Mediante una conceptuosa nota firmada por su presidenta Hilda Angélica García, la institución cultural celebra labeatificación del ilustre Fray Mamerto Esquiú y adhiere a “este acontecimiento histórico que honra a nuestra provincia, colmándola de esperanza”.
Lo hace con un pasaje del libro “Fray Mamerto Esquiú. A corazón abierto” del Mgter. Víctor Russo, alto exponente de nuestra institución, que a párrafo intermedio se reproduce. Esta obra es un ensayo donde el autor toma la palabra del protagonista, en un rescate especular del alma y de la memoria; la dimensión de un hombre a cuyo acceso luminoso puede aspirar el escritor y su pensamiento sensible.
El corazón de Esquiú piensa en nosotros *
Como todos saben, fui testigo de las sangrientas luchas fratricidas entre unitarios y federales. Esos duros enfrentamientos armados -que tuvieron en vilo al país-me obligaronaelevar la voz ante tanta violencia e intolerancia. Eran tiempos muy difíciles; en todo el territorio se sucedían ataques,asesinatos y emboscadas entre ambos bandos. El ambiente político se agitaba en una total anarquía; pero lo más grave era que estaba en riesgo el futuro de la organización nacional;donde los objetivos trazados por los patriotas de 1810 corrían peligro y podían sucumbir. Abundaban los personalismos irreductibles, las posturas irreconciliables que hacían imposible la convivencia. Ante esa situación caótica que enfrentaba a los argentinos, no tuve otra alternativa que expresar mi indignación; sin pensar en otro posicionamiento que no sea el de la paz, el respeto a la ley y el bien común.
También saben, que nunca quise que se hablara de mi persona. Más bien, preferí pasar desapercibido, dedicándome ala oración,la enseñanza y a cumplir con mis deberes sacerdotales. Prefería eso a los honores, que no siempre son desinteresados.Además, la fama de orador que se me hizo, ya había traspuesto fronteras y me requerían de todas partes. Ello me angustiaba y tuve que optar por algunos renunciamientos. No obstante, me mantuve siempre fiel al servicio de la Orden. Mi espíritu necesitaba sosiego para aclarar la mente; por ello preferí-por algún tiempo- cruzar fronterasy respirar otros aires, sin dejar de pensar en el bien de mi país.
No lo voy a negar: Asícomo tuve adherentes, no todos pensaban lo mismo que yo. Muchos disentían con la forma en que expresaba mi permanente compromiso con la patria y lo social. Pero también confiaba en que la Historia esa “Maravillosa luz de la verdad y vida de la memoria” -como la calificaran los maestros latinos- tal vez, algún día, escribiría las verdaderas razones de mi elección personal. ¡No era fácil ser un sacerdote “leguleyo” en esos tiempos!
También creo,que no es lógico historiar con presuposiciones. La verdadera historia viene ahora de la mano de investigadores con formación académica y método sólido. Hoy se sabe que nuestra historia nacional y lugareña tiene grises y zonas oscuras que hay que develar; para ello, es necesario recurrir a los jóvenes egresados de universidades, que vienen con una vasta formaciónactualizada y un espíritu fuerte en plena ebullición. Ellos egresan ávidos por leerlas fuentes editas y recuperar la documentación oculta o faltante, para valorarla, difundirlae incorporarlaal conocimiento: herramienta indispensable para las nuevas tecnologías, la generación de trabajo y futuro. En estos tiempos difíciles, será tarea fundamental la de despejar la hojarasca que quita visibilidad a las pruebas documentales. Se dice que “Cuando se toma mayor distancia es posible ver mejor el bosque.” El tiempo pasa, es sabio y muy buen consejero ya que genera nuevas perspectivas y mitiga el apasionamiento.
No quiero decir con esto, que hoy no existan historiadores maduros, capacitados y con experiencia. Los hay y de gran valía. Poseen una formación científica sólida y una larga trayectoria, que otorga legitimidad a las distintas categorías investigativas que emplean. Esos recursos les permiten salir al rescate de nuevos datos que -si tienen entidad probada- habrá que revitalizarlos y apoyar o disentir esa la nueva visión crítica, que activará otras instancias de interpretación, aunque éstas –a veces- riñan con lo ya publicado.
Sólo en la confrontación de ideas se encontrará puntos de vista equidistantes, que acrediten posturas diferentes y nuevas modalidades de abordaje a los temas en discusión. Sin esos elementos, prevalecerá el criterio único, autoritario, del que tiene la palabra y escribemotivado por intereses personales mezquinos (ya sean ideológicos, políticos o religiosos) que calan hondo, creando una visión sectaria, que genera grietas insalvables ydejan a la sociedad expectante, sin participación y librada a su suerte.
Mis detractores siempre consideraron que la opinión social no era pertinente en una homilía.Para ellos, el sacerdote sólo debía ocuparse de orar y fortalecer la fe religiosa del pueblo. Si bien esas premisas son inexcusables; también creo relevante hacer referencia al contexto y el marco sociopolítico/filosóficode todas las épocas.Los curas no estamos sólo para rezar y dar misa; también debemos emplear el púlpito para denunciar la corrupción y los procederes ilegítimos de quienes tienen el deber de administrar con equidad los bienes del Estado.
También estamos habilitadospara salir a trabajar por y con el pueblo en los lugares más apartados y necesitados; donde se anhela la palabra esperanzadora del sacerdote para contener a las familias y a la comunidad toda. Debemos trabajar con niños, jóvenes y ancianos;especialmente con aquéllos que están en situación de calle y requieren del calor espiritual, la ayuda social y el abrazo fraterno.
Tenemos que apoyar a los pobresque trabajan y no saben por qué no pueden sortear la pobreza. Reducir ese mal no es hacer política, sino sólo poner las cosas en su lugar; haciéndolos ver que con educación y el afán de trabajo es posible es posible el crecimiento digno.
Hay que dar el ejemplo. Los sacerdotes debemos predicar con el ejemplo, aunqueno siempre fuimos un buen ejemplo. En el orbe se registran muchos casos de curas pedófilos-si bien la inmensa mayoría no lo son- debemos reconocer que los hay enjuiciados y también condenadospor corrupción de menores. Esos hombres avergüenzan tanto al Santo Padre, como a la grey a la que pertenecen; siendo merecedores de la más dura condena penal y social. Esos hombres, débiles de moral y principios, olvidaron que Jesucristo, predicaba con el amor, el ejemplo y la palabra. Jesús hablaba en arameo lengua que (paradójicamente) hoy está en peligro de extinción y que le servía para inculcar los tres bienes fundamentales de su doctrina: el amor, el ejemplo y la fe. Con sólo la palabra pudo convencer, acercar millones de fieles a su doctrina yconstruir un mundo.
Sus preceptos enseñan a amar, perdonar y olvidar. La verdad es el finyel amor fraterno el único camino para honrar a la Iglesia. La Iglesia somos todos y es nuestro deber sostenerla y fortalecer su doctrina, día a día,con la oración, la acción comprometida y la entrega a nuestros semejantes. No por eso, habrá que dejar de denunciar todo hecho ajeno a las buenas costumbres. Son inmorales los hechos de inseguridad y son cómplices los funcionarios que miran para otro lado, cuando tienen la obligación de controlar, denunciar y bregar por el cumplimiento de la ley. Estos delitos, como los que afectan la moral de las personas y el interés público, deberían ser imprescriptibles.
Es decir, que los legisladores tienen la obligación inexcusable de proponer y aprobar las leyes que necesita la justicia para actuar y el poder ejecutivo el de hacerlas cumplir acabadamente conforme a las normas de la vida democrática.
Por todo ello, ruego a la Divina Providencia (Suprema sabiduría que los creyentes atribuimos a Dios)que resguarde a nuestro país e ilumine a todos quienes detenten la autoridad para que -con un proceder honesto- den el ejemplo y se ajusten al marco irrestricto de la Constitución. No sería necesaria una Ley Anticorrupción; porque si se respeta la letra de nuestra Carta Magna nunca habrá cabida para hechos corruptos. Pero como generalmente se la ignora y cada vez que la modifican se la deja como “un traje a medida” para el poder de turno, se genera más violencia, degradación e indignación. Entonces, el rol de la justicia es fundamental para encaminar al país hacia una construcción cultural nueva, que legitime los dones y, así, poder trasponer el puente que conecta el presente con un futuro de grandeza. No hace mucho tiempo, fuimos la tercera potencia económica dentro del concierto mundial. ¿Qué nos pasó?Seguramente habrá variadas respuestas. Lo que no podemos eludir es nuestra responsabilidad actual, para volver a ser el país creíble que fuimos, pujante, emprendedor y verdaderamente soberano.
Durante años, mi espíritu incansable entró a las bibliotecas de los conventos, en todos loslugares donde me tocó actuar ejerciendo el sacerdocio,siempre ávido de encontrarme con nuevos libros que me iluminaran el camino correcto. Por esa razón, decidí proyectarme en el tiempo(gracias a que mi corazón aún sigue de viaje)para otear el presente y poder ver qué está ocurriendo hoy en mi bendito país, azotado por esta incalificable pandemia que dejará secuelas imprevisibles.Recemos para que esto termine y puedan volver los niños a la escuela. Su alegría será el mayor signo esperanzador al que podamos aspirar….
(*) Fragmento de la Nueva Edición revisada y actualizadadel libro “Fray Mamerto Esquiú A Corazón Abierto” Catamarca (2018) Editorial Científica Universitaria. UNCA, del Mgter. Víctor Russo.
Texto destacado: “Nunca quise que se hablara de mi persona”. (Esquiú, hoy apalabrado por Víctor Russo)