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LA CUEVA

Un espacio para crear y crecer

El taller literario independiente, coordinado por Celia Sarquís, celebra sus 20 años. Para ello, a lo largo de estos meses se realizarán varias actividades.

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26 de junio de 2022 - 01:10

Celia Sarquís es una referente de la movida cultural catamarqueña y la arquitecta de La Cueva que funciona como un rincón mágico para crear y como un refugio donde resguardarse de lo mundano para viajar a los lugares donde la imaginación lleve. A 20 años de la apertura a este portal, donde lasletras son el canal para transportar a otros mundos, la coordinadora y los talleristas organizan varias actividades para celebrar y desarrollar a lo largo de los meses venideros.

En una charla con Revista Express, Celia recordó que la primera experiencia como taller sistemático comenzó una propuesta de UNIMAS, la Universidad para Mayores. “En aquella oportunidad, fue propuesta para coordinar el taller literario. Cuando inicié la convocatoria, me di cuenta de que había mucha gente que no cumplía con los requisitos, como la edad mínima, pero tenía una necesidad de taller. Había una demanda y no habíaun espacio para dar respuesta”, había advertido.

Al año siguiente, comenzó a funcionar como un taller literario independiente. La denominación de “La Cueva” vino a posterior porque el primer espacio fue el subsuelo del Paseo General Navarro, remarcó. “Como forma de broma, empezamos a decir ‘nos vemos en la cueva’ y luego quedó esa denominación”, comentó.

Con dos décadas recorriendo caminos, Celia aseguró que “cuando uno ingresa, permanece. Hay un espacio para que uno quede. Es un espacio propio, donde uno se olvida de la familia, del trabajo y de los problemas y se puede dedicar a lo que lo apasiona. Al pasar tantos años juntos, también se va generando un ambiente familiar y afectivo. No se trata solo de un espacio individual y egoísta, sino también de un espacio de mucho compartir. Además, deben tener la apertura para opinar sobre los textos de los demás y los demás puedan opinar sobre los textos propios. Se genera un espacio muy rico de intercambio”, expresó.

A la vez, valoró que se trata de un espacio donde se van compartiendo muchas cosas; se acercan lecturas, se comparte músico y se acercan novedades. Ese ambiente se mantuvo durante estos 20 años, remarcó. Celia señaló que cada grupo imprime su personalidad.

“Soy la misma coordinadora pero cada vez que alguien ingresa pone algo que enriquece de alguna forma al grupo. Hace que se mantenga siempre ágil, con mucha apertura para cambios. Personalmente, crecí a la par de ellos. En las primeras experiencias con los talleristas, me puse a estudiar mucho sobre qué es un taller y cómo se trabaja. A veces, aparecen cuestiones al azar pero en realidad no lo son. Por ejemplo, en un taller las mesas preferentemente tienen que ser redondas para que no haya cabeceras y, al mismo tiempo, todos puedan mirarse. Desde esos pequeños detalles sobre cómo tiene que ser el ambiente donde tiene que funcionar un taller hasta el rol del coordinador como moderador y motivador”, precisó.

Para Celia, la escucha activa es fundamental. En La Cueva suelen cohabitar generaciones encontradas. En ese encuentro de edad, jóvenes veinteañeros congenian con personas mayores. Aseguró que lo hacen perfectamente bien porque se van complementando y enriqueciendo. El grupo es muy surtido, remarcó, donde, pese a las diferencias, maravillosamente se acomodan.

“Durante estos 20 años, hemos ido cosechando. Para mí, es como un combustible para seguir adelante. Es una cueva que no tiene puertas. La gente puede ingresar, puede salir y volver las veces que quiera. Siempre es bienvenido. Cuando alguien ingresa por primera vez, tiene la opción de ser ‘oyente’ para ver cómo es y cómo funciona. A veces, no se puede tener en claro qué es un taller literario. Otras veces, se acomoda gente que tiene formación literaria, como un docente de Letras, con alguien que tiene otra profesión totalmente diferente o que no tiene una profesión. Lo importante es como cada uno tiene una valija de historias. A veces se trabaja con lo auto referencial, con historias de vida, experiencias propias o se trabaja muy desde la ficción. No hay requisitos a cumplir”, destacó.

La celebración

Como todo aniversario, con 20 años de trayectoria, hay mucho para celebrar. Este año, a lo largo de los meses, se tiene previsto realizar varias actividades. En el marco de los festejos, el taller literario La Cueva fue declarado de interés por la Provincia y de interés cultural por la Municipalidad de la Capital y por el Concejo Deliberante capitalino. La primera actividad fue durante la Semana del Escritor y el Libro. En la ocasión, Eliana Solohaga presentó su libro El viento en la cara, un libro oriental. En la ocasión, se contó con el auspicio de la Secretaría de Identidad y Pertenencia Provincial.

“El compañero Carlos Gallo realizó entrevistas. Además, es un estudioso de la literatura oriental –se ha ido especializando-. Sus compañeros iban leyendo esa forma poética. Participaban e iban acompañando, a medida que se iba desarrollando la presentación.Durante todo el año vamos a seguir. Tenemos un compromiso en La Rioja y otro en Andalgalá. Vamos a hacer actividades durante todo el año”, adelantó.

Modos y formas

Sobre la modalidad de trabajo del taller y el proceso de producción literaria, la coordinadora indicó que siempre se trabajó con dos grupos, de entre ocho a 10 personas. Para Celia, es el tope máximo que se puede tener porque es un proceso lento de lectura. En primera instancia, detalló, se trabajó con los dos géneros y luego se subdividió en poesía y narrativa. Con el tiempo, la experiencia y práctica, la coordinadora advirtió que era positivo unir los dos grupos porque el aprendizaje se va dando con todos los géneros y por la influencia que puede llegar a tener la poética sobre la narrativa y viceversa, a la hora de la escritura. Lo positivo, consideró es que se conozcan los recursos poéticos para la prosa y a su vez que se conozcan los recursos narrativos para la poesía.

Al final de cada reunión, se plantean una serie de propuestas que funcionan como disparadores para que durante la semana comiencen a madurar ideas, hacer bocetos y volcar ideas, detalló. Según la coordinadora, la función es movilizar un poco. Después se dan técnicas para la corrección. De acuerdo con su experiencia, a veces hay que dejar reposar el texto, leerlo durante la semana y en la próxima reunión se lee.

“La jornada es larga porque se va trabajando sobre los textos. De ahí surge la parte teórica, conceptual, técnica. A partir de allí, se va trabajando desde la práctica. Por el otro lado, se trabaja con el texto escrito. ¿Qué hacemos cuando ya hemos logrado corregirlo y pulirlo?”, se preguntó.

La participación del taller, dentro de agendas culturales, de actividades o generando actividades culturales es prolífera y, en cada oportunidad, los participantes puedan llegar a leer. Dada su calidad productiva, La Cueva tiene pedido un espacio dentro de la Feria del Libro en La Rioja, con la idea de hacer una serie de presentaciones de talleres en el margen del año celebratorio.

“En varias oportunidades pudimos publicar antologías, sobre todo, en aniversarios anteriores, a los 10 y 15 años. Siempre se plantea un cierre con la publicación de una antología, con los trabajos destacados durante el año. Este año la propuesta es diferente, al margen de que pueda haber o no una antología. Muchos de los integrantes del taller ya llevan muchos años. La mayoría, una vez que ingresa, permanece en el taller. Hay algunos talleristas que tienen 15 o 18 años en el grupo. En ese período han tenido una producción muy grande pero ellos no han podido concretar una edición propia. Dentro del proyecto de este año, la idea es acompañarlos y ayudarlos a que concreten la edición de un libro propuesto”, contó.

A tal fin, se cuenta con parte del presupuesto y de una ayuda institucional. De esta manera, se trabaja para que cada uno de los talleristas concrete la edición. “En camino hay dos libros de cuentos de Érica Casanova y de Liliana Arrieta y de una novela gráfica de don Hugo Molina”, adelantó.

Texto: Basi Velazquez

Fotos: gentileza La Cueva

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