Tan solo una de cada cinco personas afirma que se sienten plenamente felices. Sentirnos bien cada día es el objetivo de todos nosotros. ¿Cómo gestionar nuestras emociones, nuestros vínculos y tener una buena calidad de vida emocional? Se lo consultamos a la terapeuta Anna Fedullo, quien se define como una mujer que atravesó por situaciones difíciles y fue buscando en su interior nuevas formas de ver lo mismo. Así logró el éxito y allí le nace la idea de compartir la experiencia de su nueva forma de vida que consiste en “desaprender”, el cual es un camino doloroso.
Todos somos luces y sombras. Cuando vemos nuestras sombras que no nos gustan, hay que poder verlas desde un lugar diferente, dándonos cuenta de que hacemos lo mejor que podemos desde un lugar distinto. La felicidad es una plataforma emocional que nos sostiene siempre aún en los momentos difíciles. Podemos estar tristes pero felices al mismo tiempo porque sabemos que hay algo más grande. La felicidad es paz interior y fe.
Para mantenerse feliz hay que encontrar sentido a la vida. Ese que nos hace despertar cada mañana más allá que hay días mejores y peores. Transgeneracionalmente, las mujeres venimos con mucha carga. Hoy hay una transformación de nuevos roles y lugares que ocupar. La sugerencia es organizarnos, el orden lógico de cómo hacerlo es muy importante y nos permite disfrutar de todo. Que nadie ni nada nos quite esa posibilidad.
También debemos fortalecer el merecimiento y actuar en consecuencia.
De la misma manera trabajar el amor propio. Respetarse uno mismo para que llegue el buen amor. Desde el auto respeto tienen que estar basadas mis decisiones y mis elecciones. No esperemos a que el otro cambie; ese es un gran error que muchas veces nos cuesta la vida.
Es importante darse el lugar. Saber que me merezco y que teniendo las bases sentadas nos hace más seguras en qué deseo para mi presente y futuro. Saber poner a tiempo límites amorosos; con firmeza y amor te digo que no. Aparece la ausencia de límites también cuando los hijos toman el mando, el Síndrome del Emperador, actitud o maltrato de los hijos hacia los padres. Entonces, también hay que aplicar el no. Caso contrario, el vínculo se desnaturaliza. La violencia se apodera de la escena.
Para concluir la charla, Anna nos deja una sugerencia. “Auto conocer qué está impuesto en mí y que es elección mía. Si veo que hay muchas cosas impuestas, es hora de transformarme y pensar quién quiero ser”, expresó.
De mujer a mujer, honro lo más sagrado en ti. ¡Hasta el próximo domingo!