martes 17 de febrero de 2026
Advierten sobre el uso excesivo de pantallas en infancias

"El problema no son las pantallas, sino la soledad de los niños"

La licenciada en Psicología Florencia Quiroga alertó sobre el temor de los padres a poner límites por miedo a perder el amor de sus hijos. Reivindicó la escucha como una herramienta fundamental.

La licenciada Florencia Quiroga, psicóloga con dos décadas de experiencia en el Hospital de Niños y en consultorio privado con niños, adolescentes y adultos, ofreció una mirada crítica y reflexiva acerca del lugar que ocupan los más chicos en la sociedad contemporánea. La profesional, planteó la necesidad de detenerse a pensar qué está pasando con los vínculos entre adultos y niños en una época marcada por la velocidad y la transformación permanente.

Desde un primer momento, Quiroga advirtió que la infancia no es un concepto estático, sino que se construye en relación con el contexto. "El niño es un efecto", explicó, y agregó que su mirada está orientada por una práctica clínica que considera a los consultorios como "pequeños laboratorios de investigación" de los cuales se extraen aprendizajes sobre la época.

Uno de los fenómenos que más preocupa a la psicóloga es la creciente soledad en la que transcurren las infancias actuales. "Lo que tenemos hoy es niños solos, mucha soledad", afirmó. Y aclaró que no se trata de una soledad física, sino de una ausencia simbólica del adulto. Según explicó, en otras épocas las figuras parentales, docentes o religiosas encarnaban un saber y un límite que operaban como referencia para los niños.

Hoy, en cambio, ese lugar ha sido ocupado por la tecnología. "Eso hoy está en la pantalla, en una pantalla plana, sin cuerpo y sin pausa", señaló. Respecto al rol de los dispositivos electrónicos en la vida cotidiana de los niños, la licenciada Quiroga fue contundente al diferenciar el problema de la herramienta. "El problema no es la pantalla, sino la pantalla sola, cómo se incluye la pantalla", enfatizó. Para la especialista, la clave no está en prohibir, sino en que el adulto acompañe, pregunte, ponga un horizonte y también un límite. La apoyatura y el acompañamiento del otro como soporte.

El rol paterno

La licenciada también advirtió que actualmente muchos adultos han dejado de ocupar su lugar por temor a perder el afecto de sus hijos. "Se escucha y se repite que el adulto no quiere perder el amor del niño, entonces, ¿cómo le voy a decir que no?", expuso. Esta inversión de roles, explicó, deja al niño sin referencia. "En ese punto, por supuesto que es muy difícil ejercer la paternidad. Porque no solo es difícil ejercer la paternidad, sino que ese niño queda solo", sostuvo.

Diagnósticos apresurados

Quiroga también se refirió al modo en que ciertas conductas infantiles son rápidamente etiquetadas como patológicas. Alertó sobre el riesgo de los diagnósticos apresurados que terminan obstruyendo la posibilidad de cambio. "Me parece que la época tiende a la sobre diagnosticación porque hay nominación para todo hoy, pero las nominaciones cristalizan y no permiten la transformación y el movimiento", afirmó. En ese marco, consideró fundamental detenerse a escuchar antes de derivar o medicar.

Por último, la a psicóloga insistió en la importancia de no romantizar el pasado, sino de leer los signos de la época para intervenir de manera adecuada. Y destacó que, incluso en contextos complejos, la escucha puede generar cambios significativos. "Uno comprueba que cuando el niño, el adolescente tiene la posibilidad de ser escuchado en lo que le está pasando, las puertas se abren", concluyó.

Intensa estimulación

Un equipo de investigadores de la Agencia para la Ciencia, la Tecnología y la Investigación (A’STAR) de Singapur relacionó la exposición de niños a pantallas antes de los dos años con una toma de decisiones más lenta y con mayores niveles de ansiedad durante la adolescencia.

El estudio, publicado en la revista “eBioMedicine”, señala que los niños que pasaron más tiempo frente a pantallas durante la infancia presentan una maduración acelerada de las redes cerebrales encargadas del procesamiento visual y del control cognitivo. Este fenómeno podría estar vinculado a la intensa estimulación sensorial que proporcionan las pantallas.

Los autores subrayan que el tiempo de pantalla medido a los tres y cuatro años no produjo los mismos efectos. Esto refuerza la idea de que la primera infancia es un periodo especialmente sensible para el desarrollo cerebral.

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