Hasta ahora los esfuerzos realizados por los dirigentes políticos en el incipiente proceso electoral han estado inmersos en la fase agonal de la política, orientados a discutir los espacios de poder interno. De ahora en más, a medida que avance el proceso, las fuerzas políticas deberían prestarle mayor atención a la fase arquitectónica.
La distinción entre la fase agonal y la arquitectónica tiene ya una larga tradición en la sociología y la ciencia política. En términos simplificados, la primera se refiere a la lucha por acceder al poder y luego conservarlo. La fase arquitectónica alude al diseño y ejecución de los planes de gobierno, la construcción e implementación de las políticas públicas.
Si bien al ciudadano le interesa más la segunda fase, en tanto puede mejorar o empeorar su calidad de vida, la fase agonal también es necesaria para establecer la correlación de fuerzas, tanto a nivel interno de los partidos políticos como en el plano de la competencia con otros. El problema es cuando se extiende más de la cuenta, o cuando condiciona la propia implementación de los planes de gobierno.
Las PASO primero, y luego los comicios generales, terminarán de definir los espacios de poder. Pero para que el ciudadano pueda emitir su opinión es necesario que, además de votar al candidato que “le cae mejor”, sepa qué programa de gobierno está avalando con su sufragio.
En los primeros años luego de la recuperación democrática, las plataformas electorales, un conjunto sistemático de propuestas de políticas públicas ordenadas por temas, eran prácticamente una condición indispensable para aspirar a ser elegidos por la ciudadanía. La costumbre se ha ido perdiendo, o en todo caso el conjunto de propuestas se ha reducido drásticamente, perdiendo especificidad y profundidad. Donde había proyectos hay ahora eslóganes, enunciados aislados, frases surgidas de especialistas en marketing político. Y muchas veces ideas generales basadas más en los defectos del adversario que en los méritos propios.
Tanto a nivel provincial como nacional hay numerosos temas que esperan un abordaje responsable de los actuales y futuros gobernantes. De modo que bien harían los equipos técnicos de los partidos, si es que realmente están bien conformados, en elaborar propuestas concretas respecto de las políticas vinculadas a la economía, la realidad social, la seguridad, la inclusión, el respeto por los derechos humanos…
Como ya se ha señalado en esta misma columna, a mayor precisión en la formulación de las propuestas, menor el margen de arbitrariedad de los gobernantes para justificar desviaciones entre lo prometido y los hechos. La ciudadanía tiene el derecho de elegir según sus convicciones, pero también la obligación de exigir coherencia a sus representantes y demandar una correspondencia entre lo que se plantea como candidato y lo que efectivamente realiza como gobernante.