La tradición andina no está escrita en libros pero su gente se encarga de mantenerla viva. Así, las costumbres fueron trasmitidas de generación a generación, a través de la palabra y de las historias. Hoy, con la tecnología y las redes sociales, esta tradición no sólo se visibiliza sino que además llega a otros lugares.
"De la Tierra hemos nacido y nos volveremos tierra"
En una charla con Revista Express, Pedro Ramos, director de Turismo de Antofagasta de la Sierra, comentó que el lunes 1 de agosto, la comunidad coya atacameña de Antofalla realizó, como todos los años, el tradicional ritual de la corpachada. “Desde que nací, ya hacían este ritual a la Pachamama. Siempre, en esta fecha, se hacen ofrendas a la Madre Tierra por lo que nos ayudó durante el año. También nos encomendamos para que el próximo año sea bueno. Como estamos en invierno, no podemos hacer cosechas. La preparación de la tierra y los cultivos andinos comienzan en agosto. Encomendamos a la tierra para que nuestros cultivos sean buenos para este año”, explicó.
En la zona de la comunidad, indicó, también tienen cultivos de hortalizas. A veces, cuando los veranos son “buenos” y la comunidad tiene cultivos de lechuga, zanahoria, acelga o perejil. En Antofalla con los cultivos andinos se cosecha ajo, habas, maíz, quinoa y papa andina. En los últimos años, se plantaron duraznos. “Desde finales del Siglo XVIII tenemos varios tipos de manzana. Es amarilla, un poco agridulce; no es la manzana deliciosa”, contó.
Año a año, al realizar la corpachada, Pedro aseguró que siempre sus pedidos son aceptados. “Tuvimos qué comer. Años anteriores, desde que tengo conocimiento, hemos trabajo la tierra, hemos sembrado. Todo lo que se sembraba era para la subsistencia, para tener para todo el año. Siempre se mantuvo. Por esta razón, se siguen conservando los rituales a la tierra porque dependemos de ella”, expresó.
El rito
Sobre el ritual de la corpachada, el director explicó que se hace una decoración para la Pachamama, en un conjunto de piedras de colores, con hilos de colores. La vestimenta es ropa de lana, que usaban sus antepasados. Los niños también participan; ellos llevan los papines en crudo. “Todo lo que nosotros producimos lo llevamos y lo ofrendamos a la tierra. Después de hace alguna comida típica del lugar, como un locro o un asado. Se va invitando a la tierra. Después se pone la bebida. La bebida típica del lugar es el alcohol y la harina cocida. Luego se pone todo, siempre bebida fuerte y el cigarrillo y la hoja de coca. Se selecciona todo cuidadosamente”, detalló.
Si bien la costumbre de mantiene, a la vez, en alguna ocasión, hubo un “choque” cultural. Prueba de ello, fue la llegada del cristianismo.
Si bien la corpachada se mantuvo, algunas comunidades registran un pequeño detalle. “Con la llegada del catolicismo se agregó algo. Si se presta atención, algunos se persignan antes de corpachar. Se va mezclando pero poco. Hay un choque de culturas”, advirtió.
Trascendencia
La tradición de la corpachada de transmite verbalmente, de generación a generación. Si bien casi siempre se mantiene, a veces se puede agregar algo, remarcó Pedro.
En los últimos años, las corpachadas se fueron visibilizando y ocupando un lugar las agendas de los medios, que transmiten este ritual a la Pachamama. “Como originarios, es muy bueno para nosotros. Nuestros abuelos nos decían “de la tierra hemos nacido y nos volveremos tierra. Es como la madre que nos da de todo, que nos alimenta y después nos lleva. Eso es bueno, siempre y cuando se lo haga con fe”, aclaró.
A la vez, consideró muy interesante que haya trascendido. “Es nuestra cultura”, señaló. A la vez, recordó que había viajado a Salta a estudiar. Allí, pudo ver que la mayoría de la gente invitaba a las corpachadas en la misma ciudad Capital. Recordó que hacían sus propias corpachadas y cada familia invitaba a participar de ellas.
Pese al paso del tiempo, la modernidad y las nuevas tecnologías podrían ser aliadas para conservar esta tradición. “A través de los medios, de las redes sociales y por el uso del teléfono celular es más fácil de difundir. Nuestra idea es ir preparando algún registro para ir dejando. Somos descendientes. Muchas veces, no hace falta que nos enseñen. Nuestro instinto mismo hace que empecemos a hacer lo que ellos hacían, tal vez, con una pequeña ayuda de nuestros abuelos para ver si estamos haciendo bien o mal. Puede haber personas en la comunidad que quizá no hagan el ritual. El ritual lo realiza la gente que tiene interés y el instinto de hacerlo. Es una cuestión de fe”, comentó.
Fotos: Ariel Pacheco
Texto: Basi Velázquez