Es una artesana, en sus manos hay arte, diseño, color, alegría, pasión, como ella misma describe. Es la que sin querer un día se propuso trascender, a través del arte que nace en las manos.
Es una artesana, en sus manos hay arte, diseño, color, alegría, pasión, como ella misma describe. Es la que sin querer un día se propuso trascender, a través del arte que nace en las manos.
En la mesa hay belleza, estilo y hace lucir los platos que ella misma hace. Entrar a su hogar, al “laberinto de los suspiros” en su jardín, es todo un descubrimiento y encanto, tanto por las plantas, el verde, que se mezcla con la cerámica. Un pequeño mundo que creó en un momento en el que resurge la cerámica y lo artesanal.
Emma Corpacci es abogada, cuando se retiró como secretaria de un juzgado importante, con hijos construyendo su propio camino, buscó el suyo: el arte de la cerámica.
Sus piezas se esparcen en los grupos de amigas, en personas que visitan alguno de los showroom que organiza, con la sola intención de mostrar lo que hace y de buscar un buen momento, con quienes comparte lo que hace y con aquellos que se asombran con la belleza de sus artesanías.
Sencilla, autodidacta y alejada de cualquier etiqueta, Emma se lleva bien con la destreza de tornear, moldear, pintar cerámica, pero sobre todo animarse a más.
El día en el que hicimos la nota para la Revista Express, sin dudas era un momento distinto. Los platos de cerámica en la mesa, el mantel bordado, el café turco servido, otro distintivo que la atraviesa y lleva en la sangre, a partir de una descendencia árabe que está en su raíz, y en el sello de lo que hace.
Emma dibuja la primavera en un plato, el agua y las flores en un jarrón, los colores de la naturaleza en un farol y en los fanales que crea, también en las mandalas de jardín; en las macetas con cabeza de mujer y la vajilla turca como los tajines, que se convierte en todo un objeto que dan vida a la mesa. La cerámica es una gran protagonista en su vida.
Puede estar en cualquiera de nuestros espacios cotidianos y eso responde a una cuestión básica: nos conecta.
-Hay en todo lo que hacés un sentimiento, buscás dejar algo sensorial, causar algo en el otro, que llega…
-Sí, una sensación de placer visual, sensorial, que también lo hacía en varios hobbies que tuve, siempre fui inquieta, ya sea con las plantas que también fueron mi cable a tierra en determinadas situaciones. Después seguí con el bordado, el tejido, pero todas fueron actividades efímeras; en cambio, cuando llegué a la cerámica, simplemente por el hecho de que yo quería tener esa cerámica que veía cuando viajaba y que acá no había, porque aquí se encuentra la cerámica sin esmaltar, recién ahora se encuentra más, pero antes era la cerámica indígena, que es muy linda, pero no era lo que yo quería. Entonces, empecé a hacer para mí y mi objetivo era tener toda la vajilla en mi casa hecha por mí.
-Entonces, con esa intención comenzaste…
-Así empecé, pero después produje tanto que tenía que mostrar lo que hacía. Además, que es placentero mostrar lo que uno hace y más sí está contento con eso. Gracias a un grupo de amigas que me apoyaron, hacía los showroom, decoraba las cosas para que queden lindas, busco que sea un momento distinto al que estamos habituados, así empecé. No lo hago con un fin comercial, es una oportunidad para juntarse con otra gente, con personas que quiero, con gente que no conozco, pero que de pronto comienzan a formar parte de las amistades, realmente fue un vínculo para socializar, aprender, contactarme con otra gente, como quienes integran la Sociedad Sirio Libanesa.
- ¿Es difícil transmitir todo el proceso que lleva la cerámica? ¿Cómo te resultó esa experiencia?
-A mí me resultó sumamente grato, a pesar de que fue la primera vez que daba un taller, porque soy autodidacta prácticamente. Hice pequeños talleres con Estela Moreno, y después me dediqué a averiguar por mi cuenta, compré libros, miro mucho por internet y siempre me estoy actualizando y haciendo cosas distintas. Pero ese taller, me sirvió para darme cuenta de aquello que ya sé como algo natural, que manejo la cerámica, entonces me dio tranquilidad para enseñar, transmitir con calma, para que la gente vea que no es nada difícil, que es una cuestión de paciencia y que la cerámica transmite tranquilidad. Es una actividad muy placentera, los alumnos respondieron bárbaro porque era toda gente que no tenía conocimiento de cerámica, salvo alguna excepción y todos se fueron con sus piezas, que, por supuesto es un primer puntapié en la cerámica, para que después puedan profundizar más.
Emma admite, que ella no se dedica a enseñar. “Mi placer es hacer y hacer sin limitaciones, sin que nadie me diga cómo, ni qué colores usar, tengo debilidad por los colores, o sea que mi cerámica es puro color, no es triste, es una mezcla de cerámica árabe, diseños mexicanos. Soy una mezcla rara, justamente porque me hice sola en la cerámica”.
-¿Cómo es el paso a paso?
-La cerámica tiene muchas técnicas para hacer una pieza, hay técnicas básicas que son las de pellizco o colombinas, con lo que primero se empieza; que es un chorizo que se hace a la vuelta y se va levantando la pieza. Después hay otras técnicas como la de planchas, está la cerámica por colada que es con arcilla líquida y después el torno que es para gente más avanzada y con experiencia. El proceso es lento, porque con la cerámica hay que aprender a esperar, a tener paciencia, no se la puede apurar, porque se rompe, porque si uno la apura después la ponés en el horno y se parte, se rompen otras piezas. El proceso es lento, pero muy agradable, hasta te enseña a saber esperar, que todas las cosas tienen su tiempo para que salgan bien. Inclusive las personas impacientes, aprenden a adquirirla, la cerámica es una linda actividad también para gente grande, porque uno tiene un objetivo, ve crecer la pieza desde nada, desde una pella de arcilla que después se convierte en algo hermoso.
-Y de por sí es un material noble….
-Tan noble que da gusto tocarla, sentirla, es un placer hacer cerámica. Es un estímulo porque de la nada se encuentra con algo muy agradable, lindo a la vista y la satisfacción del que la hace de saber que logró algo con sus propias manos. Después llega la decoración que cambia toda la cerámica, hay muchas técnicas y métodos para decorar.
Placer sensorial
La creatividad fluye en el taller de Emma Corpacci, quien confía que puede pasar horas enteras haciendo cerámica. La imaginación y la constancia hicieron que tenga una gran variedad de vajilla, fanales, mosaicos, macetas, que pueden ir para todos los sectores de una casa. Ella se especializa en las técnicas de placa, colada y torno.
“Soy más de la cerámica esmaltada por ahora, por ahí tengo ganas de hacer arcilla roja, pero yo no la uso, a mí me gusta la arcilla blanca, la roja es más rústica y yo no soy tanto de ese estilo, aunque trato de mezclar”, admite.
En la actualidad, hay toda una impronta de lo hecho a mano. “Me gusta lograr con la cerámica cosas que puedan ir en distintas partes de la casa, no me limito a hacer vajilla ni objetos para interiores, sino que a mí me gusta la cerámica en el exterior. Me gusta que se luzca mezclada con las plantas, en distintos ambientes, porque realzan todo. Le dan un toque de alegría, finura a los jardines”.
-El arte en general tiene que ver con algo que perdura, con una pieza que puede ser transmitida a otros, tiene un valor…
-Sí, primero uno la usa y el placer que se siente de saber que ese plato o fuente lo hizo uno con sus propias manos, es una sensación muy linda. Porque embellece tu mesa y forma parte de la cotidianidad. Además, creo que toda la cerámica que hice, mis nueras, hijos, lo van a valorar, pero la cerámica es el placer para el que la hace, después vaya a saber qué destino tendrá…
- ¿Por qué el nombre La Pasionaria?
-Porque le pongo pasión a lo que hago, por ahí medio con exageración porque le dedico demasiado tiempo, pero con placer, no como una obligación sino como algo muy agradable. Y otra por la flor, que me gusta muchísimo, por los colores, la forma, entonces asocié el placer de ver esa flor y la pasión que tengo por la cerámica, que surgió como un entretenimiento, y que jamás pensé hacer cantidades como suelo hacer y menos ofrecerlas. No hago a gran escala, pero van trascendiendo. Increíblemente voy a muchas casas y las veo y es realmente un placer, decir que esta casa tiene algo de mí, hay muchas casas donde están, las lucen y la usan.
-Claro, porque por ahí venimos de una generación en la que nuestras madres, sacaban la vajilla o la cerámica, de vez en cuando o para ocasiones especiales… Y eso es algo que vos también intentás dejar…
-Que la cerámica sirva para embellecer la mesa de todos los días, o el jardín que no sea una cosa para lucir de vez en cuando o con visitas, sino todo lo contrario, para dar placer a la familia de tener una mesa linda, hasta la comida que se sirve parece de otra manera por el solo hecho de verla en una cerámica. Eso pretendo que se use diariamente que no se guarde como reliquia.
- Es una actividad casi terapéutica, que conecta con las emociones…
-En mi caso ha sido absolutamente terapéutico porque empecé a ir a cerámica cuando no sabía qué hacer, me había jubilado, no sabía cómo ocupar mi tiempo, después en momentos determinados fue una salvación. Y también la gente que viene cuando hago los showroom o en diferentes espacios donde muestro, la gente disfruta, pienso que se van con otra sensación, es algo que aspiro, porque yo podría vender, pero a lo que apunto es que sea la ocasión para reunir gente, amigos, que disfruten de algo distinto y del momento.
-Combinar un buen momento con el placer sensorial…
-Con transmitir algo más, siento que el tiempo que he dedicado ha servido para que alguien disfrute de eso.
- ¿Qué es lo más difícil?
-Lo más difícil es tener paciencia y esperar lo que la cerámica pide que esperes, eso no es para cualquiera porque son varios días, mucho tiempo para el secado, pintar, esmaltar, pero lo más difícil no es la técnica, lo que más me costó fue la pintura, el decorado, porque yo no tenía habilidad para pintar.
Emma, siempre trabajó junto a su hermana Julia, quien es arquitecta y tiene un don especial para la pintura. “Pero un día me dijo ya no pinto más y comencé a hacerlo sola, como todo, la vida te pone en una situación y de algún lado sacás eso que creías que no tenías, y ahora pinto sola y con naturalidad, no será lo mejor, pero salen… me anima y me da placer”.
- ¿Y ya tenés un estilo?
-Sí, ya siento que en todo pongo mi impronta y me defino también por los colores, mi cerámica es colorida y alegre. No me gustan los colores pardos, solo un toque, pero a mí me gusta el color. A veces pienso que tal vez no va con lo fino o con la estética, pero a mí me gusta, porque da alegría y más ahora porque se usan las mezclas, y ahí encontré la veta.
-Se sorprenden de lo que hacés, porque tu origen es la abogacía… y de repente una artista… Si bien es algo que tiene que ver con lo humanístico, pero debe haber un proceso en eso de salirse de las estructuras y animarse a jugar…
-Tuve la suerte de nunca estar atada a la profesión, que por el mero hecho de ser abogada no podía hacer otras cosas, siempre fui libre. Si algo me gusta lo hago, si bien ejercité muchos años la profesión, cumpliendo un rol, nunca ser abogada fue una limitación para mí, al contrario, siempre me gustó la artesanía, el arte, me gustan las ferias, me gustan los lugares donde hay arte.
-Estamos en un tiempo donde se rescata más lo artesanal, lo que tenga un sello personal.
-Hay una valorización, el trabajo artesanal lleva mucho tiempo, tiene su costo porque el artesano no compra a gran escala los insumos, por ende, son más caros, paga la luz común cuando en una fábrica hay otros beneficios, en esos aspectos, entonces nunca puede competir con algo industrial. Pero tampoco es en desmedro, el encanto de lo artesanal es que atrás están las manos de quien lo hace. A mí me gusta lo personal, entre amigos.
- ¿De dónde creés que viene toda esa faceta?
-De mi mamá querida, no. El arte no era lo suyo, jamás hizo nada de eso, ella era más intelectual. Como profesora de literatura amaba la poesía, pero no se le dio por la artesanía, de grande hacía algunas cositas, pero así nomás. En cambio, se me ocurre que mi papá tenía una veta que por ahí lo notabas cuando hacía un proyecto en la casa y cosas así. En mi caso, si bien llegó de casualidad, es algo que no voy a dejar. Es la pasión que no voy a abandonar, porque es una actividad que se puede hacer de grande, que da placer inmenso, y casi nunca hago cosas iguales.
Una forma de trascender
Sus piezas son irrepetibles, únicas. Y ese talento se lleva adentro. Su imaginación abarca temáticas como el jardín, la mesa, piezas estilo árabe. “Tengo una inclinación hacia las formas árabes, es natural”, comenta.
-Hay momentos para crear, cómo te conectás con el proceso…
-Ahora me doy cuenta de que hay que tener ganas de hacer, hay días que no tengo imaginación para hacer algo distinto, pero si no hago cerámica todos los días, pinto cuando la pieza lo permite y una vez que empecé puedo estar horas, pongo música y encuentro el placer…
-Y para vos qué es el arte en sí, porque también hay algo en vos especial.
-El artista busca trascender buscando algo que genere placer en el otro. Yo puedo trascender así, a través de las cosas lindas o no que haga, es mi pequeña forma de trascender, nunca tuve afán de trascender, pero no deja de ser placentero que alguien te recuerde porque tiene una pieza que vos hiciste. El artista busca dar placer a través de sus obras y generar algo lindo.
-Y sus piezas lo logran.
Texto: Carolina Melnik - Especial para Revista Express
Fotos: Ariel Pacheco
El camino árabe
En el mes de agosto del 25 al 27, Emma Corpacci formará parte de la muestra “Encuentro Cultural Argentino Árabe” que organiza la Sociedad Sirio Libanesa. Allí se podrá apreciar su cerámica y toda lo que está cultura tan arraigada en nuestra provincia tiene para mostrar de la colectividad.
“Colaboro con ellos desde mi humilde lugar, aportando la cerámica, y eso me tiene entusiasmada”, comenta.
Hace un par de meses, realizó un taller en el Paseo del Inmigrante, junto a la Sociedad Sirio Libanesa, estuvo dirigido a personas que no tenían un conocimiento previo; sin embargo, por la convocatoria y la valiosa experiencia, los participantes quedaron ilusionados por los logros obtenidos y una continuidad.