lunes 30 de marzo de 2026
El Mirador Político

El costo de la mala praxis

Las grotescas y estruendosas circunstancias que rodean el tratamiento de la Ley Ómnibus hacen olvidar por momentos un detalle crucial: con las salvedades impuestas por las suspensiones judiciales en el campo laboral, el mega DNU 70 “Bases para la reconstrucción de la economía argentina”, que deroga o modifica más de 300 leyes, está vigente. La comisión Bicameral Permanente que debe expedirse sobre estos instrumentos no se ha constituido y el kirchnerismo no puede reunir las mayorías necesarias para rechazarlo sin dictamen.

Fábula del trampeador trampeado. Fue la senadora Cristina Fernández de Kirchner, a instancias de su esposo, el presidente Néstor, quien hizo sancionar la ley que establece que los DNU tienen vigencia mientras no sean rechazados por las dos cámaras que componen el Congreso.

El DNU 70 declara una “emergencia pública” amplísima: económica, financiera, fiscal, administrativa, previsional, tarifaria, sanitaria y social, hasta el 31 de diciembre de 2025. El mismo alcance tienen en la Ley Ómnibus las “delegaciones legislativas al Poder Ejecutivo” para resolver la: “económica, financiera, fiscal, social, previsional, de seguridad, defensa, tarifaria, energética, sanitaria y social”.

Quiere decir que, aun sin el capítulo fiscal, la Ley Ómnibus otorgaría prerrogativas plenipotenciarias a Milei en una emergencia consentida tácitamente por el Parlamento.

El Presidente no podrá sacarla como pretende, pero dispone para ejecutar el ajuste y tratar de obtener el sacralizado “déficit 0” de los DNU que sus objetores no pueden, hasta ahora, anularle.

Actitud insólita

Los DNU marcan una hoja de ruta alternativa, pero conviene a los exaltados ideólogos libertarios tomar nota de lo ocurrido a raíz de la desastrosa gestión política de la Ley Ómnibus. Como para que el decretado año de “defensa de la vida, la libertad y la propiedad” no evolucione del ridículo parcial al absoluto.

Sacrificando la médula del desmesurado pergeño, las tropas libertarias intentan abrir una hendija por la cual hacerlo pasar en Diputados para moderar el impacto del desastre. Será, si lo consiguen, el triunfo de lo accesorio, pero más significativo que las mutilaciones admitidas para lograrlo es que Milei haya erosionado los puentes que sus delegados habían comenzado a tender y afianzar en el transcurso de las negociaciones con el conglomerado de la oposición dialoguista, compuesto por una variopinta fauna de legisladores de distintas fuerzas y los gobernadores de Juntos por el Cambio sumados al cordobés Martín Llaryora.

En su delirio ideológico, rayano con la enajenación, el Presidente agrede a quienes están dispuestos a procurarle el sustento institucional del que carece. Es una actitud insólita, porque los déficits políticos que debía saldar para darse condiciones de gobernabilidad mínimas eran ya evidentes desde su triunfo en las primarias de agosto: representación parlamentaria menesterosa, oposición hiperfragmentada, inserción territorial nula fuera del área metropolitana.

Salvo que se le concedan como activos los elogios de Elon Musk, no ha avanzado un ápice en ninguno de esos vectores y, por el contrario, alienta una lógica de chantajista que enfila a sus adversarios.

Pelea de marquesina

El apuro por disputarle marquesina al paro de la CGT y los movimientos sociales llevó a los libertarios a precipitar los tiempos en Diputados para sacar un dictamen de mayoría de la Ley Ómnibus con 55 firmas, de las cuales 35 –el 62%- fueron en disidencia.

La fragilidad de este singular respaldo se hizo más ostensible con los cambios que se le introdujeron o pretendieron introducírsele al despacho después de hacerlo suscribir, ardid o tentativa que condujo los incidentes a la Justicia con denuncias de adulteración. Un escándalo que no es mayor solo porque la opinión pública ha naturalizado los zafarranchos como ingrediente ineludible del acontecer político criollo.

Así parido, el dictamen fue una victoria pírrica, dudosa, meramente escenográfica, facilitada porque la contraparte fue acaudillada por el patibulario jefe de los camioneros Pablo Moyano, los devaluados gordos cegetistas y sus comparsas. La caída de las disposiciones fiscales acabó de perfilar el carácter inocuo del arrebato.

Dialoguistas en alza

Los grandes ganadores del sainete fueron los miembros de la oposición dialoguista.

Por empezar, la accidentada saga de la Ley Ómnibus les permitió verificar el amateurismo de unos libertarios desautorizados por el especialista en comunicación virtual Santiago Caputo, sobrino del ministro “Toto”, dilecto protegido de los hermanos Milei y “estratega estrella”.

Si tales la estrella, cómo serán los aerolitos. Al entrar en la rosca con rol tan destacado, Caputo sobrino habrá supuesto que era el zorro en el gallinero, cuando en realidad era gallina en la zorrería. A partir de su intervención, el desbroce de la Ley Ómnibus se aceleró y el precio político de los dialoguistas, tamaños tahúres, adquirió ritmo inflacionario. A tasa oficial, no “blue”, empujada por su capacidad de daño.

El poder de veto del Congreso resulta, como ya se ha dicho, insuficiente para invalidar los DNU del Poder Ejecutivo, pero solo por el momento. Los dialoguistas sometidos a destrato sistemático tienen la llave para revertir esta impotencia coyuntural. Si pactan con parte del peronismo, pueden formar las mayorías necesarias en ambas cámaras para anular los DNU y terminar de esterilizar la revolución libertaria.

En tan estrecha cornisa se colocó el Presidente con sus desvaríos mesiánicos.

Convergencia

Al tiempo que corroboraba las limitaciones de los operadores libertarios, el interbloque dialoguista encontró el denominador común para ganar consistencia en la defensa de los intereses de las provincias, a cuyas exportaciones Milei quiere aumentarles las retenciones mientras les sablea el presupuesto.

Tal vez obnubilada por la furia, la característica perspicacia del líder no advirtió esta peligrosa convergencia.

En la reunión de gabinete posterior al escándalo del dictamen de mayoría trucho, que obligó a postergar la sesión en que iba a tratárselo, amenazó con dejar “sin un peso” y “fundir” a los mandatarios insumisos. El dislate se filtró y Milei despidió al ministro de Infraestructura Guillermo Ferraro por indiscreto. Pero no desmintió el contenido de la infidencia, que sintonizaba, en formato histérico, con un tuit anterior del ministro de Economía Luis “Toto” Caputo: “Mantuve una reunión con el secretario de Hacienda y la subsecretaria de Provincias para delinear todas las partidas provinciales que se recortarán inmediatamente si alguno de los artículos económicos es rechazado. No es una amenaza, es la confirmación que vamos a cumplir con el mandato que nos han dado la mayoría de los argentinos de equilibrar las cuentas fiscales para terminar con décadas de inflación y flagelo económico”.

Es probable que alguien les haya hecho notar a Milei, su hermana Karina y Caputo sobrino lo inconveniente de seguir fabricándose enemigos. Tal vez por eso Caputo tío, el Messi de las finanzas, depuso el tono beligerante para anunciar el desistimiento del paquete fiscal, aclarando incluso que comparte aflicciones con los gobernadores a los que horas antes quería comerse crudos.

Cuánta ternura. Sin embargo, también retira el Gobierno el proyecto para que vuelvan a pagar Ganancias los que dejaron de hacerlo por obra y gracia de las estrategias proselitistas de Sergio Massa. El régimen seguirá como está, agujero en la coparticipación incluido. Para reponer el tributo y reempinar sus deteriorados ingresos, los gobernadores tendrán que promover el debate parlamentario, conseguir los votos y erogar el costo. Los libertarios podrían acceder a una módica revancha, oponiéndose.

Los dialoguistas se relamen ante la oportunidad que les abre la escena.

Si la Casa Rosada continúa ensimismada en su vocación despótica, tienen a mano un naipe delicioso: compensar las pérdidas de las provincias por los cambios en Ganancias aprobando la coparticipación de los impuestos al Cheque y PAIS. O sea: desfondar a la Nación libertaria para fondear a los gobernadores.

Son los problemas de aplicar reglas y criterios del “cosplay” en un partido de truco. La oposición tiene primera en casa y confirmó que Milei acostumbra echar la falta envido aunque tenga tres cuatro. No vaya a ser que duerma afuera de puro jetón.

Mientras se consume la mecha de la paciencia social, el Presidente empieza a descubrir los costos de la mala praxis.

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