domingo 7 de agosto de 2022

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Editorial

El remedio es el diálogo

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25 de junio de 2022 - 01:15

La violencia que atraviesa a la sociedad desde hace décadas tiene, obviamente, su correlato en el ámbito educativo. Las escuelas son terrenos de disputas, violencia física, psicológica, simbólica. Y tanto docentes, como alumnos o directivos son víctimas y victimarios de ese clima bélico que interfiere perniciosamente en la consecución del objetivo principal, que es enseñar y aprender como proceso colectivo. De modo que la violencia debe anotarse también como factor que incide en el aprendizaje y que ocasiona malos resultados en las pruebas de evaluación que se formulan.

Algunos hechos graves que han tenido trascendencia pública han reactualizado el viejo debate sobre el tema.

En una escuela de la ciudad de Alta Gracia, provincia de Córdoba, un estudiante forcejeó con una docente que intentó sacarle un teléfono celular durante una clase. El adolescente, no contento con la resistencia física, maltrató verbalmente a la profesora tratándola de “vieja ridícula”. La escena fue registrada con celulares por los compañeros del agresor, que lo arengaban en la disputa.

En el Colegio Nacional de Buenos Aires, estudiantes secundarios recurrieron a una toma pacífica en el establecimiento bajo la consigna “Fuera violentos de nuestra escuela”. La medida tuvo éxito: las autoridades decidieron desplazar a un docente, y ex vicerrector de la institución, que amenazó con “moler a golpes” a un alumno que lo había acusado de mirar pornografía infantil. También se decidió que un profesor acusado de abuso sexual solo realizara tareas pasivas, sin acercamiento a las y los estudiantes.

Otro hecho de violencia por partida doble ocurrió en un colegio, pero en este caso en la ciudad de Piura, en Perú. Un profesor decidió castigar a un alumno que le hacía bullying a un compañero golpeándolo con un cinto en reiteradas oportunidades. Los padres de los estudiantes de ese colegio resolvieron apoyar al docente violento, e igual tesitura adoptaron las autoridades de la escuela. El estudiante acosador fue expulsado.

Los tres ejemplos son mencionados porque tuvieron trascendencia pública –dos de ellos porque las imágenes se viralizaron y el tercero porque la toma del colegio tuvo repercusión mediática-, pero las escenas de violencia son muy frecuentes y ocurren, con menor o mayor gravedad, en todos los establecimientos educativos.

La violencia siempre existió en la escuela, pero nunca, tal vez, de esta manera generalizada, en la que víctimas y victimarios se confunden. Ignorarla no es el camino, pero tampoco reprimirla con más violencia. El remedio es el diálogo franco, la búsqueda de las causas –de las profundas y de las que emergen a la superficie como detonante último-. Y el diálogo debe ser institucional, es decir, orgánico, organizado bajo ciertas reglas, y abarcativo, incluyendo a estudiantes, docentes, no docentes, directivos, padres y especialistas capaces de realizar un abordaje profesional y llegar a síntesis que funcionen como puntos de partida a procesos que, sin ignorar las diferencias y los conflictos de intereses, permitan resolverlos de una manera virtuosa y constructiva.

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indagatoria. se realizó ayer a la mañana en fiscalía penal.

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