La filípica que Máximo Kirchner pronunció en Parque Lezama lo afianza en su rol como agente de la fractura peronista. Al subordinar todo programa antagónico a Javier Milei a la consigna “Cristina Libre”, el diputado nacional establece una condición con la que pretende que el peronismo resigne su proverbial vocación de poder a un objetivo testimonial, al tiempo que torpedea las posibilidades de cualquier construcción alternativa.
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Agente de la fractura
El reproche disparado a quienes no cumplen con el ritual de visitar a su madre en San José 1111 articuló la pieza oratoria. Para Máximo, el peronismo debe someterse a las directivas del politburó de “La Cámpora” hasta en lo protocolar.
CFK es la única candidata posible. No se descarta que pueda serlo desde la prisión domiciliaria, a través de su primogénito o de alguno de los presentes en el acto que se preste a enmascarar la fábula como Amado Boudou, Guillermo Moreno, Carlos Zannini, Mayra Mendoza o Juan Grabois.
Ese es el peronismo que propone Kirchner hijo, empeñado en demoler chances que no adopten la infalibilidad de su progenitora como artículo de fe, independientemente de cualquier evidencia.
Dijo que no quiere un candidato peronista “por defecto”, pero resulta que lo único indefectible es asistir al besamanos penal de Cristina y allanarse a sus criterios, como si no hubiera tenido ninguna responsabilidad en la situación que atraviesa el movimiento ni hubiera sido la piedra angular de la estrepitosa decepción que fue el gobierno de Alberto Fernández, del que ella fue vicepresidenta.
El discurso de Parque Lezama estuvo plagado de inexactitudes para consumo de fanáticos y amnésicos, pero hay una que merece destacarse. Máximo postuló el rechazo del cristinismo al acuerdo con el FMI aprobado en marzo de 2022 por el 77% del Congreso como testimonio de la heroica gesta del sector que comanda, pero omitió mencionar que fue el punto de partida para las maniobras palaciegas que precipitaron la renuncia del entonces ministro de Economía Martin Guzmán, abrieron paso al empoderamiento interno de Sergio Massa y sepultaron definitivamente la autoridad de Alberto Fernández junto con la credibilidad del país.
El episodio, por el que la Argentina continúa pagando altísimos costos, es ilustrativo como ejemplo de un patrón político que Máximo, altoparlante e instrumento de su madre, vuelve a aplicar: o yo, o nadie.
Disparó sin mencionarlos contra quienes “hablan de hacer la unidad y ni siquiera son capaces de ir a verla a San José”, los “empleados de las mineras y petroleras en el Congreso” y los “exmilitantes devenidos en consultores”.
Todos ellos estarían empeñados en renegar de Cristina. No se le ocurre al diputado nacional que alguien pueda estar interesado en construir alternativas políticas sin necesidad de pronunciarse sobre su madre.
Parque Lezama parece ejercer un particular magnetismo para los ególatras. Fue allí donde Milei ungió a su hermana Karina como presidenta y armadora de La Libertad Avanza.
Al día siguiente del “Banderazo” autorreferencial de Máximo, se informó sobre el encuentro que mantuvieron en Catamarca el gobernador Raúl Jalil y el senador nacional sanjuanino y exgobernador Sergio Uñac, que aspira a ser candidato a Presidente. La reunión se produjo horas después del primer Foro de Economías Regionales, realizado en Santiago del Estero, del que ambos referentes participaron.
Uñac resaltó la necesidad de una agenda federal “orientada a fortalecer el vínculo con las distintas regiones del país, poner en valor la identidad de cada provincia y escuchar de cerca las realidades del interior argentino”. Otro peronismo busca cauce, mientras Máximo Kirchner lo ataca aferrado a los cada vez más difusos derechos de su suerte genética.