ver más
Editorial

De discriminado a discriminador

17 de julio de 2023 - 01:10

Franco Rinaldi era, hasta hace poco menos de un mes, un dirigente cuya existencia era conocida por muy pocos en al ámbito de la política. Su precandidatura en primer término de una de las listas de Juntos por el Cambio en la categoría legisladores de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires le otorgó cierta popularidad, pero fueron una serie de hechos graves de discriminación y violencia discursiva política la que le concedió mayor fama a nivel nacional.

Lo curioso es que, en esos graves casos de discriminación, Rinaldi fue al principio víctima, pero luego se convirtió en victimario. La secuencia es así: hace menos de un mes, Lucas Luna, entonces precandidato al Parlasur por La Libertad Avanza, la fuerza que tiene a Javier Milei como su principal referente, señaló, refiriéndose a Rinaldi, que nadie votaría jamás a un discapacitado”. Rinaldi tiene movilidad reducida y se desplaza en silla de ruedas. Por cierto, semejante acto de discriminación forzó, luego de críticas masivas y por cierto bien fundamentadas, la renuncia de Luna a su postulación.

Pero pronto el discriminado se convirtió en discriminador, o en realidad lo era de antes, solo que sus exabruptos antiguos no tenían demasiada trascendencia pública. En los últimos días se conocieron videos en los que se puede advertir a Rinaldi fustigando a un reconocido periodista por sus presuntas preferencias sexuales con frases de una grosería inimaginable para un dirigente político. También, poniendo en evidencia su aporofobia –odio a los pobres- con frases como “o los matamos a los morochos o dejamos que hagan lo que quieran”. Segundos más tarde redobla la apuesta: cuando uno de los participantes del vivo que estaba realizando le pregunta “¿qué hago con la Villa 31?”, Rinaldi responde: “lanzallamas”.

En esta misma columna se ha reflexionado sobre las responsabilidades adicionales a las del ciudadano común que tienen los dirigentes políticos, más aún cuando, en ese carácter, se postulan a alguna candidatura. El comportamiento público de estos dirigentes tiene que ser congruente con sus aspiraciones de ejercer la representación popular. Y los mensajes o discursos que emite deben ser, por sobre todas las cosas, respetuosos de la buena convivencia democrática y, de más está decirlo, de los derechos de todos.

La reflexión se formuló cuando fue Rinaldi el discriminado. Y se advirtió entonces que hay límites que no se pueden cruzar. Luna lo cruzó al discriminar a Rinaldi, y éste, al manifestar su animadversión contra los pobres y su homofobia, hizo lo mismo. La buena noticia es que este tipo de actitudes no pasan inadvertidas y no son toleradas. La misma suerte que corrió Luna la corrió luego Rinaldi, que debió renunciar a su precandidatura por la presión política de rivales y dirigentes de su propio espacio.

El rechazo casi unánime a este tipo de discursos son buenos indicios: la democracia se construye sobre la base del respeto por las diferencias en torno al pensamiento político de los demás, pero también con la tolerancia y la empatía como valores que no pueden negociarse.

Temas
Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar