¿Es posible enamorarse de una tierra? ¿Qué hace tan especiales a algunos lugares? Quizás alcanza con escuchar a Laura Torres, una peluquera de Ángel Etcheverry, un pueblo en La Plata, provincia de Buenos Aires, que un día conoció Catamarca y le declaró amor eterno. Laura administra el grupo “Locos por Catamarca” en Facebook, que hoy cuenta con casi 85.000 integrantes que lo consultan permanentemente para conocer información turística o compartir sus experiencias.
Catamarca para compartir
“Soy Laura Torres, quiero contarles que soy de Buenos Aires, La Plata, pero me enamoré de Catamarca. Es mi provincia preferida, en ella encontré muy buenos amigos y su bello paisaje me llena el alma. Mi lugar en el mundo es Antofagasta de la Sierra, ojalá se sientan cómodos en este espacio, pueden publicar fotos relativas a los paisajes, compartir datos y contarnos sus experiencias por los caminos de esta hermosa provincia”. Así, sin más preámbulos, inició en enero de 2015 el grupo de Facebook que se volvería luego tan popular.
En diálogo con Revista Express, Laura contó que su amor por Catamarca empezó incluso mucho antes, cuando la conoció junto a su esposo. “Me enamoré de Catamarca allá por el año 2010, cuando empecé a despegarme de mis hijos y disfrutar con mi marido de otros paisajes. Siempre desde la primaria me llamaba la atención en el mapa, entonces vi un punto solito en medio de la nada y ahí quise llegar”, recordó.
“No tenía ninguna experiencia ni conocía nada de lugares tan lejos, entonces Google me ayudó a conocer y me conectó con ‘Locos por la Puna’, un grupo fabuloso de Facebook. Gracias a ellos, por medio de datos de rutas y viendo imágenes, me enamoré de Antofagasta de la Sierra: ese era el punto en el mapa al cual yo quería llegar”, contó Laura.
Sin embargo, aquella primera visita no fue tan positiva. “Me descompensó la altura, así que al otro día emprendimos la vuelta a Buenos Aires, pero pasando por otras localidades de Catamarca. Desde ese día no pude sacarme más a Catamarca de mi corazón”, explicó. Sin embargo, recuerda que de aquel viaje no prestó tanta atención a los nombres de los lugares y los caminos, cosa que empezó a hacer en cada viaje que hizo después de aquel primer encuentro. Años más tarde, en 2014, fallecería su esposo en un accidente, pero los nuevos viajes nunca los hizo sola.
“Volví varias veces más, llevando familia y amigos. Llevé donaciones en micro y también en camioneta, como sea siempre a la puna de Catamarca. Me enamoré del silencio, del perfume, del aire de esta provincia. En mi primer viaje me sorprendí de cómo jugaban unos chicos, así que me propuse volver con algunos juguetes y lo hice. En el segundo viaje fui con la camioneta cargada de peluches y juguetes, caramelos, llevé y repartimos todo en la plaza en Antofagasta de la Sierra, y me puse a conversar con la gente, que me contaba las cosas que necesitaba. Para mi tercer viaje fui con dos camionetas: en una iba yo, y en otra unos amigos”, contó.
“Catamarca tiene todo, me enamoró Antofagasta de la Sierra y para mí es especial, pero todo me encanta. Siempre que puedo vuelvo, llegué a ir dos veces por año. Ahora vendo pasajes para una agencia y cuando logro un liberado, voy de nuevo”, explicó Laura, que trabaja como peluquera en su pueblo.
En ese tercer viaje a Antofagasta de la Sierra pasó por una casa de artesanías, de donde quiso llevar unos recuerdos y terminó llevándose el afecto de una familia. “Me atendió un chico que me invitó a firmar un libro de visitas, nos sacamos una foto, hablamos de algunas cosas y quedé en que lo iba a ayudar. Me olvidé de preguntarle bien su nombre, entonces cuando me contacté llegué primero a otra persona, hasta que así llegué a contactarme con Víctor Vázquez. Nos vimos en otro viaje, él quería estudiar en el Ejército en Buenos Aires, pero yo no lo podía ayudar. Hoy estudia nutrición (en Catamarca Capital), está muy bien y lo considero mi hijo de corazón”, recordó.
Antes de crear “Locos por Catamarca”, Laura fue administradora de “Locos por la Puna”. “Yo quería mostrar todo lo que conocí de Catamarca en redes, para que la conozcan, pero en el grupo de la Puna solo se podía mostrar Antofagasta. Entonces dije: ‘tengo que hacer yo un grupo donde podamos mostrar los paisajes de otras localidades, datos, rutas, estado del camino, lugares para hospedarse. Es tan importante tener ayuda para llegar a lugares con poca publicidad, que en el 2015 hice el grupo Locos por Catamarca”, explicó.
“No me imaginaba que llegara a tener tantos miembros. Incluso los primeros fueron agregados por mí casi a la fuerza”, se ríe Laura, cuando recuerda que lo empezó con amigos que son de Catamarca, que la acompañaron cuando falleció su esposo.
“Apenas sabía de internet en esos años, pero mi primer amigo fue Blas. Él me dijo: ‘te voy a ayudar a que sea menos tu pena’. Él sabía que me gustaba la fotografía, entonces me agregó al grupo de Fotógrafos Aficionados de Catamarca. Yo era la única de otra provincia, así que viajé a Catamarca a conocerlos. Les agradezco de corazón a todos ellos por aceptarme”, contó.
¿Cómo fue ese primer encuentro? Laura no sabía cómo llegar a Catamarca y un integrante del grupo Locos por la Puna le propuso acompañarla. “Pero me propuso ir en avión, y yo nunca me había subido y además me daba mucha vergüenza contarles a mis hijos que me iba con un muchacho que no conocía más que por internet. Mis hijos me apoyaron, él me hizo todos los papeles y cuando llegué me encontré con dos amigos en el Aeropuerto. Los conocía por internet pero ese primer abrazo fue tan cariñoso que me sentí como en mi casa. Me invitaron a la Catedral y cuando salimos estaban todos los fotógrafos esperándome a mí, que no soy nadie, que no me conocían, para recibirme”, recordó.
Hoy “Locos por Catamarca” tiene casi 85.000 miembros. “El grupo me ayudó a seguir viviendo. Vivo pendiente de él, mis horas y mis días están dentro del grupo. Creo que hice bien en hacerlo, porque es la manera de ayudar a los turistas a que se animen a conocer Catamarca. Sé que no soy nadie, no soy famosa y no recibo nada a cambio por mantener el grupo, salvo palabras de cariño y agradecimiento, que es bastante”, dijo Laura.
Igualmente, administrar un grupo con tanta gente es complicado. “El grupo sirve para promocionar, yo no gano nada, pero muchas veces algunos se molestan porque no se publican cuestiones de hospedajes o guías, pero lo hacemos porque tuvimos problemas con algunos que se aprovechan de la confianza para estafar a la gente. Eso me hizo querer cerrar el grupo, pero solamente lo suspendí unas horas. Como todo eso me empezó a exceder, me sugirieron incorporar otros administradores y fue difícil porque no quería poner a cualquiera, pensé en algunas personas que no quisieron, otras tenían intereses políticos y prefiero dejarlos al margen, así que quienes administran el grupo son personas que no conozco, pero siento que son como yo”, finalizó.
Texto: Peze Soria
Fotos: Gentileza Laura Torres