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"Chancalay", un ser de luz

Martín Borda, un estudiante de Locución del IES Estanislao Maldones, realizó una fantástica crónica para la cátedra Investigación y redacción periodística.

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2 de enero de 2022 - 01:00

En el día de hoy decidí escribir una crónica para la carrera de Locución. El punto era cronicar sobre algo o alguien importante. Se me encendió esa famosa bombilla, cuando tenemos una idea. Me puse a reflexionar y llegó el protagonista que le daría vida a esta crónica: “Chancalay”. Me dispuse a averiguar todo sobre él, lo llamé a su hermano Álvaro Barrionuevo y dialogué con sus amigos, quienes aún lo recuerdan.

José Barrionuevo, mi querido amigo José, conocido como “Chancalay”, una persona que vivió en Valle Viejo. Él anduvo de aquí para allá recorriendo las calles del Valle Central. A él le gustaba compartir sus charlas con cualquier persona; siempre estaba presente en eventos culturales y deportivos. Su apariencia lo mostraba, siempre bien peinado, con camisa y pantalón de vestir y zapatos brillantes. En relación con los zapatos, Picasso decía: “dame el zapato y dibujaré a la persona”.

Su voz, un poco ronca, lo identificaba en su diálogo cotidiano o al trabajar en las calles con publicidades de comercios de la zona… pero hasta me parece que aún puedo verlo repartiendo folletos. “Chancalay” era atento, respetuoso y ocurrente. Despertaba agradecimientos y sonrisas en las chicas al decirles por ejemplo: “¡te queda hermosa esa vestimenta!”, “¡qué bella te ves hoy!”, “¡qué lindo corte de pelo!”.

Preguntando entre conocidos y allegados, descubrí cuánto lo extraña la gente porque todos coinciden y comentan: “Su figura era parte del paisaje de Valle Viejo, ¡cómo olvidarlo!”. Su hermano Álvaro me contó algunos detalles sobre la vida de José “Chancalay”. Vivió un tiempo en Córdoba, después se mudó a Tucumán y más tarde llegó con su familia a Catamarca.

“Chanca” vivía en Villa Dolores. Si recorrés la zona, te vas a encontrar con una casona grande; la podemos describir como una típica casa de campo que está en una esquina, muy amplia construida de adobe y además, contaba con viñedos, varias plantas y un patio grande. Era una casa abierta.

A lo largo del tiempo, “Chanca” tuvo varios oficios. Fue canillita, repartiendo diarios locales; en un tiempo también fue DJ y en épocas electorales, con remera alusiva y folletos en mano, hizo publicidades para partidos políticos… ¡Ah y casi me olvido! También doblaba cajas para una pollería. Mi querido “Chanca” era un personaje que se enteraba de todo. Si había ocurrido un accidente de tránsito, si la policía llegaba a un lugar o de cualquier otro suceso fuera de lo común, seguramente él lo sabía antes que todos los demás.

¿Ustedes sabían que él soñaba con ser locutor? Solía imitar a Luis Rodríguez, a Pablo Orellana y a Jorge Álvarez, las voces referentes de Radio Valle Viejo. “Chanca” tenía un centro musical que funcionaba con caseteras, dos parlantes grandes los que solía poner muy pero muy fuertes y jugaba a ser locutor. ¡A él sí que le encantaba la radio! Amante de la música, especialmente del cuarteto, música con la que se identificaba, ya que él decía ser cordobés. Sus ídolos musicales eran La Mona, Rodrigo y Tru-la-lá, entre otros artistas del mundo del cuarteto. Le gustaba ir a “La Casona” que está en San Antonio. Tenía entrada gratis muy bien ganada porque realizaba la publicidad de los artistas que se presentaban en el lugar.

A este personaje tan simpático le gustaba caminar por todos lados. Siempre lo podíamos ver por Tres Puentes, cantando la tradicional Marcha Peronista. Al respecto, su hermano Álvaro rememoró una anécdota. “En un acto eleccionario, José fue a emitir su voto en la escuela de Villa Dolores más conocida como ‘la escuela de la Villa’.En el trayecto, él iba tarareando la marcha peronista y un vecino le dijo; ahí viene “el voto cantado” porque su fanatismo político no era un secreto para nadie. Muchos vecinos de Valle Viejo recuerdan que se quedaba en la escuela hasta que todo el acto eleccionario terminara, él era un fanático de la política en todas sus expresiones”.

A pesar de su cuerpo de grande y un poco de mente de niño, nunca lo íbamos a ver mal. Al pasar el tiempo, llegó la época de la pandemia lo que le afectó significativamente, por así decirlo, porque ya no podía salir a caminar como acostumbraba, ni conversar con su gente, con su pueblo. Su salud también lo tenía a mal traer en los últimos tiempos porque padecía de un problema al corazón y algunas veces no tomaba sus pastillas.Su hermano Álvaro me comentó que no le gustaba ir al médico a hacerse sus estudios porque a él lo ponía mal,pero a pesar de eso él vivía una vida normal como vos, como yo… A “Chanca” le encantaba la cerveza y la comida chatarra, lo que lo mantenía saludable era lo mucho que caminaba por su Valle Viejo querido. Hasta el final de sus días estuvo muy feliz; era una persona que estaba para las buenas causas, amaba a su Valle Viejo y siempre lo podías encontrar relatando sus historias, sus andanzas…

Como a todos nos va a llegar un día… Un 11 de mayo, muy gris, la muerte se puso al frente de los inocentes ojos de Chanca. Valle Viejo lloró su partida; la noticia de su deceso causó un inmenso dolor para todos y hasta las redes sociales se hicieron eco de su partida. Algunos usuarios publicaron comentarios como “se nos fue nuestro amigo Chancalay”, “tan caballero y alegre, un ser de luz excepcional…”. Muchos destacaban que Chanca fue ese personaje que todos identificábamos por la inocencia con la que nació, por la alegría con la que vivió y por la picardía que le enseñó la calle. Nadie va a olvidar cuando anunciaba a viva voz, la realización de un evento, la publicidad de un comercio y/o hasta una opinión política.Hay quienes le dedicaron versos en su memoria, como la poesía de Paco Uriarte que lo describe así: “Personaje de Las Chacras, de proverbial simpatía; ya no andará en estas calles donde dejó su alegría (…) así dejó su recuerdo el amigo Chancalay”.

Y hoy, a más de un año de su triste partida, las calles de Valle Viejo extrañan su andar, su voz, su risa… esta es la magia de los personajes que dejan su impronta en la memoria de quienes tuvimos la dicha de conocerlos, se convierten en leyendas e historias que se transmiten de generación en generación y que perdurarán en el tiempo a través de esta tradición sublime.

Texto: Colaboración de Ángeles Berrondo

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