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Rotary Club

Héroes de Malvinas

Recibieron reconocimientos por parte de autoridades rotarias y del Senado catamarqueño.

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2 de enero de 2022 - 01:05

Si un héroe es definido como una persona que se distingue por haber realizado una hazaña extraordinaria, sin duda los argentinos debemos concluir que nuestros héroes caminan a nuestro lado, aquellos que protagonizaron el acto más heroico enfrentando a una de las grandes potencias bélicas del mundo y sus aliados en guerra por las Islas Malvinas.

Los veteranos de guerra y caídos en aquella contienda bélica son la expresión más auténtica de lanobleza y grandeza del amor a la patria. Ellos son nuestros héroes invisibles, los que con lágrimasen los ojos reviven su inmenso dolor, su gran odisea, un sonoro y cruel recuerdo que hace vibrarcuerpo y alma.

Por ello es que se debe destacar y poner en valor toda vez que sea posible, la acción de estos,nuestros héroes. El Rotary Club San Fernando de Catamarca, que forma parte del Distrito 4851 de RotaryInternational, organizó recientemente, un sentido homenaje a los rotarios que participaron de aquel conflicto armado. Éste contó con la presencia de cuatro excombatientes de distintos puntos del país, rotarios ahora. Cada uno contó las estremecedoras historias que protagonizaron en aquel cruelenfrentamiento.

De la emotiva velada participaron además del Gobernador de Distrito 4851 de Rotary International Hugo Taboada, el residente provisorio del Senado Oscar Vera, quien seencontraba a cargo del Poder Ejecutivo Provincial en ese momento, autoridades y miembros dedistintos clubes rotarios de la región.

En ese marco, recibieron el reconocimiento Ramón Barrionuevo (Rotary Club San Fernando –Catamarca), Néstor Montero (Rotary Club Capilla del Monte – Córdoba), Mario José Puente(Rotary Club San Rafael – Mendoza) y Daniel Sosa (Rotary Club Las Varillas – Córdoba), quienescompartieron con los presentes sus historias.

Daniel Sosa fue el primero en hacer uso dela palabra para recodar aquellos momentos de los que no puede olvidarse. “Fueron sensacionesencontradas, por un lado, felicidad por saber que recuperábamos las islas, y el gran temor de ir auna guerra a mis 19 años. Recuerdo aquel 7 de abril que nos subieron a un avión Fokker a lamadrugada, y llegamos a Puerto Argentino en la Isla Soledad, apenas amanecía. Pasé tres días allíhasta que me llegó mi destino que fue en Bahía Zorro en la Isla Gran Malvina. Allí permanecí todoel tiempo que duró la guerra, sufriendo las peores experiencias de vida, pasando por ataquesdiurnos y nocturnos desde el 1 de mayo hasta el fin de la guerra 14 de junio de 1982”, recordó.

“Nuestro regimiento no entró en combate pero el día más triste de todos los que pasé allí, fue el20 de mayo, cuando enterré a mi compañero Jorge Daniel Ludueña, oriundo de mi ciudad. Fuimos4, volvimos 3. Hasta el día de hoy me pregunto porqué tuvo que ser así. Solo Dios sabe la respuesta. Lo dejó allá custodiando nuestras queridas Islas Malvinas”, reflexionó.

“Pasaron los días hasta que el 14 de junio que llegó la rendición, permanecí 3 días más comoprisionero en las Islas, luego nos embarcaron en el buque Norland, llegando el día 21 de junio a Puerto Madryn. Esa misma noche nos llevaron al cuartel. Aquí comienza una nueva vida, unanueva historia agradeciéndole a Dios por volver sano y salvo de esa crueldad que es la guerra yque no se lo deseo a nadie”, terminó.

Néstor José Monteros participó del conflicto del AtlánticoSur desde dos puntos de vista distintos a los de las demás fuerzas armadas.“La primera parte comienza a fines del año 80, luego de desempeñarme como Teniente Primeroen el Regimiento de Infantería Aerotransportado 2, en Córdoba, a pedido del Teniente CoronelMohamed Alí Seineldín junto con otros 4 colegas paracaidistas militares, pasamos a cumplirfunciones en el Regimiento de Infantería 25, en la Provincia de Chubut”, empezó relatando.

“En 1981, Seineldín nombró a cada uno de los Tenientes Primeros de ese momento como jefes de Compañía, advirtiéndoles que debían capacitar a sus oficiales, suboficiales ysoldados a su cargo, para la guerra, entonces, me designaron jefe de la Compañía de Infantería ‘A’, teniendo a mi cargo más de 200 militares. Luego, junto a otros 11 jefes y oficiales recibimosbajo juramento de honor, la orden preparatoria para la recuperación de las Islas Malvinas. Allícomenzó la otra historia”, reveló.

“El juramento se cumplió a rajatabla, aun en el ámbito familiar; las esposas e hijos, en su mayoríamuy cortos de edad, se enteraron de la acción bélica el mismo 2 de abril a las 8 horas, junto alresto de la ciudadanía. De allí que ese Regimiento de Infantería 25, junto con el Batallón deInfantería de Marina 5, fueron famosos y gloriosos porque tuvieron una adecuada preparaciónpsicológica y profesional y con el tiempo necesario de adecuar la maltrecha logística de las FuerzasArmadas de ese momento”, rememoró.

“Pisé tierra malvinera, el mismo 2 de abril, estando a cargo del primer avión Hércules C130 quearribó al aeropuerto de Puerto Argentino, y siendo el responsable de la ocupación, seguridad yfuncionamiento del aeropuerto. El bautismo de fuego llegó el 1 de mayo cuando estaba en lasposiciones de defensa del aeropuerto de la Isla, la Fuerza Aérea invasora inglesa, a las 4 de lamañana lanzó toneladas de bombas dejando inutilizado el aeropuerto en un 60%. Al mediodía, laflota inglesa irrumpió en un intenso fuego artillero. Pero eso no fue impedimento para amilanar lamoral de la tropa y para que los Hércules continuaran operando”, describió.

“Solo quiero decir que, los verdaderos y únicos héroes de la guerra, son los que quedaron en la tierra malvinera y en laplataforma marina, allí en las profundidades. Nosotros solo somos los testigos vivientes pararecordarles a los argentinos que las Malvinas son argentinas, y que hay custodios de la honraformando parte de la turba de Malvinas”, concluyó.

Mario Puente, después de 30 años, tuvo la oportunidad de volver a las Islas a correr una maratón internacional que le cambió la forma de pensar. “Aprendí a ser feliz,cuando aprendí a perdonar”, aseguró.“A 39 años, de la contienda bélica, recién ahora confieso sentirme en paz, paz que llegó despuésde identificar los cuerpos que quedaron en las islas. Siempre la pregunta de porqué no había paz,estaba presente, y me respondo a mí mismo y a quienes me preguntaban, que es porque nosabían dónde estaban los que quedaron en la isla, héroes que custodian ese pedazo de sueloargentino”, manifestó.

“Los años transcurridos desde el final de la guerra, no han sido fáciles, pasaron cosas inesperadas,distanciamientos familiares, incomprensión social, desempleo y abandono. A veces nos miramoslos veteranos y decimos: ¿Por qué volvimos? Lastimamos a mucha gente pero hay que seguir. Los excombatientes buscaban qué hacer para seguir, para distraerse, para sacar de sus cabezas esoscrueles recuerdos o al menos para pacificar sus vidas momentáneamente. En mi caso, encontréen correr, en la maratón, un motivo nuevo para seguir, y así fue que participé de una maratón en Malvinas, junto a excombatientes ingleses, a los que ahora llamo ‘hermanos’. Y me propuse volveren 2022 cuando se cumplan cuarenta años de la guerra”, expresó.

La actividad en la que tiene previsto participar se llama Stanley Marathon “Run for a reason” (Correr por una razón). Es evento un puramentedeportivo en el que se permitió la participación de excombatientes argentinos, que se corrió enmarzo del año 2012.

En cuanto a su reencuentro con las islas, expresó que “fue muy fuerte llegar a Malvinas, en una ciudad que cambió totalmente. Fue muy fuerte a pesar de que, psicológicamente, yo lo superé. Pero haymucha gente que está muy mal. Es algo muy fuerte encontrarte con tu enemigo peroprincipalmente encontrarte en el campo deportivo, donde el deporte derrumba todo tipo debarrera”, comentó.

“Es un orgullo haber podido volver, haber corrido en un campo de batalla del 82, estar con elenemigo y poder sentarme a charlar después de 30 años, pero fue sorprendente elacogimiento que tuvimos después de la maratón por parte de los isleños”, esgrimió.

Ramón Barrionuevo fue condecorado como “Héroe deGuerra”, por su heroica participación en la gesta de Malvinas, a bordo del Crucero GeneralBelgrano, que fue hundido por los ingleses.Ramón comenzó narrando aquella increíble historia de coraje que se conoció a partir de una fotoque recorrió el mundo, tomada por un marinero desde una balsa mientras aguardaban el rescate,donde se divisa a dos personas mientras se hundía el barco. Ellos eran el Capitán Héctor Bonzo y elmismo Ramón Barrionuevo. Contó sobre los últimos minutos en el barco y el diálogo mantenidoentre ellos en ese difícil y crucial momento: “‘¿Cómo no se arrojó todavía a las balsas? ¿Qué haceusted aquí si ya no queda nadie?’, me dijo el capitán Bonzo, a lo que yo le respondo: ‘¡No haytiempo, mi capitán! ¡Debe abandonar la nave!’. Yo estaba decidido a impedir que el capitán cumpla con la Ley Marinera de hundirse con su barco. Lo vi al capitán con esa actitud de irse a pique con el crucero y no lo iba a permitir”.

Enseñó aquella emblemática foto que recorrió el mundo dijo “yo soy esa figura que se ve en la foto, ahí en la cubierta. Le estaba inflando el chaleco salvavidas al capitán. Si el capitán no saltaba, seguramente íbamos a tener una larga discusión, yo no iba a dejar a micomandante solo en el Belgrano, porque lo que allí estábamos viviendo era el peor de los infiernos.A las 16.01 llegó el primer torpedo, el ruido fue tremendo, el crucero se sacudió, era como si elbarco se hubiese hundido debajo de mis pies. Yo en ese entonces, ya tenía 35 años y 14 de servicio; era experto en armamentos, supe que nos estaban torpedeando.Escuché los gritos de la gente que se estaba quemando. Bajé las escaleras desde la tercera cubierta y fui llevando conmigo a todos los tripulantes que encontraba en el camino. Veía elmiedo de los más jóvenes, intentaba mantener el orden. Era un infierno.No quisiera volver a ver nunca en mi vida, vi marineros quemados, se escuchaban gritos dedesesperación, con el capitán Bonzo recorrimos la cubierta hasta estar seguros de que no quedabanadie. Eran las 16.38 y el barco estaba muy escorado. La gente desde las balsas nos gritaba quesaltáramos al agua, que el crucero se hundía”.

Texto: Colaboración de Hugo Oscar Alaniz

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