lunes 23 de enero de 2023

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Cara y Cruz

De proscriptora a proscrita

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Luis Barrionuevo arguyó en 2003 que el FCS y la Justicia catamarqueña lo proscribían como candidato a gobernador del PJ para justificar el boicot a las elecciones provinciales del 2 de marzo, finalmente suspendidas por el entonces gobernador Oscar Castillo entre la humareda de las urnas incineradas.

Dos décadas después, la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner explica que no se postulará a ningún cargo porque la proscribe el “lawfare” que orquestan el poder fáctico, la Justicia y el sistema mediático. “No hay renunciamiento ni autoexclusión, hay proscripción”, dijo en su última aparición, en Avellaneda.

Irónica identidad de argumentos: Cristina acaudilló en 2003 la arremetida para echar a Barrionuevo del Senado nacional por atentar contra la democracia con la quema de urnas e incluso se llegó a Catamarca invitada por el vicegobernador Hernán Colombo para recibir los insultos y huevazos del barrionuevismo enardecido.

La historia terminó mal para el gastronómico. Néstor Kirchner asumió la Presidencia el 25 de mayo, tras la renuncia de Carlos Menem a disputar el balotaje y la Suprema Corte de Justicia en la que cifraba sus expectativas de ser habilitado le dio la espalda poco después. Con la colaboración del kirchnerismo, el FCS ganó la pulseada y lo sacó de la cancha por no cumplir con el requisito de la residencia.

De modo que la proscrita Cristina de ahora respaldó la proscripción de Barrionuevo otrora. Vueltas de la vida y de la política, pero corresponde consignar algunas diferencias entre las situaciones de ambos proscritos.

Barrionuevo no pudo ser candidato en 2003 por un fallo de la Justicia Electoral favorable a la impugnación que había presentado en su contra el Partido de Unidad Catamarqueña que orientaba Pedro Rodolfo Casas, ministro de Gobierno de Castillo. Esa sentencia sorteó todas las apelaciones interpuestas por el Justicialismo, incluida la Suprema Corte.

Nada impide, en cambio, que Cristina compita en las elecciones del año que viene, por el cargo que se le antoje.

La condena a seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos que le impuso por corrupción el Tribunal Oral Federal 2 recién tendrá efecto cuando esté firme, punto para llegar al cual todavía debe atravesar las vías recursivas de casación y la Corte. Es imposible que estos trámites se cumplan antes de las elecciones.

Cuando anunció que no sería candidata, el mismo día de la sentencia, la propia Cristina dijo que su decisión obedecía a que no quería someter al peronismo al vilipendio de tener una candidata condenada por la Justicia, no al fallo. Enfatizó el fragmento con ademanes de lo más histriónicos, imitando las hipotéticas burlas de sus antagonistas.

Recién en Avellaneda, hace un par de días, retomó la línea conceptual de la proscripción. Que según dice no es contra ella, sino contra el peronismo.

Lo mismo sostenía Barrionuevo en 2003 cuando le sugerían bajarse de la candidatura y designar un delegado. Algunos candidatos hasta especulaban con presentarse sin candidato a Gobernador. Todavía se recuerda la tonante advertencia del gastronómico: “¡Nadie saca los pies del plato!”.

Todo el peronismo catamarqueño acató su estrategia y consiguió voltear la elección que el FCS al comando de Castillo había decidido llevar adelante a pesar de que no había candidatos de la principal oposición.

¿Está en condiciones Cristina de hacer algo similar? Barrionuevo podría asesorarla.

Al kirchnerismo le gusta comparar su derrotero con el de la resistencia peronista después de la Libertadora del ’55, pero prefieren olvidar al compañero gastronómico. Memoria selectiva, pero comprensible: en 2003 su jefa estuvo del lado de los que le impidieron al peronismo catamarqueño recuperar el Gobierno que había perdido en 1991. Casi podría decirse, salvando las distancias, que jugó para la Unión Democrática.

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