Fernando y Adán administran la emblemática Casa Villafáñez, que fue construida por sus abuelos y hace cien años recibió a sus primeros turistas. Hoy marcan el camino para que la cuarta generación sostenga el trabajo de la familia. En el medio, el trágico alud amenazó con quitarles todo: "Hoy la gente nos llena de palabras de aliento".
Jacobo Fernando Villafáñez y María Antonia Cardozo construyeron Casa Villafáñez incluso antes de que la ruta llegara hasta su puerta. Organizaron cabalgatas antes de que se convirtieran en una excursión turística. Y recibieron, hace cien años, a sus primeros turistas.
El primer registro de pasajeros lo hicieron Jacobo y Antonia, con fecha del 12 de enero de 1922. Aquellos primeros huéspedes fueron los miembros de una familia de apellido Martín o Martínez, un dato que hoy no pueden precisar porque la letra se volvió ilegible en esos viejosdocumentos.
“A esta casa se llegaba por sendero, porque se construyó antes que el camino. Después el camino de la ruta se marcó por el sendero”, contó Fernando, nieto de Jacobo y Antonia, que hoy administra la Casa junto a su hermano Adán. Incluso el primer surtidor de combustible llegó después y se ubicó frente a la casona.
La Casa Villafáñez, que con eltiempo se convirtió en parada obligada para los que visitan El Rodeo, fue pionera en muchos servicios. “Fue la primera panadería, después tuvo un telecentro, tuvimos videojuegos, tuvimos carpintería, fue una casa de ramos generales, como se decía en ese momento”, recordó Fernando en diálogo con Revista Express.
Don Jacobo incluso fue pionero en las excursiones turísticas, y partía a caballo con los huéspedes hacia el Puesto del Río, según contó Mariela, quien también colabora con sus hermanos en las redes sociales de la Casa.
La tradicional casona ubicada sobre la ruta provincial Nº4 fue históricamente lugar de reuniones sociales, por mucho tiempo muchas familias festejaron bautismos, cumpleaños y casamientos. “Hoy todavía hay gente que tiene 70 u 80 años y viene a recordar su juventud, sus visitas, su luna de miel”, rememoró.También fue epicentro, en algunas oportunidades, de reuniones políticas, lanzamientos de campaña y eventos deportivos como la histórica Trepada a El Rodeo, que se culminaba en la Casa.
Sin embargo, un lugar tan tradicional como Casa Villafáñez no podía no estar directamente emparentado con otro punto emblemático de la villa ambateña como es el Cristo Redentor.
Cuenta la historia que Antonia Cardozo de Villafáñez fue quien impulsó la obra, porque quiso cumplir el sueño de su difunto esposo de construir una imagen sobre el cerro. Por eso el autor de tan reconocida escultura se alojó en la Casa.Roberto Baduna (y no Reynaldo, como se consignó erróneamente en una ley en la que se la declaró como patrimonio cultural) se hospedó en Casa Villafáñez y fue en esos patios donde se dibujó y se diseñó su primer bosquejo. Fue también en la Casa donde se construyó toda su estructura de hierro y se hicieron algunas de las partes de cemento que luego se colocaron en el cerro, y fue Doña Antonia la que se encargó en muchas veces de conseguir los fondos para concretarla. El Cristo se inauguró el 4 de septiembre de 1966, unos meses antes de que la Casa cumpliera 55 años.
Después de Don Jacobo y Doña Antonia, la Casa fue administrada por sus hijos, y hoy por Adán y Fernando, sus nietos, quienes ya le marcan el camino a sus hijos: serán la cuarta generación al frente de este emprendimiento.
23 de enero de 2014
El trágico alud significó un antes y después para El Rodeo, ytambién lo fue para la Casa, que quedó cubierta de barro y enormes piedras. “Lo sufrimos, como mucha gente acá. En ese momento funcionaba con el comedor, y nos costó mucho reconstruirla”, explicó Fernando.
“Después del alud nos plantearon la reubicación. Nos parecía muy doloroso y luchamos para seguir estando en este lugar. Aún no sentimos la seguridad, porque los trabajos del río y el puente no se hacen y sigue todo igual. Al río hay que respetarlo, no hay que entorpecer el cauce”, reflexionó.
Por eso costó su reconstrucción, pero también “nos costó mucho superar el miedo y el temor”. “Lo hicimos con mucha fe en Dios y de apoco fuimos recuperando el equipamiento y las cosas. Hoy podemos decir que salimos adelante, estamos luchándola a pulmón, esperando que se concreten algunas promesas que nos hicieron. Pero no solo a la Casa, sino todo El Rodeo”, contó.
“La gente que nos visita y nuestros clientes siempre tienen palabras de aliento. Nos respondieron muy satisfactoriamente cuando volvimos, nos dieron sugerencias y opiniones y vamos a tratar de hacerlas. Hemos festejado cumpleaños, recuperamos un poco de la esencia y acá nos acompañan desde las 7hs con el desayuno hasta la medianoche con la cena”, agradeció Fernando.
En este retorno, la Casa reabrió la panadería. “Ha sido una vuelta muy exitosa. No tenemos todo, pero con lo poco que pudimos recuperar encaramos esto”, remarcó. Es que allí trabaja todo un grupo familiar, integrado por diez personas, más otros cuatro o cinco colaboradores fieles. La Casa promete abrir todo el año: será todos los días hasta Semana Santa, y a partir de allí se analizará.