviosa. Crucé la meta y lloré del dolor, no daba más, pero después me animé. Me hicieron carteles, me dieron barritas de cereal y stickers. Fue 100% recomendado. ¡Próximamente me anoto en los 2k porque con 500 metros ya no me conformo!”.

Deporte, turismo y salud: un estilo de vida

Este encuentro no se trata sólo de cronómetros; es una oportunidad para mejorar la calidad de vida a través de deportes de bajo impacto. La actividad logra conjugar el turismo con la vida saludable, promoviendo el contacto directo con la naturaleza y el respeto por el medio ambiente.

Para “La sociedad del dique”, este viaje a Córdoba fue la confirmación de que el esfuerzo compartido vale la pena. Regresaron a Catamarca con medallas, pero sobre todo con el orgullo de pertenecer a una comunidad que entiende que el agua no separa, sino que une. Como dicen al cerrar su bitácora: “Es un orgullo ser parte de la comunidad que nada en aguas abiertas y seguir promoviendo el deporte y la vida saludable en todas las edades”.

Entre mates, charlas de WhatsApp y planes para el próximo chapuzón en El Jumeal, este grupo de amigos ya empezó a nadar su próxima meta. Lo hacen con la certeza de que el agua es un puente que une generaciones y supera límites mentales. Porque una vez que el cuerpo se acostumbra a la inmensidad, el horizonte se expande y el corazón ya no se conforma con quedarse en la orilla.

Textos y Fotos: La Sociedad del Dique y fotos oficiales de Oceanman Argentina.

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