Es psicopedagoga, se recibió de árbitro provincial y quiere crear una escuela de fútbol con profesionales del deporte y otras disciplinas, de salud y de educación.
Nacida en Cerro Negro, departamento Tinogasta, Natalia Alaniz se radicó en la Capital catamarqueña donde se recibió de psicopedagoga y sin haber jugado al fútbol, pero amante del deporte, se recibió de árbitro provincial en la escuela de árbitros Guillermo Marconi.
Proyecta la creación de una escuela de fútbol pensando en una institución integrada por profesionales de la salud, especialistas en educación, en deportes y distintas disciplinas.
“Me crié en un contexto machista donde mi padre decía que el fútbol era sólo para los hombres. Era niña, vivía en Cerro Negro. Recuerdo que un vecino, cuando había partidos importantes de fútbol, sacaba un televisor grande -porque no todos tenían televisor-, y se hacían juntadas para ver jugar a los equipos más grandes. Ponían un parlante grande y solamente iban los hombres. Yo intentaba ver desde mi casa, pero como no llegaba a ver nada porque estaba lejos, escuchaba lo que podía”, recordó con inocultable nostalgia.
Señaló además que su madre le llamaba la atención, “porque yo no tenía permitido ir a ver los partidos y me retaba. Me pedía que me vaya para adentro de la casa. ¡Pero yo era una niña, una mujer, y al partido iban a verlo sólo hombres adultos y chicos!”, reclamó.
Pasaron los años de escuela. Se radicó en San Fernando del Valle de Catamarca donde terminó la carrera de psicopedagogía. En el año 2010 vio que un diario local anunciaba que estaban abiertas las inscripciones para la escuela de árbitro provincial, para ambos sexos. Se inscribió y un par de años después, se recibió.
“Fuimos cerca de cinco mujeres en esa camada. Terminamos varias. Dentro del arbitraje quedamos una chica de apellido Barrionuevo que se fue a La Rioja y yo, que me quedé acá”, agregó.
Explicó que en arbitraje hay muchas chicas trabajando, “lo que es bueno”, y que fue la primer árbitro de Catamarca en dirigir como asistente en TDI (inferiores). Remarcó además que en el año 2019 marcó otro hito, al ser la primer árbitro asistente en La Rioja, como integrante de la Liga Chileciteña, en el Torneo Federal.
“Mi sueño había sido estar y salir a la cancha como árbitro femenino con la Liga Chileciteña, dentro de un Federal, porque si bien en La Rioja hay mujeres árbitro, nadie salió como asistente y mucho menos como árbitro central”, señaló.
“Me inicié en la Liga Capitalina, pertenecí a la Liga Chacarera, estuve en la Liga Tinogasteña, en la Chileciteña y en fin, después llegó la pandemia y cambiaron muchas cosas”, comentó.
Consideró que “como una gran paradoja, el 8 de marzo de 2020, Día de la Mujer, fui designada para asistir en ese partido en La Rioja. A la semana siguiente se cerró todo por la pandemia y al año siguiente quedé afuera del arbitraje por la edad. Fue increíble”.
Sin darse por vencida, aceptó que había terminado un ciclo y admitió: Me fui porque tenía que ser así. Además, para ser árbitro hay que mantener un ritmo de entrenamiento obligatorio que demanda tiempo y esfuerzo de acuerdo con los horarios y requerimientos del entrenador”.
Durante la pandemia invirtió el tiempo libre y se recibió de técnica formadora en reglas de juego, una carrera que duró dos años.
Psicopedagogía y deporte
“Hay muchas escuelitas de fútbol pero porque cualquiera es entrenador o profesor. Quiero una escuela donde se enseñe psicología del deporte, que tenga un director técnico, especialistas en psicopedagogía y profesores, en definitiva, personal capacitado y formado con certificación, todo lo que necesita una escuela bien puesta”, recalcó.
Confiando en que “en algún momento espero poder hacer el curso de director técnico”, remarcó que si bien continuamente cambian las reglas de juego en los deportes, como complemento es importante formar a los chicos en el control de sus emociones.
“Como soy profesora de yoga quiero implementar eso en la formación de los jóvenes para que puedan trabajar sobre sus propios impulsos. Y esto es más que nada porque muchas veces, los padres mandan a sus hijos a hacer fútbol porque proyectan en ellos lo que no pudieron hacer cuando fueron jóvenes”, detalló.
Dijo además que en su experiencia como psicopedagoga y deportista, vio que “muchos alumnos se sienten mal en la cancha porque no les gusta el fútbol. Sus padres les hacen jugar partidos y se enojan con ellos cuando no satisfacen sus expectativas. Y eso pasa porque hay que darles lugar a los niños para que puedan desarrollar lo que les gusta. Aprenden muchísimo jugando a través de los juegos reglados”.
Finalmente, reconoció que se trata de un proyecto ambicioso y difícil de realizar “porque falta mucho apoyo de las instituciones privadas y del Estado. Todo lo que fui haciendo fue en forma independiente y me costó mucho. Esto de la escuela es algo muy grande, pero si no hay apoyo será muy difícil hacerlo. En principio soy psicopedagoga y sería genial poder combinar eso con lo deportivo, o sea, hacer la escuela de futbol”.