viernes 23 de enero de 2026
Editorial

Brecha educativa, brecha social

Un informe recientemente publicado por Edulab confirma -en sintonía con otros estudios previos- que el 32% de los adolescentes argentinos no alcanza, al finalizar la escuela secundaria, las habilidades básicas de comprensión lectora. Se trata de un umbral mínimo, elemental, sin el cual resulta imposible ejercer plenamente la ciudadanía, acceder a empleos de calidad o continuar trayectorias educativas posteriores.

La investigación toma como muestra a adolescentes de 16 y 17 años e incluye tanto a quienes abandonaron la escuela como a aquellos que continúan asistiendo -y, en muchos casos, egresan- sin haber aprendido lo indispensable. De modo que el sistema educativo argentino no fracasa solamente cuando expulsa estudiantes, sino también cuando los retiene sin garantizar aprendizajes.

El informe de Edulab acierta, además, al colocar la desigualdad social en el centro del análisis, respaldando esa afirmación con evidencia empírica precisa. Entre los adolescentes provenientes de hogares con menores recursos, la pobreza educativa alcanza al 60,5%. En el extremo opuesto, entre quienes pertenecen a familias de mayores ingresos, el porcentaje se reduce al 25,8%. La brecha es demasiado amplia como para ser atribuida a factores individuales o escolares aislados.

Ninguna política educativa logrará resultados sostenidos si no se articula con estrategias más amplias orientadas a reducir la desigualdad social. Ninguna política educativa logrará resultados sostenidos si no se articula con estrategias más amplias orientadas a reducir la desigualdad social.

Lejos de limitarse a la descripción del problema, Edulab plantea con claridad que su abordaje exige una estrategia integral. Retener a los estudiantes dentro del sistema es una condición necesaria, pero no suficiente. La permanencia debe ir acompañada de aprendizajes efectivos. En ese sentido, las evaluaciones Aprender Secundaria ya aportan información relevante sobre los núcleos más críticos del atraso. El desafío pendiente es cruzar esos resultados con variables sociales, territoriales y económicas, de modo de diseñar políticas focalizadas, realistas y con capacidad de impacto.

Este escenario se vuelve aún más preocupante si se lo proyecta sobre el contexto actual. El ajuste fiscal impulsado por el gobierno de Javier Milei implica un desfinanciamiento significativo del sistema educativo en un país atravesado por una desigualdad social creciente. La experiencia comparada muestra que, en contextos de mayor polarización económica, la retracción del Estado tiende a profundizar las brechas educativas existentes, no a corregirlas.

Sin embargo, el propio informe concluye que el problema no se reduce exclusivamente a la escasez de recursos. Edulab muestra que provincias con presupuestos educativos similares exhiben desempeños muy disímiles. Esa disparidad evidencia que existe un amplio margen para mejorar la gestión, redefinir prioridades y orientar el gasto hacia políticas con probada eficacia pedagógica.

En consecuencia, resulta imprescindible recomponer de manera sustantiva el presupuesto educativo, asumiendo que la educación no es un gasto prescindible sino una inversión estratégica para el desarrollo social y económico. Al mismo tiempo, es necesario avanzar hacia una gestión más eficiente. De todos modos, ninguna política educativa logrará resultados sostenidos si no se articula con estrategias más amplias orientadas a reducir la desigualdad social, que sigue siendo -como el propio informe lo demuestra- el principal factor explicativo de la brecha educativa en la Argentina.

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