Hija de un mecánico dental y de una docente, creció en el barrio Alta Córdoba junto a sus tres hermanas. Se recibió de maestra y trabajó años más tarde como bibliotecaria en la Facultad de Medicina. Ya separada y con tres hijos a cargo, se mudó a una vivienda obtenida a través del gremio universitario.
-¿Cómo era tu vida antes del 24 de marzo de1976?
- Era normal, trabajaba mucho en la Facultad y con la costura. Vivía con mis hijos Raúl, Liliana y Roxana en una casa muy cómoda. Los tres estudiaban, comentó Coca Luján en una entrevista que, por gestión del Centro de Cultura y Trabajo Comunitario de Villa Dolores y de la Vicegobernación, será publicada en Youtube el próximo 24 de marzo en la cuenta@senadodecatamarca.
Raúl y Liliana estudiaban arquitectura y Raúl, el mayor de los tres, era dirigente estudiantil. Roxana, la más chica, tenía quince años, iba a la escuela secundaria y practicaba danza sobre la calle Vélez Sársfield, cerca de la facultad donde cursaban sus dos hermanos.
La noche del 23 de marzo Sara conversó con Raúl sobre los rumores del golpe. Había pasado unos días de vacaciones en Jujuy, tenía miedo e intuía que, por la situación política en Chile, en Argentina iba a ser peor.
- Le dije a Raúl que no vaya a dormir a casa, que se quede en lo de unos compañeros. Él quería tranquilizarme, me decía que no me preocupe. Esa fue la última vez que vi y abracé a mi hijo- narró Coca, recordando.
El mismo día del golpe militar, detuvieron a Coca Luján sin causa. Tenía cincuenta años, estaba en su casa sola con su hija Roxana y rodeada de soldados que caminaban por los techos.
A partir de ese día, la vida cambió para siempre. Quedó cesante en su trabajo, estuvo presa en el Buen Pastor casi dos años, su hijo fue secuestrado y su casa allanada y saqueada.
- Además de dar vuelta todo, me robaron- sostuvo.
La búsqueda de verdad y de justicia
Por medio de la información que fue reconstruyendo a través del relato oral de otras presas comenzó a conocer lo que estaba pasando en el país. Ya sea en el libro de su autoría, en la entrevista que se va a publicar prontamente o, en el sin fin de charlas que Coca dio a lo largo de estos años, viene repitiendo sin parar que cuando por fin pudo recibir la visitas en la cárcel de sus hijas y de su hermana -un par de días antes de navidad- se dio cuenta de la ausencia de datos que atravesaba a toda la sociedad.
- Sabía más cosas yo que ellas. Igual les pregunté por Raúl y me dijeron que estaba escondido- destacó.
- ¿Cuándo supiste que Raúl había desaparecido?
- A los días de estar en libertad, en la cartera de mi hija Liliana. Ahí, al fondo, en la base, encontré el habeas corpus que solicitaba información sobre el lugar de la detención de Raúl- explicó.
Desesperada y muy angustiada no sabía por dónde empezar. Tomó contacto con un compañero de su hijo y, con un listado de organizaciones no gubernamentales en diferentes partes del mundo, escribió cartas contando la situación del país y de los desaparecidos y desaparecidas.
- No sé de dónde sacaba el dinero, sé que todo se iba en estampillas. En esa época, mi corazón quería una cosa y mi cabeza decía otra. Esperaba desconsolada que apareciera en algún lado, pero sabía que había pasado mucho tiempo y que, los interrogatorios y la tortura, eran muy difíciles- remarcó.
La trayectoria de Sara da cuenta de las acciones que los y las familiares de detenidos y de desaparecidos comenzaron a realizar en un contexto de miedo, de silencio y de estigmatización. El armado de los listados y la reconstrucción de los datos fueron sin duda las primeras de las actividades que se recuerdan al inicio de lo que después se consolidó como las acciones de los organismos de derechos humanos en el marco del pedido de justicia.
- ¿Pudiste saber qué pasó con Raúl?
- Sí, a través de Teresa Maschianti. Ella fue testigo del momento en el que producto de una trompada que le dieron en la cara, mientras tenía sus ojos vendados y las manos atadas, cayó al piso. Murió en el acto - aclaró Sara sentada en el patio de su casa después de explicarnos que ella era una sobreviviente de una historia muy horrible.
El trabajo de militancia y el compromiso de Sara trascendió la reconstrucción de los hechos que pasaron después del secuestro de su hijo Raúl. Su lucha permitió que, junto a otros familiares, la historia quede documentada en diferentes instancias. Hoy, todo ese material está a disposición.
- ¿Cómo mirás el momento actual?
- Muy difícil, muchas cosas me hacen acordar a esa época sobre todo la sensación de que no importan las leyes y no importa la gente. La patria es de todos, no de esos pocos que quieren robarla para ellos - señaló mientras se acomodaba el flequillo con la templanza de quien está a punto de festejar un nuevo cumpleaños.
En los noventa y después de la tragedia de haber perdido a su hija Liliana fruto de una enfermedad que acompañó hasta el final, Sara se mudó a Catamarca. Instalada en Valle Viejo comenzó a pintar; sus cuadros adornan la cocina y su casa tiene unos ventanales grandes que dan a un parque muy verde.
La cuidan mucho. Al lado vive su hija Roxana; tiene tres nietas, un nieto y un bisnieto. Rodeada de mascotas ella reniega con Enzo, un perro rescatado que la busca todo el tiempo, sin despegarse.
Texto: Colaboración de Verónica Ochoa
Fotos: Ariel Pacheco
La fiesta en el Centro de Cultura y Trabajo Comunitario de Villa Dolores
La celebración con compañeros y compañeras fue el sábado 28 de marzo en el Centro Cultural. Lo sabía de antemano y estaba muy contenta.
La familia se encargó de la torta y las nietas de la ornamentación con un número 100 gigante. Se proyectaron dos videos, uno con el testimonio de Sara y otro que reconstruye los hechos más importantes del último siglo.
La fiesta contó con la participación de María Paula Godoy y Juan Angera, de Julio Herrera (violín) y, de Luis Torres y Alejandro Morra (canto y recitado). También estuvo presente el Ballet de Rita Soria.
Hubo palabras alusivas por parte de organismos de derechos humanos y de dirigentes políticos. La actividad contó con el apoyo y la colaboración de la Municipalidad de Valle Viejo, el Senado de la Provincia y el Banco Credicoop.
Para el Centro cultural fue el inicio de las actividades por el cincuenta aniversario del golpe de estado.