Seguramente no haya tema que se nos ocurra más alejado de la matemática que el amor pero es precisamente a esta peculiar relación a lo que Hannah Fry dedica The Mathematics of Love (2015). La matemática, argumenta, es en última instancia el estudio de los patrones, que nos permiten “predecir fenómenos como el tiempo hasta el crecimiento de las ciudades, revelando desde las leyes del universo al comportamiento de las partículas subatómicas”. Que, pensándolo bien, tampoco son fenómenos particularmente ordenados o predecibles.
Desde la cantidad de parejas sexuales que tendremos en nuestra vida a la mejor forma de calcular a quién enviarle un mensaje en una app de citas, el amor, dice Fry, está lleno de patrones que “giran se retuercen se deforman y evolucionan tal y como lo hace el amor, y son todos patrones que la matemática puede describir”.
Al sumar uno más uno se obtiene en cada caso en cada encuentro en cada relación entre dos personas un número nuevo, una ecuación que jamás se había dado antes, una primicia. Por eso, dos personas que construyen una pareja fundan un universo. Para que la matemática amorosa funcione es necesario sumar verdaderamente sin garantía inicial sobre el resultado. Sólo así la experiencia de la pareja de viene un espacio de crecimiento y desarrollo inigualable para las dos personas que lo integran. Para ello es necesario trascender la etapa del enamoramiento que es una etapa de desconocimiento y encantamiento mutua para introducirse en el periodo del conocimiento.
El verdadero amor se desarrolla, parte una semilla, atraviesa luces y sombras, fructifican el tiempo, contrabajo, dedicación, presencia, paciencia, empatía y comprensión. Por tal motivo, para vivir con otro primero es necesario aprender a vivir con uno mismo.
Cuando sea tu mejor compañera o compañero el otro no será ni un lazarillo ni una muleta ni el relleno para tu vacío, sino a la mejor compañía en el más trascendente y maravilloso viaje de la vida.
Por último, chicas, antes de intentar cambiar al otro, es preferible cambiar de pareja. La existencia el alma gemela es un mito sólo las diferencias pueden generar, sostener y nutrir un amor profundo y creativo. Un amor que se nutre de dos seres únicos. No sientas por el otro no pienses por el otro, no adivines por el otro. Habla por ti, habla de ti, se responsable de tus acciones, de tu selección, de tus decisiones, de tus palabras, de tus silencios.
Decía Edward Frenkel, matemático y autor del libro “Amor y Matemáticas” “cuando alguien pregunta si existe una fórmula para el amor, mi respuesta es todas y cada una de las fórmulas que creamos son una fórmula del amor”.
De mujer a mujer, honro lo más sagrado en ti. ¡Hasta el próximo año!