Brasil, después de 33 años sin ganar en Montevideo, goleó ayer a Uruguay por 4-0, en el estadio Centenario.
El seleccionado de Dunga se impuso con goles de Dani Alves (11 PT), Juan (32 PT), Luis Fabiano (7 ST) y Kaká (29 ST) y complicó la clasificación directa de su rival para la primera Copa del Mundo en el continente africano.
Uruguay, que el miércoles visitará a Venezuela, permanece con 17 unidades en el quinto puesto, que obliga a un repechaje con un equipo de Centroamérica.
Por su parte, los pentacampeones mundiales (24 puntos) recibira el proximo miércoles a Paraguay.
Para ese compromiso, Brasil no podrá contar con el goleador Luis Fabiano, expulsado por el árbitro argentino Saúl Laverni (20 ST), que también le mostró tarjeta roja al defensor uruguayo Maximiliano Pereira, a cinco minutos del final.
La goleada perfiló en la primera parte con dos errores groseros del arquero Sebastián Viera y una tremenda eficacia visitante que contrastó con la errática producción ofensiva del local.
Uruguay generó nueve situaciones de gol en ese período y las dilapidó, algunas, de forma increíble. Por caso, Alvaro Pereira, con el arco a disposición, remató desviado ante un indefenso Julio César en la acción posterior al segundo gol tras un cabezazo de Juan.
La primera sorpresa sucedio a los 11 cuando Dani Alves remató de media distancia sin riesgo aparente y Viera falló en el cálculo para bloquear el disparo.
Lo sucedido en el primer tiempo desmoralizó por completo a los uruguayos, quienes no mostraron reacción en el período siguiente pese al incluir un tercer delantero (Sebastián Abreu) por un volante de contención (Diego Pérez).
Es que a los 7, Brasil le aplicó el golpe de suerte con un remate furibundo de Luis Fabiano, después de una buena jugada de Elano.
El tercer tanto representó el simbólico final de un partido, cuyo resto sirvió para reflejar la desventura uruguaya en una tarde negra para el seleccionado celeste.
Brasil controló el partido con su oficio forjado en tantas otras batallas y concretó un dominio abrumador hasta el pitazo final ante la desesperación, por momentos violenta, de su rival.
Kaká decoró la goleada con el cuarto gol, de penal, a 16 del final, cuando el enmudecido estadio Centenario iniciaba su lenta y amarga desconcentración.