Es difícil que a
esta altura alguien en el norte argentino desconozca de qué se trata el Plan
Belgrano, aunque a cuatro meses de la asunción de la nueva administración
nacional la disposición de incidencia más significativa sobre la economía de la
región haya sido el "tarifazo” energético. No obstante, los voceros de la Casa
Rosada insisten en la difusión del programa cada vez que se aborda la acuciante
coyuntura que acecha a los sectores productivos de provincias como Catamarca,
cuya actividad se tornará insostenible por el impacto de precio de la energía
sobre su estructura de costos fijos.
La ecuación no es
excesivamente compleja. Con las tarifas vigentes hasta febrero, la energía
representaba entre el 25 y el 30% del costo total de producción de los
emprendimientos que requieren riego por bombeo, apenas por debajo de los
salarios; desde marzo, la tarifa casi se triplicará y pasará a ser, por lejos,
el principal costo. Las cuentas no cierran; luego: cerrarán los emprendimientos
que consiguieron sobrevivir, a duras penas, al demoledor efecto de las
políticas cambiarias kirchneristas.
La Casa Rosada ha
levantado, cierto es, el cepo cambiario y ha unificado el tipo de cambio. Pero
el tarifazo configura una desventaja comparativa para las economías regionales
respecto de la pampa húmeda adicional a la que ya es el costo de los fletes.
Tarifas y fletes, corresponde subrayar, son obstáculos engendrados por
decisiones políticas y no por condiciones naturales. De tal modo, ha de
procederse a su desmonte a través de decisiones también políticas.
La urgencia del
problema tarifario ha sido ya planteada a las autoridades pertinentes. La única
respuesta a la fecha está vertebrada en las presuntas y difusas bendiciones que
devendrán del Plan Belgrano, que llegará para revertir, según aseguran, la
histórica y crónica postergación del NOA-NEA. Entiéndase: no con la puesta en
marcha del Plan Belgrano, sino con la promesa de que se pondrá en marcha en
algún momento.
Sospechas
La pertinacia con
que se verbaliza el Plan Belgrano convoca sospechas entre los productores.
Viene a ser como el Paraíso: súfrase en la tierra, que en el Cielo los
sufrientes serán recompensados con creces. Morirse en la Gracia de Dios, claro
está, es requisito previo de cumplimiento obligatorio.
El paso de un par
de funcionarios nacionales por Catamarca y, una semana después, los resultados
de la primera reunión del Consejo Federal de la Producción en Salta, no han
hecho más que profundizar la impresión de que el Plan Belgrano se ofrece como
la zanahoria al burro. Se trata de un incentivo exhibido como señuelo frente al
hocico de productores desesperados, que no están en condiciones de esperar diez
años para que se completen las inversiones de 1.600 millones de dólares
comprometidas para las diez provincias que integran la región (es decir, 160
millones de dólares para cada una, 16 millones de dólares por año), ni cuatro
para que terminen de ingresar los 50 millones de pesos de un también hipotético
Fondo de Reparación Histórica (es decir $12.500 millones por año, 1.250
millones para cada distrito).
En la reunión de
Salta, la representación nacional encabezada por el ministro de Producción,
Francisco Cabrera, no informó sobre la recepción que habrían tenido en el
gabinete nacional los pedidos por medidas tendientes a atenuar el tarifazo que
se habían planteado en Catamarca. Es raro, porque los secretarios de
Integración y Transformación Productiva, Andrés Boeninger y Lucio Castro, que
habían visitado Catamarca con la intención de presentar –cuándo no- el Plan
Belgrano, prometieron trasladar la inquietud de los sectores productivos
locales. La reunión donde esto iba a ocurrir, según aseguraron, iba a ser el
viernes inmediatamente anterior al encuentro de Salta.
De la fraterna
reunión en la tierra de Güemes surgió de todos modos un alentador indicio de la
preocupación porteña por el interior: se volvió a presentar el Plan Belgrano.
Evidentemente, los ministros de Producción de las provincias del NOA-NEA son demasiado
brutos y no alcanzan a comprenderlo. La letra con sangre entra.
Compromisos a
mano
Llama la atención
que no se mencionen con la misma tenacidad empleada en promover el sello "Plan
Belgrano” algunos puntos específicos que figuran en éste y que, si bien carecen
de la espectacularidad de los 16 mil millones de dólares, podrían adelantarse
en su instrumentación para aliviar las de por si sobrecargadas alforjas de la
producción regional.
El Plan Belgrano
contempla "subsidios a las economías regionales” e "incentivos laborales”.
Quizás diseñar un esquema para empezar a concretar estas políticas contribuya a
mermar la ansiedad de los productores agobiados por las boletas de la luz,
quienes, de esta manera, mejorarían su disposición a aguardar el alumbramiento
de las multimillonarias inversiones que lloverán como maná algún día.
En el ámbito
institucional, comienza a destacarse que la amenaza de naufragios productivos
no se incorpore a la agenda de la oposición, que en Catamarca está en sintonía
con el Gobierno nacional.
Cuando se informó
sobre la desazón de los productores locales tras la visita de los secretarios
nacionales Boeninger y Castro, el diputado del PRO-FCS (en ese orden) Carlos
Molina asumió la defensa de la Casa Rosada y se pronunció en favor de la
paciencia. No se puede pretender, dijo, soluciones de un día para otro, y el
tarifazo, añadió, es responsabilidad en gran medida de la Provincia. Se abstuvo
de señalar en qué medida, pero presentó esta semana un proyecto de ley para
conformar un fondo con recursos provinciales destinado a subsidiar en un 10% la
tarifa energética de los emprendimientos productivos.
La viabilidad de
la propuesta es por lo menos dudosa. La EC SAPEM tiene severos problemas para
cubrir sus costos y la Provincia, adelantó la propia gobernadora Lucía
Corpacci, analiza endeudarse para pagar los sueldos.
Ni oficialismo ni
oposición quieren hacerse cargo de las responsabilidades que les competen por
el hecho de que Catamarca no pueda prescindir del auxilio nacional para llevar adelante
políticas de aliento o protección de los sectores productivos.
El oficialismo
conocía perfectamente la vulnerabilidad financiera y económica que aquejaba a
la Provincia ya en 2011, cuando se hizo cargo de las riendas de la
administración. Sin embargo, no avanzó en ninguna política dirigida a revertir
el cuadro y eligió continuar la inercia de sus antecesores.
Lo justo es
justo. La vulnerabilidad señalada, que hoy se manifiesta con toda su crudeza,
fue legada por el Gobierno radical que dilapidó los años de mayor afluencia de
recursos al Estado y la renta minera en la consolidación del esquema económico
centrado en el Estado como proveedor casi excluyente de empleo. Ese gobierno
radical fue encabezado por Eduardo Brizuela del Moral, el candidato a gobernador
al que se colgó la lista de diputados integrada por el PRO Molina.
Lo que urge ahora
es gestionar respuestas ante la Nación para sortear una coyuntura dramática,
que no se resolverá con recursos propagandísticos como los que se implementan
con la sistemática referencia al Plan Belgrano y sus virtudes.
La campaña
electoral pasó hace ya cuatro meses. No vaya a ser que el famoso Plan Belgrano
sea solo parte de un relato macrista que llega a suplantar el relato
kirchnerista, con el rol siempre reservado al interior: consumidor de nuevos
relatos y víctima de los mismos viejos embustes.