domingo 21 de julio de 2024
Cara y Cruz

Efectividades conducentes

El presidente Javier Milei mantendrá el próximo martes una reunión con los gobernadores en la que buscará respaldo para la primera etapa de su programa en el Congreso.

Los alardes rupturistas que le sirvieron al libertario para acceder a la Casa Rosada abren paso a un pragmatismo del que pretende permanecer incontaminado por medio de una nítida división de tareas: él profetiza la ortodoxia libertaria, sus funcionarios se embadurnan con la heterodoxia de las efectividades conducentes.

El Presidente es la mística, sus funcionarios la práctica. Como Alfonsín y el “Coti” Nosiglia, Menem y Bauzá o Corach, Kirchner y Alberto Fernández, Cristina y Amado Boudou, Axel Kicillof o el mismo Sergio Massa durante un tiempo: para novedad, nada mejor que lo clásico.

El ministro de Economía Luis “Toto” Caputo y su par de Interior, Guillermo Francos, son las piezas del gabinete más expuestas en este tradicional diseño.

El catastrófico diagnóstico que Milei trazó en su discurso de asunción y los durísimos anuncios de Caputo fueron sucedidos por una rápida reorientación de los mandatarios provinciales hacia el norte de la austeridad y la prudencia administrativa.

Vertiginosa adaptación, que marca la urgencia de los tiempos políticos. La gestión cumplirá mañana apenas una semana.

Esta coincidencia conceptual con los gobernadores en la necesidad de ajustarse el cinto será el común denominador del encuentro que tendrán con el Presidente.

Alrededor de ella se desplegarán eventualmente las divergencias, que se condensan en un nervio, o víscera, en términos de Perón: el bolsillo.

Las gestiones de Francos para que los caciques provinciales inicien la conversión al credo de la restricción del gasto no alcanzaron para evitar que instiguen la presentación de un proyecto de ley en el Senado tendiente a coparticipar la mitad del impuesto al Cheque.

La iniciativa busca compensar el desplome de la coparticipación debido la caída de la recaudación del impuesto a las Ganancias, cuya escala se reformó a instancias de Massa con la anuencia de los gobernadores peronistas y el propio Milei, que votó a favor de la reforma junto a la vicepresidenta Victoria Villarruel en su calidad de diputados nacionales.

El frente de los mandatarios en este aspecto es monolítico, al margen de las filiaciones partidarias. Ninguno quiere atravesar el purgatorio del ajuste con fondos de asignación automática mochos y en proceso de licuación inflacionaria.

Esto le da a ambas partes una carta de negociación poderosa.

Para los gobernadores, incuba la posibilidad de que el Estado nacional afloje la rigurosidad con las provincias.

La motosierra libertaria incluye reducción de los giros discrecionales del Tesoro Nacional a lo indispensable, la suspensión de la inversión en obras públicas y la anulación de las licitaciones de las que todavía no comenzaron a ejecutarse.

Para Milei, el potencial es mayor: por fin tendrá en frente interlocutores en condiciones de arrastrar un número significativo de voluntades en la fragmentada escena parlamentaria.

Necesidades concurrentes: los gobernadores necesitan robustecer sus arcas para ganar margen de maniobra ante sus electorados; Milei requiere traducir su fortaleza electoral en consistencia institucional lo más rápido posible, a contrarreloj de los aprestos contra su programa de shock.

La necesidad, se sabe, tiene cara de hereje.

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