no hay que descuidarse

Nigeria es un equipo indescifrable

domingo, 24 de junio de 2018 · 04:00

Como a lo largo de los últimos seis mundiales, otra vez Nigeria se presenta en el camino pero antes devuelve al ring a un boxeador que estaba groggy, flameando ante la menor brisa y al que ya le habían contado hasta ocho en el preludio del nocaut. Los africanos tendieron una mano a los argentinos, plantándolos en el centro del ring para definir cara a cara su destino mundialista.

Nigeria es un equipo indescifrable. Capaz de someterse al rigor físico de los islandeses, como ocurrió en un primer tiempo del encuentro entre ambos, en donde solo la estrella nórdica Gilfy Sigurdsson aportó algo de genio entre tanto músculo, o de entregar un complemento casi perfecto con John Obi Mikel como amo y señor de la mitad de la cancha para circular la bola y mover a placer a todo su equipo. Bien dispuestos para el esfuerzo, atléticos para los desplazamientos e inspirados en ataque, los africanos ganaron un partido clave, festejado por sus hinchas en el estadio, en Bronnitsy donde late el corazón del plantel argentino y en todo un país que con una audiencia de más de treinta puntos de rating, hizo del trabajo de este periodista en su faz televisiva un escenario de prime time en el insólito horario del mediodía de un viernes. Cosas extraordinarias de esas que solo pasan en un mundial.

Era el partido de la fe, o el partido del rezo. O si preferían algunos que por estos días hacen de la carnicería y de la destrucción su modus operandi de ejercer el periodismo, era el partido del morbo. El golpe de gracia que venía a lapidar a un equipo argentino que recibe ayudas externas pero que hasta aquí, poco y nada se ha ayudado a sí mismo. Musa inspirado y goleador, Moses veloz y punzante, el mencionado Mikel con el GPS del partido en su cabeza y el resto aportando lo suyo, consumaron una victoria tan lógica como imprevisible. Es que en el combo nigeriano entra todo. El fútbol atrevido y veloz y la torpeza para regalar un penal que pudo ponerle suspenso al pleito cuando Islandia, entregado y sin plan alternativo para romper su esquema robótico, ya plantaba la bandera blanca de rendición.