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ACROBACIAS EN TELA

Belleza en el aire

En 2018, "Carito" Acevedo cumplió su sueño y abrió la primera Escuela de Acrobacias. Hoy tiene más de 70 inscriptos, entre niños de tres años y adultos de 60.

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22 de mayo de 2022 - 01:05

Lo que comenzó con un viaje terminó en un proyecto, un desafío y un sueño cumplido. Desde 2018, Catamarca tiene la Escuela de Acrobacias, un espacio para volar, de aprendizaje, actividad corporal y de acompañamiento. Carolina “Carito” Acevedo es la soñadora que concretó este proyecto junto con su pareja Nicolás Armando. A la par, un grupo de profesores se dedican de lleno para dar clases.

En una charla con Revista Express, “Carito” contó que el proyecto comenzó en 2009, cuando realizó un viaje en el sur del país. “Estuve en uno de los Siete Lagos, con una amiga. Veo unas chicas, colgadas de los árboles, con unas telas divinas. Esto es espectacular, pensé. Nunca lo había visto antes. Descubro esta actividad. Me hago amiga de estas chicas y comenzamos a coincidir en distintos lugares donde viajábamos. Me enseñaron las nociones básicas de lo que es hacer telas. En ese momento no podía ni subirme a la tela; era todo un desafío para mí. Tuve que entrenar para aprender. Nunca se me cruzó por la cabeza, en ese momento, hacer una escuela de acrobacias. Solamente, quería aprender a hacer telas; éste era mi objetivo. Empiezo a realizar distintos talleres y a entrenar. Viajé a varios lugares del mundo, donde tomé seminarios y cursos”, recordó.

Cada vez, “Carito” quería aprender más. Empezó a cursar capacitaciones y seminarios sobre acrobacias aéreas. Al hacer tela, empezó a perfeccionarse en el aro acrobático y en el trapecio. “Fue como un desarrollo escénico y motor en el desarrollo acrobático”, remarcó. Toda esta propuesta se convirtió en una forma de vida. Luego, fue el turno de enseñar. Las primeras clases que dio fueron en la Escuela de Gimnasia Artística, junto con Rodolfo Díaz, a quien “Carito” está muy agradecida por haberle brindado el espacio.

“Con él empezamos las primeras clases de acrobacia. Me perfeccioné en la enseñanza de acrobacias aéreas. Una cosa es hacer telas y acrobacias y distinto es poder trasladar y enseñar a un grupo de personas y ofrecerles un entrenamiento completo y de calidad, para desarrollar sus potencialidades y hagan lo que les gusta, de manera cuidada y profesional. Con los años hice cursos de pedagogía infantil, sobre cómo enseñar acrobacias a los niños. Es una propuesta bastante interesante. En nuestra escuelita tenemos a un montón de niños que asisten. Estamos muy orgullosos”, contó.

Un rinconcito

Como en todo emprendimiento, el espacio propio es fundamental. “Carito” quería abrir su propio espacio, pese a todo lo que implica invertir y armar un proyecto. “Mi pareja Nicolás Armando me apoyó para armar la Escuela de Acrobacias, un espacio propio, solamente para acrobacias, con más horarios”, indicó.

Tras su paso por la Escuela de Gimnasia Artística, en 2018 pudo dar el salto cuántico para alcanzar su meta. “Conseguimos un lugar y comenzamos a acondicionarlo. Queríamos un espacio solamente para las acrobacias aéreas, donde se den clases que complementen esta actividad. Así comenzó nuestro sueño. Cada pared está pintada por nosotros; pusimos todos los elementos nosotros mismos. Es una actividad privada autogestionada con mucho amor, trabajo y esfuerzo. Empezamos con un pequeño tinglado, que no tenía demasiada altura, pero podíamos dar clases y comenzar con las nociones básicas de acrobacia. Tal vez, algunas figuras, secuenciasy caídas no se podían hacer porque no teníamos demasiada altura. La escuelita se llena de niños y de personas de todas las edades. Es un lugar hermoso, un espacio de contención. La energía que se maneja en la escuelita es mágica, maravillosa. La gente va contenta”, comentó.

Sobre el proyecto, detalló que la idea era montar una estructura al aire libre, que tenga más de siete metros de altura. En un principio, no sabían si lo iban a poder lograr porque implicaba una inversión bastante grande. Además de las telas, se trabaja con aro acrobático, trapecios y con un muro de escalada, un complemento fantástico para entrenar. También se enseña acroyoga, yoga tradicional, estiramiento.

“Seguimos dando clases. Queríamos hacer esta estructura, aunque aún no la podíamos realizar. Soy madre, acróbata y tengo otro trabajo. Me doy vuelta como puedo”, aseguró, con una sonrisa.

En un principio, se iba a armar una estructura pequeña. “Carito” y Nicolás sabían que querían hacer una estructura especial, para colgar acróbatas, con gente suspendida en el aire. “La empresa Cat Estructuras nos dio todas las facilidades, vinieron a ver y nos escucharon. El dueño llegó un día en el que estaba lleno el grupo de los niños. Le encantó la escuelita y le gustó la idea. Comenzamos a armar esta estructura, la primera de la provincia, pensada para acrobacias aéreas. Se programó y se puso en consideración todo lo necesario para que haya gente suspendida en el aire, con la seguridad que implica, con los requerimientos que sea una estructura que soporte el peso y los movimientos y la fuerza G que se genera. Pensamos en cada detalle y pudimos armar esta hermosa estructura. Pueden colgarse más de 20 personas al mismo tiempo. Está pensada solamente para acrobacias”, explicó.

Cuando compartieron con alumnos la noticia de armar esta estructura para poder ampliar el espacio, “se volvieron locos de contentos”. “Carito” recordó que la empresa estaba soldando las últimas partes de la estructura y apenas terminaron colgaron un par de telas para probar. “Todos los alumnos estaban subidos, contentos y felices. Fue una fiesta”, contó.

Con un nuevo espacio y las nuevas instalaciones, la escuelita –así la llama “Carito”- duplicó su capacidad; más gente se interesó por las clases. “La estructura es muy linda y se puede hacer al aire libre. Todo esto generó una linda energía”, valoró.

La pandemia de COVID-19 no pasó desapercibida en este espacio. Sin embargo, contar con un espacio al aire libre propició que se pueda hacer la actividad tranquilamente. “Era más fácil para poder dar clases. Hoy contamos con dos estructuras: una interior y otra exterior”, remarcó.

Aprender jugando

Con los años de enseñanza y la escuela propia, no solo se hace esta actividad, aclaró. La Escuela de Acrobacias también creó un espacio de contención para las infancias, adolescentes y adultos. “Tuvimos alumnos con diferentes problemáticas. Los ayudamos y tratamos de sacarlos adelante, por medio de las acrobacias. Se convirtió en un espacio donde las familias están presentes. Los padres van y disfrutan de ver a sus niños haciendo la actividad. Es una gran familia. Todos los padres ofrecen apoyo. Con nuestras clases, además del conocimiento de las acrobacias aéreas y de las ramas escénicas, buscamos que tengan una perspectiva integral del entrenamiento y una pluralidad de saber básicos conceptuales. Esto ayuda a la formación, a la contención y a abrir el horizonte de intereses. Es bueno porque se hacen telas y también varias actividades relacionadas que hacen al entrenamiento integral”, explicó.

Con su experiencia como entrenadora, “Carito” notó que no solo se debe enseñar cómo subir a la tela. También se debe acompañar, escuchar y preguntar para conocerlo y saber sus potencialidades. “Muchos alumnos vienen con miedo a las alturas. Tal vez de fondo haya algún problema. Se debe ver cómo sacar los miedos para que cada uno florezca y saque sus virtudes y las potencie. La metodología es dar todas las herramientas necesarias para que puedan subirse a la tela y hacer todas las figuras, secuencias y los movimientos dinámicos y estáticos. La premisa fundamental es que todos lo pueden hacer. No hay ningún condicionante para no realizar la actividad. Para nosotros no hay ningún impedimento especial. A medida que van avanzado las clases, se enseñan diferentes técnicas para progresar”, indicó.

A la vez, destacó que no hay límites de edad; todos pueden aprender. Ese año, la escuelita inició con el grupo mini kids, con niños de tres y cinco años. Abrir este espacio para niños muy pequeños era una demanda. “Se enseña desde el juego; aprenden jugando. Hay clases para niños y adolescentes. No hay límite de edad. Tuvimos alumnos de 40 y de 60 años”, precisó.

La entrenadora comentó que se trata de un proceso de aprendizaje fantástico porque es creativo y atlético; despierta todos los sentidos, la percepción y la belleza de los movimientos. “Es un entrenamiento muy completo. El cuerpo comienza a experimentar diferentes movimientos que nunca antes había realizado. Propiciamos el espacio de juego”, aseguró.

El esfuerzo da sus frutos. El año pasado, para el cierre, en la escuelita se realizó un show con más de 200 personas como espectadoras. Las telas dieron el toque de color. Además, durante el año son invitados a participar en distintos eventos y shows para mostrar las acrobacias.

“Nuestro logo es un colibrí de origami, que simboliza la libertad, estar en el aire, volar. Refiere a la acrobacia. Nos vemos volando y el colibrí nos representa. ‘Este lugar es una fiesta, un cumpleaños’, dicen los niños cuando llegan. Me quedo con esto”, expresó.

Agenda Dirección: Pérez de Hoyos 1350 (a media cuadra de EC SAPEM) Redes sociales: Instagram acrobaciasentelas. Facebook: Acrobacias en Telas Catamarca Teléfono 383-4667493 Agenda Dirección: Pérez de Hoyos 1350 (a media cuadra de EC SAPEM) Redes sociales: Instagram acrobaciasentelas. Facebook: Acrobacias en Telas Catamarca Teléfono 383-4667493

El origen

La acrobacia en tela que se conoce como tal, data desde hace 20 o 30 años, y en Argentina a principios del siglo XXI. Sin embargo, hay que remontarse a los inicios del circo para entenderlo mejor. Las raíces de la tela acrobática se centraron en esta parte oriental del mundo. En China, hace más de 2000 años, los “troupes”, un grupo de artistas que trabajan juntos, utilizaban en sus juegos toda clase de objetos, como armas marciales, juguetes e incluso utensilios domésticos.

La danza aérea proviene de un tipo de yoga utilizado por yoguis orientales, quienes representaban la Filosofía de la Respiración. Se usaban sogas, llamadas Cuerda de la India, para colgarse de ellas a una gran altura y realizar posiciones de cualquier forma. Como punto importante, hacían esta actividad como forma de meditación, una conexión de cuerpo y mente. Además, al representar la Filosofía, se adhiere al motivo religioso.

A finales del Siglo XX, André Simard entró en escena. Simard proviene del mundo del deporte como gimnasta de élite, del mundo artístico como estudiante de bellas artes y del mundo de las artes circenses como profesor e innovador. Gracias a sus tres experiencias diferentes, combinó el trapecio volante con las actividades de los yoguis orientales y la danza moderna. Hacia los ’90, André finalizó su carrera como deportista de élite y se dedicó al montaje y realización de espectáculos acrobáticos dentro del mundo circense, colaborando de forma especial en la Escuela de Circo de Montreal y en el famoso Cirque du Soleil. Aquí fue donde la tela se hace reconocida y comienza su gran crecimiento hasta las épocas actuales.

Fotos: Ariel Pacheco

Texto: Basi Velázquez

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