Notas del recital de Árbol en el Club Villa Luján, en la 'Gira 20 años de Guau!', del último 9 de diciembre.
Para recordar los 20 años del lanzamiento del disco ‘Guau!’, que les dio su momento de gloria, Árbol, la mítica banda de la localidad bonaerense de Haedo, inició una gira que lo llevó por varios puntos del país y que los tendrá durante este verano en la Costa Atlántica y a mediados de 2024 por primera vez por Europa.
Esta “nueva formación”, con Pablo Romero en voz y guitarra, Sebastián Bianchini en bajo, Hernán Buckner en guitarra y Martín Millán en batería (pero sin Edu Schmidt), tocó en el Club Villa Luján de Tucumán en los primeros días de diciembre para los viejos nostálgicos como yo, que los conocimos a los 12 o 13 años y que hoy tenemos más de 30. Capaz por este último detalle a muchos se nos hizo un poco larga la espera, mientras tocaban tres bandas tucumanas que oficiaron deteloneras y cuyos nombres tuve que buscar porque no recuerdo (Nobs, El Faro y The rock and lobos).
Conocí Árbol justamente en este disco que vinieron a recordar, gracias a los viejos canales de televisión dedicados a la música, pero también gracias a Martín, uno de mis mejores amigos de la infancia y pre adolescencia. El disco ‘Guau!’, que él me bajó completo en formato MP3 para escuchar en la compu, también sonó casi completo en Villa Luján, aunque alternaron con algunos clásicos históricos y recitaleros como ‘Enes’, ‘Vomitando Flores’ y ‘Cosa Cuosa’, de discos anteriores que son, para mí, una joya del rock alternativo de los ’90 y 2000.
También se escucharon algunas canciones nuevas de la banda, que pasó casi unadécada inactiva entre finales de 2010 y 2017, cuando lanzaron un single de retorno. ‘Escapar’ y ‘Goodbye, Adiós’ fueron algunas de las canciones de Hongo, el último disco que, curiosamente, siento que me devolvió a ese oído de los 12 o 13 años, cuando los descubrí. En algún punto, siento que con el correr de los discos que siguieron Árbol y yo nos acompañamos, pero tomamos distancia; y algo así me pasó con Martín, ya que nos acompañamos, pero infinitos kilómetros nos obligaron a tomar distancia.
Puedo decir que sonaron prácticamente todas mis canciones favoritas, y hasta con algunos lujazos como el de ver a Hernán dejar la batería para entonar, como podía, las estrofas de ‘Lloro’, o cuando cantaron ‘Soylazoila’, la historia de un gaucho que se descubre homosexual cuando se enamora del hombre por el que su novia lo había abandonado. Canción, además, cantada en un tono casi burlón, pero en algún punto creo que desde el respeto. Todas las canciones de Árbol son un poco así, en el fondo no pueden lastimar a nadie.
Algo le faltaba al show y no había podido darme cuenta de qué era hasta que la banda se fue del escenario (amagó irse, como amagan todas las bandas para que nosotros, que sabemos que volverán, les pidamos “una más”): a los bises volvieron con ‘El Fantasma’, acaso canción más conocida del disco que celebramos.
‘El Fantasma’ fue escrita por Edu Schmidt y es la historia de la muerte de un amigo, que sale volando por la ventana y tantas cosas quedan atrás. Martín hace ocho años también decidió que hay cajones que se cierran para que nadie los vea y que hay palabras que no puede decir. Pero de alguna forma estuvo ahí y vivimos juntos ese momentazo del recital.
Para cerrar tocaron una versión a capela de ‘Jijiji’ que, en vivo, no tiene nada que envidiar a la versión que grabaron en estudio.
Cuando salí del recital llovía mucho. Creo que ahora también.