Dos mujeres catamarqueñas son citadas siempre como referentes en el ámbito social, político y judicial. Eulalia Ares de Vildoza y Juana Vaccaroni son dos representantes que forjaron su destino, se abrieron paso y dejaron sus nombres impresos en la memoria colectiva. En la víspera de 8 de Marzo Día Internacional de la Mujer, Revista Express rinde un homenaje a estas dos referentes catamarqueñas.
Mujeres que dejaron huellas
Eulalia es conocida como la cabecilla de la “Revolución de las Mujeres” y pasó a la historia como la primera gobernadora, en tiempos en que la política era “cosa de hombres. Nacida en Ipizca, Ancasti, en 1809, en una familia acomodada de la Catamarca colonial. Su padre, el español Pedro Ares, era un rico comerciante nacido en Cádiz; hizo fortuna con el intercambio comercial de frutos en los pueblos del interior, Chile y el Alto Perú. Su madre, Trinidad Días de la Peña, pertenecía a una familia poderosa de su provincia de la cual habían surgido militares y gobernadores.
Su padre murió de manera sorpresiva y su madre debió hacerse cargo de los negocios, trabajo que desempeñó con gran habilidad. Eulalia tuvo tres hermanas, Justa, Carlota y Carmen, herederas todas del linaje y la responsabilidad de su madre. Fueron educadas en el colegio de las Carmelitas. Cuando la matriarca falleció, Eulalia quedó a cargo y debió aprender el oficio de cuidar y proteger los bienes de su familia.
El 12 de noviembre de 1827 contrajo matrimonio con Domingo Vildoza, hijo de Felipe Vildoza y María del Tránsito Varela, joven oficial del ejército de milicias y rico hacendado de Ancasti. De esa unión nacieron tres varones y cuatro mujeres.
Revolucionaria
Hacia agosto de 1826 gobernaba Catamarca Moisés Omill, que había despojado de su elección como gobernador a Ramón Rosa Correa, originando un convulsionado pleito que llegó a un enfrentamiento armado en el Chiflón y en Sumampa, en los cuales triunfaron los seguidores de Omill. Los correístas llevaron el pleito ante el Gobierno nacional que ordenó la Intervención Federal, designando interventor al general Anselmo Rojo.
Mientras tanto los correístas, entre los que se encontraban el esposo de Eulalia Ares, conspiraron contra Omill para derrocarlo. Fue entonces que, en apoyo de la causa de su esposo, Eulalia no dudó en trasladarse a Santiago del Estero en busca de armamentos.
A su regreso convocó a un grupo de mujeres afines y complotadas decidieron atacar la casa de gobierno en defensa de sus derechos. El 18 de agosto de 1862 tuvo lugar la llamada “Revolución de las Mujeres” cuando este grupo de 23 mujeres, disfrazadas de hombres, tomaron el cuartel y luego, con el apoyo de otros sublevados, tomaron por asalto la casa del gobernador. Éste se negaba a dimitir a favor del que había sido elegido.
Mientras su esposo se aproximaba con las tropas reunidas, Eulalia se hizo cargo del gobierno –convirtiéndose en la primera gobernadora- y el gobernador debió huir a Tucumán. La nueva gobernadora organizó un plebiscito. El 18 de agosto una asamblea popular designó a Pedro Cano como gobernador interino y doce días más tarde se restituyó como titular a Correa, quien tomó la gobernación doce días más tarde. Con posterioridad, otros sucesos de su provincia la llevaron nuevamente a la arena política. Además, organizó con sus hermanas la Sociedad de Beneficencia de su provincia, fundada el 12 de agosto de 1857, iniciativa que contó con el apoyo del gobernador de la provincia, Octaviano Navarro y que fue presidida por Javiera Herrera de Navarro.
Mujer de Ley
Juana Vaccaroni nació el 3 de junio de 1916, en Miraflores, Capayán. De cuna humilde, con su esmero y perseverancia, sin dejar de lado su capacidad intelectual, fue la primera mujer en dejar huellas en un ámbito tan difícil como netamente masculino, en sus comienzos. Juanita –como es recordada en varios ámbitos-fue, en Catamarca, la primera mujer que alcanzó el título de abogada; fue jueza, miembro y presidente de la Corte de Justicia provincial y la segunda mujer juez del país.
Egresó de la Escuela Normal Clara J. Armstrong con el título de docente. Sin embargo, para poder empezar a cursar la carrera de Abogacía, debía tener el título de Bachiller y, para ello, tenía que estudiar inglés. "Tuve que estudiar italiano, que me enseñó mi papá. Estudié inglés con Harold Stacey que era un pastor protestante; en la calle Maipú tenía una sede. También me enseñó inglés el profesor Saint Claire, en el Colegio Nacional”, contó.
De su época de estudiante, recordó el empeño que tenía. "Cursé año por año. Había tres turnos de examen, noviembre, diciembre y marzo. Organicé mi vida en cursar año por año; entre los tres turnos completaba cada curso. Pasaba al otro año sin deber nada”, aseguró. Todo un ejemplo de estudiante. Por esa época, la vecina provincia de Córdoba ofrecía la educación universitaria. Juanita comentó que viajaba desde Miraflores en tren y el retorno, desde La Docta, era en segunda clase "porque la plata no alcanzaba”. En Córdoba vivía en pensiones o en casa de familia.
Con 24 años, Juanita volvió a Catamarca con el título de abogada bajo el brazo, a Miraflores, a la casa de paterna. "Fue un señor, durante una intervención en Catamarca. Estaba hecha una chinita del campo. Papá lo recibió y me presentó junto con mis hermanos. Le dijo que era abogada y entonces me ofreció venir a la Capital. Estuve en Casa de Gobierno, como auxiliar en una oficina hasta que me ofrecieron ir a tribunales”, había contado.
Carrera judicial
La doctora Vaccaroni ingresó al Poder Judicial de Catamarca en 1946, como secretaria. Sobre su paso por este ámbito, Juanita aseguró que "no me sentí distinta a los colegas”. Luego, fue nombrada como defensora general. Según Juanita, este fue su cargo más querido pero, a la vez, el más sufrido. "En la Defensoría General se conocían casos que ni sospechaban que existía. Tenía que buscar soluciones difíciles porque la mayoría eran hombres pero les faltaba comprensión en las situaciones. En la Defensoría tenía que buscar en forma excepcional las soluciones. Fui defensora durante muchos años y todas las semanas visita El Buen Pastor, donde funcionaba la cárcel de mujeres. Se conocían situaciones humanas que te conmovían, que no iban a encontrar la solución en un artículo de la ley sino en el corazón. Así, a veces, parecía que iban a criticar porque se le daba la libertad a una mujer que había cometido un delito pero había que conocer cuál había sido el motivo de esa pobre mujer, que era víctima del ambiente y de otras circunstancias”, había considerado.
Luego, llegó el momento de dejar otra huella. Se convirtió en la primera mujer integrante de la Corte de Justicia de Catamarca e, incluso, llegó a ejercer la presidencia del máximo tribunal catamarqueño. "Estuve 20 años en el Poder Judicial, con el Dr. Pedro Gómez Acuña y el Dr. Eduardo Pinetta. El doctor Ricardo Germán Andrés Herrera era fiscal general. Me llevaba muy bien con mis colegas. Cada vez que veía que ingresaban más mujeres al Poder Judicial celebraba porque aunque técnicamente el abogado, sea varón o mujer, tienen la misma preparación, la sensibilidad es distinta. No va a cambiar la ley pero te da una sensibilidad especial para sentir”, sostuvo.
Siglo XXI
En los albores del Siglo XXI, las mujeres catamarqueñas ocupan cargos de Poder. Se desempeñan como gobernadoras, al frente de la Legislatura y en la presidencia de la Corte de Justicia. En 2011, Lucía Corpacci fue electa democráticamente como gobernadora y así, se convirtió en la primera mujer en presidir el Poder Ejecutivo provincial.
En el ámbito legislativo, por primera vez en la historia, la Cámara de Diputados es presidida por una mujer, desde 2018. Cecilia Guerrero es una legisladora con trayectoria y militancia. Sin dudas, la presidencia en la Cámara baja es un reconocimiento a su labor.
La Cámara alta, en los últimos 20 años, fue presidida, por tres mujeres. Lucía Corpacci, como vicegobernadora durante el último mandato de Eduardo Brizuela del Moral, presidió esta Cámara –antes de renunciar a su cargo-. Luego, Marta Grimaux de Blanco fue presidente provisoria del Senado. Durante el primer mandato de Lucía Corpacci, Nancy Barros era tercera en línea de mando y en alguna ocasión, fue presidente provisoria de este órgano.
En el plano Judicial, Juana Vaccaroni marcó el norte. Amelia Sesto de Leiva –jubilada hace cuatro años- fue la segunda ministra en integrar la Corte y se desempeñó como presidente. Tras la ampliación de la Corte a cinco miembros, Vilma Molina también se desempeñó en la presidencia del máximo tribunal. Actualmente, tres mujeres cargos en la Corte de Justicia: Fabiana Gómez, Verónica Saldaño y Fernanda Rosales Andreotti, quien actualmente preside en el supremo tribunal de Justicia catamarqueño.
Texto: Basi Velázquez