Rodrigo L. Ovejero
Rodrigo L. Ovejero
A lo largo de su vida Diana Ross acertó infinidad de notas. Desde sus primeras canciones grabadas como miembro de The Supremes a principios de la década del sesenta, su carrera musical consistió en un acierto tras otro. Pero a la hora de patear penales en mundiales sus números son todo lo contrario. Concretamente, pateó uno y lo erró. Fue en el año 1994, durante la ceremonia de apertura del mundial celebrado en EEUU, que terminaría conquistando Brasil. Diana era el número musical principal, y su actuación incluía un momento en el que, en medio de una canción, pateaba un penal y el arco se partía como consecuencia del gol.
Diana lo tiró a colocar y eso la traicionó. No confió en la complicidad del arquero, cuya presencia era tan solo un ornamento y eligió pegarle bien esquinado. Impactó el balón con un puntazo medio pifiado –poco ortodoxo- que se fue por el costado por un par de metros. No era lo más probable errar ese tiro, pero a Diana le jugó en contra la presión y erró, era su debut en mundiales y estaba nerviosa. Tampoco ayudó el calzado, se negó a usar botines, tal vez en nombre de la elegancia y la femineidad. Imposible saber las razones a ciencia cierta, pero el caso es que lo erró.
Hubo un instante de dudas, el desconcierto estaba en el aire, evidentemente el operador del interruptor que partía el arco tenía la instrucción de activarlo cuando Diana hiciera el gol, pero no tenía instrucciones para el yerro. Luego de un momento de incertidumbre que pareció durar una eternidad, el arco estalló de todos modos, porque el show debía continuar. Diana retomó su carrera por el campo de juego y –con la solvencia de su vasta experiencia sobre el escenario- atravesó el arco caído con el lenguaje corporal triunfal de alguien que acaba de hacer el gol. Pero dentro suyo algo, al igual que el arco, se había quebrado.
Treinta y seis años después, el mundial volvió a EEUU. Con más de ochenta años, el presente futbolístico de Diana Ross no era el de sus años dorados - en los que tampoco era una jugadora destacada, a decir verdad - y Mauricio Pochettino, el técnico de la selección estadounidense, antepuso el presente a los pergaminos y eligió otras opciones para el ataque de su equipo. Una convocatoria al mundial 2032 no parece lo más probable, a menos que Diana protagonice un milagro médico sin precedentes y adquiera, de alguna manera, juventud y habilidad futbolística. Y así se escribe otra triste página de esta existencia. Mientras escribo esta columna, Diana observa el triunfo de su selección con el regusto amargo de no haber estado ahí y la perspectiva sombría de que no volverá a patear un penal en un mundial. Porque a veces la vida, como el fútbol, no da revancha.