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Nazarena Romero espera su oportunidad mundialista

Tras la postergación de su pelea titular, la púgil espera que se concrete el combate para coronarse a nivel mundial.
miércoles, 25 de marzo de 2020 · 01:09

Con el título “Nazarena Romero espera su oportunidad titular”, la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) sacó una nota de la púgil elaborada por Yésica Palmetta.

“A veces por más que se quiera, no se puede. La situación actual que atraviesa el mundo con el coronavirus llevó a que los eventos deportivos sean cancelados. Hasta mediados de semana, estaba en pie la pelea entre las argentinas Nazarena Romero (10-0 con 4 KO) y Julieta Cardozo (12-5 con 1 KO) en disputa por el título interino de la Asociación Mundial de Boxeo de la división Supergallo. Este y otros combates estaban programados para ser realizados en las instalaciones de la Federación Argentina de Box el viernes 20 de marzo, pero ha sido imperioso tomar la responsabilidad de suspender debido al inicio de la cuarentena obligatoria que comienza en la fecha hasta el 31 de marzo en todo el territorio argentino.

Romero, mejor conocida como “La Capricho”, se halla décima segunda en el ranking mundial de la categoría que lidera su compatriota Marcela Acuña y que dentro del podio, en el tercer lugar, está la recientemente coronada campeona mundial de la AMB, la venezolana Mayerlin Rivas.

En 2019 Capricho se colgó, primero la faja sudamericana en abril frente a Marianela Ramírez y en diciembre defendió y sumó el cetro nacional al derrotar de modo contundente en diez rounds a Laura Griffa. Romero aguarda por el sueño dorado de ser campeona del mundo en este nuevo año, aunque sin dudas, ella ya se ha coronado al salir ilesa de las dificultades que le ha tocado enfrentar y volver a empezar una nueva vida a la que se aferró con el alma…

Nazarena comenzó en el boxeo por casualidad: fue como un ángel que apareció para ofrecerle la oportunidad de una nueva vida junto a Julieta y Maia, sus hijas. Nació en la provincia de Catamarca en el seno de una familia de mucha pobreza y violencia.

Parece mentira que una mujer tan joven como ella, en sus 25 abriles, con una sonrisa que ilumina, lleve sobre los hombros una historia que la tuvo hasta el borde de la muerte. Un padre alcohólico que de juerga con los amigos parecía olvidarse de quienes eran las mujeres que habitaban bajo el mismo techo y daba pase libre a los oportunistas bebedores para, entre todos, sobrepasarse con Nazarena y con la hermana.

Escapaba del colegio, de la casa, de todos lados, mientras su mamá salía a buscarla por todos lados. La señal de huida de lo que vivía en el hogar la llevó a estar en la calle y conocer la oscuridad que se presenta para quienes desesperadamente buscan una salida. Eso llevó a que comenzara a drogarse a los 9 años, vivir en pareja a los 12 y a los 15 ser mamá por primera vez. Con el plan de poder encontrar su propio vivir en el mundo, abandonó la tierra que la vio nacer y se estableció en la provincia vecina de Córdoba donde comenzó a trabajar de lo que podía.

En un taller mecánico consiguió empleo y vivienda gratis, pero continuaba perdida. Dormía con la hija en las plazas, estaciones de ómnibus, en cualquier lado. Ahí reaparece la pareja con promesas de cambio que la convencieron para dar el sí y volver con él para recibir a la segunda niña, Maia, hoy de seis años. Pero lo cierto es que el pibe nunca cambió y la seguía tratando como basura hasta el punto de casi matarla con un palo. Esa fue la última vez que le puso una mano encima gracias a todo el apoyo de las personas que conoció a través del boxeo, al que se refiere “boxear es mucho más que pelear como pensaba antes. Es disciplina, es la vida entera”.

Conoció el deporte un día que fue de compras a una ferretería atendida por el dueño, un fanático del boxeo y organizador de veladas. Nazarena vio las fotos que decoraban las paredes y le dijo como por impulso que quería ser boxeadora y así fue como empezó su camino. El apodo que lleva lo adquirió por la terquedad que la caracteriza. Se empecinó en entrenar doble turno y así lo hizo. La Capricho encontró un sueño de vida al que dedicarle todo, encontró algo por lo que valiera la pena vivir. Un ejemplo de superación y de la función social que cumple nuestro noble arte de los puños”. 

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