miércoles 5 de enero de 2022

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Editorial

El desafío de los próximos dos años

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3 de enero de 2022 - 01:00

Uno de los más grandes desafíos del gobierno argentino para los dos años que quedan de mandato es el combate a la pobreza y la indigencia, que vienen incrementándose de manera sostenida desde 2017. Tal vez, podría arriesgarse, se trate de un desafío pospandemia, si es que, como todo el mundo anhela, en los próximos meses el Covid-19 se convierte en endemia, es decir, en una enfermedad con mucha más baja letalidad, estacional como la gripe común y con la que el mundo deberá aprender a convivir.

No habrá de aquí en adelante más lugar para argumentos que le han servido a la gestión de Alberto Fernández para explicar los actuales niveles de pobreza: la herencia macrista y los efectos de la pandemia sobre la economía.

Es cierto que durante el gobierno de Cambiemos la pobreza subió –según los datos del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA- del 28 al 40 por ciento, pero también lo es que en 2020 la pobreza siguió incrementándose hasta el 42 por ciento y en el primer semestre de 2021 se estabilizó en torno al 41 por ciento.

En el año que acaba de terminar la economía argentina creció más del 10 por ciento respecto del primer año de la pandemia, pero según concuerdan analistas del INDEC y de la propia Universidad Católica Argentina, el impacto virtuoso de ese crecimiento ha sido muy moderado en materia social. De acuerdo con las estimaciones previas, que se confirmarán seguramente cuando a fines de marzo de este año se den a conocer los índices de pobreza del segundo semestre, de cada diez personas que cayeron en la pobreza durante la pandemia solo dos lograron salir de esa situación en 2021.

El dato es de relevancia, porque, a diferencia de lo que sucedía en otras crisis, como la del fin de la Convertibilidad, en 2001, en estos meses se han generado numerosos puestos de trabajo, llegando a casi los mismos niveles de la prepandemia. De hecho, el desempleo, luego de superar apenas el 10% a comienzos de año, bajó en la última medición al 8,2 por ciento. De modo que acceder a un empleo, sobre todo si es informal o “en negro” no garantiza salir de la pobreza, esto debido a la pérdida del poder adquisitivo de los salarios que se verifica en el último lustro.

Disminuir los niveles de pobreza de la población implica mejorar los ingresos de los sectores asalariados en general y particularmente de los sectores informales. Pero la estrategia de “ponerle dinero en el bolsillo a los trabajadores” deberá contemplar, para que sea sustentable, una reactivación económica basada en un incremento de los niveles de inversión en el sector productivo y de servicios. Y para que eso suceda el Estado debe generar las condiciones para que sean rentables. No basta con imprimir billetes para engrosar artificialmente los ingresos de algunos sectores, pero tampoco un Estado ausente que espere que las inversiones lleguen milagrosamente en forma de lluvia, porque con esa fórmula, se ha comprobado, lo que se favorece no es la producción sino la especulación.n

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