Nubes de harina en el aire, perfume a albahaca, algo de espuma y miles de almas cantando y bailando al ritmo de chayas, cuecas y chacareras. Así se vivieron las chayas de carnaval que vuelven a instalarse como espacios de celebración del carnaval tradicional catamarqueño.
Soltame carnaval
Las chayas, como una manifestación genuina y ancestral del carnaval, se mantuvieron con vigor en el interior profundo de Catamarca, pero se habían perdido por un largo tiempo en el Valle Central. Desde hace algunos años, e impulsadas por músicos y gestores culturales catamarqueños, renacieron con fuerza y, haciendo pie en la memoria histórica de los pueblos, engualicharon a miles de almas que volvieron a vivir esta forma de sentir el carnaval.
Alico Espilocín uno de los impulsores del resurgimiento de las chayas en el Valle Central destacó: “Comenzó siendo una y que hoy exista un circuito de chayas es algo hermoso, porque todos estamos en el objetivo de promover y preservar el carnaval autóctono, aprendiendo y compartiendo los rituales y símbolos de la chaya que nació en Pomán, cuando toda esta región era la gran Nación Diaguita”.
El circuito Chayas pa´l carnaval se realizó a partir de la iniciativa de artistas y se concretó con el apoyo del Ministerio de Cultura, Turismo y Deporte de la provincia, a través de la Secretaría de Gestión Cultural.
Daiana Roldán, secretaria de Gestión Cultural, celebró “el trabajo cooperado entre clubes, centros vecinales y los artistas como protagonistas, organizando las chayas y articulando con otros artistas para conformar las programaciones de estos eventos populares que, como Estado, tenemos la obligación de acompañar y sostener”. “Estamos muy contentos de haber podido disfrutar del carnaval en cada punto del Valle Central y del interior y de haber podido acompañar las manifestaciones que tiene el carnaval en cada localidad”, cerró Roldán.
La primera parada del circuito “Chayas pa´l carnaval” fue el jueves 16 de febrero con la edición chayera de la Caravana Catucha. Justo coincidió con el jueves de comadres, así que las mujeres chayeras dijeron presente en el Club Sarmiento con sus cajas y cantos, sumándose a una nutrida cartelera de artistas invitados.
“El carnaval es nuestro y queremos apuntalar el sentido de pertenencia en la gente, para que todos se sumen a disfrutarlo”, señaló Ariel Segura, de La Junta, uno de los integrantes de la Caravana Catucha junto a Ariel Martínez, Juan Ignacio Molina y el dúo Catuchos.
También en el club Sarmiento se realizó el sábado 18 de febrero la Catuchaya, organizada por el grupo Catuchos. "El carnaval nos encuentra con ganas de chayar, recuperando y reavivando esta costumbre tan linda que tenemos en el norte argentino y que compartimos con otras provincias. Nos apoyamos entre artistas y abrimos el escenario para que muchas bandas puedan tocar, la idea es que todos chayemos, que se transmita esta tradición tan bonita”, señaló Fredy Barrionuevo, de la banda anfitriona.
La 5º Chaya de los Hermanos Rodríguez, realizada en el Centro Vecinal Domingo Faustino Sarmiento del barrio El Mástil, en la capital catamarqueña, fue otra de las paradas más convocantes y festivas que tuvo el circuito chayero el domingo 19.
El patio del centro vecinal se convirtió en una gran pista de baile, mientras desde el escenario Emilio y Mario Rodríguez, junto a una destacada grilla de artistas catamarqueños, iban proponiendo chacareras, gatitos, chayas y todo lo que mantuviera a los bailarines en movimiento y animándose a realizar los tradicionales topamientos.
“Estamos muy contentos con la respuesta del público, mucha energía que nos contagia y nos alienta a seguir tocando y organizando esta fiesta tan linda para la gente, un trabajo conjunto con el centro vecinal que ya es una costumbre para todos nosotros, la gente viene a compartir con la familia y con amigos, que es lo que buscamos desde un principio”, dijo Emilio Rodríguez sobre esta chaya que es garantía de alegría bien entendida.
En la Casa de la Cultura de San Antonio, en Fray Mamerto Esquiú, aprovechando un gran entorno al aire libre, tuvo lugar el Carnaval del Valle, iniciativa de un grupo de amigos nacidos y criados en la localidad. Hasta allí también llegó el embrujo del carnaval, que convocó a familias enteras con ganas de bailar y chayar.
Valle Viejo también fue epicentro del circuito de chayas. Con el cerro Ancasti custodiando imponente el campo de La Mabel, en la villa El Portezuelo, la Chaya de los Galleguillo convocó la tarde del martes 21 a cientos de almas a carnavalear.
“Fue maravilloso lo que pasó. A nuestra familia el carnaval y la chaya le sale por los poros así que somos muy felices abriendo nuestro lugar. La gente vino con el espíritu de divertirse y pasarla bien y todo se dio en un ambiente muy familiar”, destacó Carlos Galleguillo, anfitrión junto a su hijo Nicolás de esta chaya que tuvo este febrero su segunda edición y que contó con artistas invitados de Catamarca y de la región, como Lautaro Rojas de Córdoba, Arichi Romano desde Santiago del Estero, Sombrita Algarrobera de Frías, y Gino Rodríguez, de la banda Trulalá.
Como remarcó Galleguillo, además de que la gente pudo disfrutar del carnaval, se generó un interesante movimiento en El Portezuelo, puesto que muchos vecinos pudieron trabajar haciendo empanadas, vendiendo comidas y bebidas para atender a la concurrencia. “La cuesta del Portezuelo es una de las maravillas turísticas de Catamarca y con eventos de este tipo podemos contribuir al desarrollo turístico de la villa”, señaló.
El circuito chayero del Valle Central cerró este fin de semana, con el Carnaval de Resonancia realizado el viernes en el Club Obreros de San Isidro.
Una alegría contagiosa, que se manifiesta en rondas de danza y voces exaltadas, niños correteando que de pronto sorprenden con un puñado de harina y el aire perfumado de albahaca es parte de lo que se vive en estos eventos que volvieron para instalarse como una manifestación genuina de las tantas que forman parte del carnaval catamarqueño.
Carnaval en todos lados
El carnaval en Catamarca tiene manifestaciones diversas –algunas más contemporáneas, otras ancestrales- que dan cuenta de la hibridación de culturas por un lado, pero también del esfuerzo de muchas comunidades por mantener sus festejos tradicionales.
Mutquín, bastión por excelencia del carnaval tradicional con sus comparsas de hombres emplumados, mantiene vivo un ritual de carnaval que se caracteriza por su autenticidad y por incorporar la vidala al clima festivo.
Pomán, Santa María, Belén, Andalgalá, Tinogasta y Capital también promueven –con diferencias y similitudes- celebraciones de carnaval tradicional donde las chayas se realizan a caballo, las comparsas recorren las calles de la ciudad y van esparciendo la alegría del carnaval, presididas siempre por el pujllay, el dios del carnaval.
Pero febrero termina y es hora de quemar o enterrar el carnaval, con la certeza de que el próximo año la alegría renacerá.
Texto y fotos: Prensa Ministerio de Cultura, Turismo y Deporte