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Cara y Cruz

El partido del Conurbano

2 de febrero de 2022 - 01:10

La renuncia de Máximo Kirchner a la conducción del bloque del Frente de Todos en la Cámara de Diputados suma en general incertidumbre al de por sí inquietante panorama nacional, pero tiene la virtud aclaratoria de apresurar la divisoria de aguas en el oficialismo y definir los bandos.

La deserción del jefe de La Cámpora, delfín de su madre, la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, marca la elección de un rumbo, una clientela y un territorio para el ultrakirchnerismo: la radicalización ideológica, el núcleo duro de seguidores y la Tercera Circunscripción Electoral del Conurbano bonaerense.

En su carta de renuncia, Máximo reunió contra el principio de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional los argumentos que el sector que lidera su madre venía desplegando con mayor visibilidad ya desde la derrota en el medio término.

En el extremo, la agrupación “Soberanxs” acaudillada por el exministro de Economía Amado Boudou, el exvicegobernador de Buenos Aires Gabriel Mariotto y la exembajadora Alicia Castro, muy críticos de la gestión del ministro Martín Guzmán, para la cual el presidente Alberto Fernández debía renunciar a cualquier tratativa y denunciar por ilegal el préstamo concedido a la administración Macri ante los tribunales internacionales.

En vísperas del anuncio del principio de acuerdo, la propia Cristina se despachó en Guatemala con una conferencia durísima contra el sistema financiero, al que acusó hasta promover el narcotráfico.

Máximo perfeccionó el boicot.

“Esta decisión –explicó al tirar la bomba- nace de no compartir la estrategia utilizada y mucho menos los resultados obtenidos en la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI), llevada adelante exclusivamente por el gabinete económico y el grupo negociador que responde y cuenta con la absoluta confianza del Presidente de la Nación, a quien nunca dejé de decirle mi visión para no llegar a este resultado".

El diputado se abstuvo de sugerir alternativas a lo acordado. Se limitó a reincidir en las objeciones al demoníaco FMI y marcar lo que a su criterio es una claudicación del presidente Alberto Fernández y Guzmán.

“Algunos se preguntarán qué opción ofrezco. En principio, llamar a las cosas por su nombre: no hablar de una dura negociación cuando no lo fue, y mucho menos hablar de ‘beneficios’. La realidad es dura. Vi al presidente Kirchner quemar su vida en este tipo de situaciones", consignó.

El ultrakirchnerismo prioriza su narrativa de pureza ideológica a las gravísimas consecuencias que hubiera acarreado el default para el país y se atrinchera en el Conurbano a cuidar la quinta.

Del otro lado, el peronismo del interior, cuyos gobernadores y referentes dieron invariablemente el respaldo a Fernández ante cada arremetida ultrakirchnerista, no para romper, sino para equilibrar la balanza de poder del oficialismo.

El acuerdo en ciernes con el FMI debe atravesar el Congreso. El presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, confirmó ayer que así será, mientras el bando ultrakirchnerista comenzaba a contar brazos. Leopoldo Moreau anticipó que tratarán de modificarlo.

El margen para las ambigüedades será cada vez más estrecho. Es un beneficio del portazo de Máximo, que en definitiva blanquea una situación de hecho.

La gravísima crisis que atraviesa el país y los nubarrones que se ciernen en el futuro requieren edificar un esquema de poder claro y consistente para resistir los embates del supuesto “fuego amigo”. El interior ha dado ya suficientes muestras de que está dispuesto a contribuir para que la política deje de pasar por el ombligo del partido del Conurbano.n

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