PANDEMIA, DIVERSIDAD Y TECNOLOGÍA

La literatura catamarqueña ¿goza de buena salud?

Reporteamos en simultáneo a María del Rosario Andrada y a Rodrigo Ovejero, abogados y escritores de dos generaciones, para saber cómo plantean la escritura en los tiempos actuales.
domingo, 13 de junio de 2021 · 01:06

Todos los 13 de junio, como recuerdo del natalicio del gran Leopoldo Lugones, los argentinos celebramos el Día del Escritor. A tono con la efeméride, buscamos conocer más a fondo a dos destacados exponentes de las letras “de entrecasa”, en un profundo diálogo con Revista Express, con la impronta de la virtualidad periodística.

1- Siempre se dice que escribir, de alguna manera, libera, que es un acto de libertad ¿siente que es así?

2- Con la sobreinformación como característica principal del lector de hoy, ¿dónde está la clave para seducirlo?

3- Las temáticas de género están en auge y esto, de algún modo, ya incide en los distintos lenguajes. ¿En sus libros, esto aparece o piensa que aparecerá?

4- ¿Cómo percibe el futuro cercano de los libros de papel, considerando no solo la amenaza de la tecnología digital sino también la urgencia de preservar la ecología del planeta?

5- En el actual contexto, ¿qué rol juega la producción literaria en el país y en Catamarca?

 

“El libro seguirá conviviendo con los nuevos formatos digitales”

1 -Indudablemente que escribir es un acto de libertad. Cualquier expresión artística es la manifestación más noble del espíritu y el intelecto humano. Nos introduce al mundo íntimo, la creación desnuda nuestras obsesiones, los miedos, los sueños, es un tránsito hacia la soledad para pintar con palabras. Pero antes que escritora he sido lectora. O si quiere, soy escritora porque soy lectora. Mi vida es con la lectura.

2 -Es verdad que la sobreinformación es una marcada tendencia de nuestro tiempo, lo cual no garantiza calidad de lectura ni de creación. Quizás ese exceso de información vaya en detrimento de la buena escritura; y entiendo por buena escritura el correcto uso de la lengua, de a poco empobrecida. Para completar su pregunta, diré que, en mi caso por lo menos, nunca hubo una intención de seducir al lector. Lo mío es nada más y nada menos que entregar una propuesta estética; un abrir las puertas a mi mundo interior. Parto de la premisa de que la literatura es el territorio de la emoción; la literatura es mirar al mundo y contar lo que se ve. El milagro ocurre en el encuentro entre el lector y el texto que está leyendo.

3 -En principio no lo veo como un auge, como un esnobismo. Si por “temáticas de género” se refiere a la violencia que se ejerce sobre las mujeres, aceptemos que el feminismo, una de las revoluciones sociales más importantes del siglo XX ha hecho enormes aportes. Lo que sucede es que las desigualdades permanecen en un mundo donde las mujeres somos más de la mitad de la población.

La perspectiva de género ha estado y está implícitamente en mis narraciones, se advierte en el libro “Las Tres caras de la Herejía” y en cuentos inéditos como Lorenza de Pitambalá, que es la historia de una indígena torturada en las postrimerías de la Inquisición en Santiago del Estero. En mi caso, la poesía no tiene estereotipos, los mitos se enmarañan en imágenes andinas, mutan en la imaginación, en la creación, no responden a un solo género.

4 -Hay una mística casi melancólica de la persona que adquiere un libro. Lo hojea, lo marca, lo devora. Baudelaire decía que, la literatura no podía rehusarse a caminar unida a la ciencia y a la filosofía, so pena de convertirse en una literatura suicida. La amenaza de la desaparición del libro nos remite a décadas atrás con la aparición de nuevas tecnologías de la información, pero nada de esto ha sucedido. Es sabido que los libros impresos no necesitan de un mecanismo energético, se leen en cualquier lugar, lo que no sucede con los llamados dispositivos electrónicos. El libro seguirá conviviendo con los nuevos formatos digitales o como se llamen. Una tendencia que se ha visto, es el acopio de libros en las computadoras con gran capacidad, o los teléfonos celulares, lo cual no garantiza mayor cantidad de lectores. No está de más decir, que hay un notorio deterioro del lenguaje en la escritura actual. Y en lo que respecta “a la urgencia de preservar la ecología del planeta”, no me parece que la producción de libros en formato físico contribuya o sea una la amenaza, más aún con la aparición del papel ecológico. Está visto que los incendios forestales tienen mayor incidencia en ese sentido. Lo que sí debemos temer es la devastación de la megaminería, producto de políticas extractivistas que dañan el medio ambiente, nuestros cerros y ríos, atentando contra la vida de las personas.

5 -A pesar de la pandemia, la producción literaria en el país no ha disminuido, se refleja tanto en libros papel como en los electrónicos. En Catamarca, hubo una explosión con la aparición de obras de distintos autores como; Daniel Álvarez, Daniel Ovejero, Hilda García, Pía Cabral, Alejandro Acosta, Estefanía Herrera, Rodolfo Lobo Molas, Juan Manuel Rivera, Graciela Mentasti –entre otros-. También está la Antología de Cuentos en época de Pandemia y la Antología Federal, ambos editados por la SADE, y los que ya están en imprenta como un poemario que me pertenece.

 

María del Rosario Andrada

Es abogada, poeta y narradora. Por los quilates y la cuantía de su obra, es una de las más importantes exponentes de la literatura contemporánea provincial. Ha sido incluida en distintas antologías nacionales y sus poemas fueron traducidos al inglés y al alemán. “Uvas de invierno” (1978), “Casa olvidada” (1982), “Tatuaron los pájaros” (1987), “Anuín y los senderos del fuego” (1992), “Los cánticos de Otmerón” (1998), “Las tres caras de la herejía” (2003), “Profanación en las alturas” (2004), “Último resplandor” (2007), “Los señores del Jaguar” (2011), “Huayrapuca, la madre del viento” (2014) y "Wanaku" (2017)figuran entre sus títulos más destacados.

RODRIGO OVEJERO

“Es el momento de un pacto entre escritores y lectores para volcarse hacia lo local”

1 –No creo que pueda reducirse el proceso de escribir a una sola finalidad o consecuencia, aunque a veces es catártico. Pienso que depende de lo que se escriba. La escritura puede obedecer a múltiples pulsiones, no todas ellas honrosas o deseables, y la mayoría de las veces ni siquiera están claras en la mente del autor. Si se avanza en esa idea se corre el riesgo de creer que escribir es curarse de alguna manera, o de que lo que se escriba tiene que ser profundamente personal, y no tiene por qué ser necesariamente así. Paradójicamente, creer que escribir es un acto de libertad es limitarse a mirarse el ombligo y escribir sobre ello.

2 –Es una época difícil para ganar lectores, hay mucho contenido multimedia y el acceso a él es inmediato, la palabra escrita encontró en la última década más competencia que en toda su historia. En ese marco, no tengo la menor idea acerca de cómo seducir a un lector, solo puedo saber lo que a mí me interesa y esperar que también le llame la atención a los demás. Mi única regla es que, si disfruto de escribirlo, probablemente alguien disfrute de leerlo.

3 –No abordo demasiadas cuestiones de género en mi narrativa, por la sencilla razón de que me encuentro en el género privilegiado, por decirlo de alguna manera, y abordar cuestiones de género desde esa perspectiva sería presuntuoso de mi parte. Cuando lo hago es funcional a la historia, en todo caso, no es una toma de posición o una denuncia. Creo que son las voces femeninas o de otros géneros quienes tienen que abordarlas, como ocurre con Camila Sosa Villada, por dar un ejemplo. Relacionado con este tema, estoy completamente a favor del lenguaje inclusivo, aunque no lo utilice por una cuestión de costumbre.

4 –En mi caso utilizo el libro electrónico para acceder de forma más cómoda a libros que se me hacen muy difíciles de conseguir en papel, pero siempre que puedo elijo el papel, y por lo general los lectores que conozco también lo prefieren. Sucede que el libro como objeto tiene un atractivo que otras muestras de arte no tienen, el libro se manipula, se subraya, se dobla, se escribe en él, es algo que no ocurre con discos o películas, por citar dos ejemplos en los cuales el formato físico ya ha quedado prácticamente olvidado a excepción de un público acotado, por lo general coleccionistas. En ese sentido, hay muchas formas de leer hace varios años y, sin embargo, el libro en papel no pierde adeptos.

5 –Argentina tiene una gran tradición literaria, quizás la más importante de Sudamérica, y en la actualidad su producción sigue siendo, al mismo tiempo, exitosa comercialmente y de excelencia desde un punto de vista cualitativo. Sin embargo, el aporte de Catamarca a ese caudal es prácticamente nulo en la actualidad, nuestros dos escritores más reconocidos –Franco y Paolantonio- ya han fallecido y ningún nombre parece obtener repercusión por el momento. No creo que sea únicamente un problema de nuestra producción –aunque claro que nos corresponde nuestra parte de responsabilidad como escritores catamarqueños-, sino que en general el país siempre ha sido de posar su mirada únicamente sobre lo que escribe desde las grandes urbes, desdeñando lo que se escribe fuera de Buenos Aires, Córdoba o Santa Fe. Quizás es el momento de un pacto entre escritores y lectores de volcarse hacia lo local y dejar de priorizar lo de afuera, yo leo todo lo que encuentro de escritores catamarqueños y sé que no falta calidad, aunque quizás sea necesaria más variedad.

Rodrigo Ovejero

Nació en Catamarca en 1981. Es abogado y escritor. Publicó las recopilaciones de cuentos “Chessmaster y otros relatos”, “Spaghetti zombie y otros relatos”, “Der Totti” y la novela “Tres días en el bar”. En Radio Universidad, conduce “El café de las Bermudas” con un grupo de amigos.

Dos pérdidas significativas

Recientemente, el COVID-19 ha golpeado al mundillo literario provincial. Con diferencia de pocos días fallecieron los escritores Raúl Guzmán Rodríguez y Ana María Sacchetti de Larcher, ambos pertenecientes a la delegación Catamarca de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE).

Guzmán Rodríguez publicó la trilogía “Sonidos ecuánimes”, “Dioses antagónicos” y “Ser efímero”, compilado que –al decir de la poetisa Hilda García, analista de su obra- “descubre al poeta en un tiempo de vital madurez (…) en el que traza un itinerario de pensamientos y vibraciones íntimas que expresa obsesivamente a través de los sentidos”. Más tarde editaría “Judas cabalgando” y “Decir adiós”. Para evocarlo, García también descubre un rasgo sobresaliente que lo define como autor. Dice: “La relación de Raúl Guzmán Rodríguez con la poesía es tan apasionada que no puede someterla a la rutina”.

Ana María Sacchetti Dorado, de Chaquiago, Andalgalá, fue profesora en Letras, profesora para la Enseñanza Primaria y se jubiló como empleada municipal. Como agente cultural produjo diversos proyectos socioculturales en Andalgalá y Saujil, y fundó la Asociación de Mujeres Andalgalenses "Huarmi" y el grupo literario "Tantanakuy", que presidió hasta su muerte.  Desde las Letras ganó numerosos premios y concursos. Publicó en 2002 "Relatos mitológicos de Andalgalá, Catamarca" (2002) y "Hadas, princesas y príncipes de Andalgalá, mi reino" (2013), una antología poética. También su libro "Cuentos para acompañar con Tulpo", que fue premio municipal de literatura.

“SER EFÍMERO”, UN LIBRO DE RAÚL GUZMÁN RODRÍGUEZ

Por Hilda Angélica García*

“Ser efímero”, es el tercer libro que Raúl Guzmán Rodríguez publicó y que junto a “Sonidos ecuánimes” y “Dioses antagónicos” conforma una trilogía que descubre al poeta en un tiempo de vital madurez. Más tarde editaría “Judas cabalgando” y “Decir adiós”.

Desde “Sonidos ecuánimes” pasando por “Dioses antagónicos” hasta llegar a “Ser efímero”, el autor traza un itinerario de pensamientos y vibraciones íntimas que expresa obsesivamente a través de los sentidos. El primer libro es una búsqueda del ser a través de los sentidos –en este caso se centra en los sonidos- y constituye la “tesis” vital de sus poemas. El segundo, “Dioses antagónicos”, con el manejo de dos planos: cielo y tierra, elevación y pecado, supondría la antítesis del primero, mientras que como síntesis de las dos anteriores situaciones está “Ser efímero”.

Ser efímero

En el principio no fue la palabra sino el tacto. Un escenario de oscuridad va abriéndose a la luz merced a la incursión en el cuerpo amado, donde es posible “Descubrir los sentidos/ dejar los instintos/ para la conservación/ la selva/ o el animal/ abocarse a los placeres/ y percibir/ de a poco/ el significado del sol”. Y con ello se abre un volumen con dos partes muy definidas, tanto que, a nuestro criterio, podría tratarse de dos libros con un mismo tema: el amor, expresado en la sublimación de los sentidos. En su totalidad, los elementos naturales potencian, ausentes de un simbolismo inmediato, el erotismo original. Hacia el final, el tiempo marcará el ocaso de la experiencia, el paso a una geografía luminosa de recuerdos. Dice: “Esta presencia imperturbable/ desgaja mis desvelos/ esta presencia/ me mata con el olvido/ yo/ solo escondo los restos de un amor/ usted/ triunfante mira los cielos.”

En la segunda parte del libro, a diferencia de la primera donde prevalece el sonido, se impone el silencio y una distensión idílica se expande en los poemas sucesivos: “Continuas vibraciones/ agonizan mi corazón/ convirtiendo en desvelos/ la lejanía”. Dice: “ahogaremos gritos”. Pide: “no permita que hable”, “selle mi boca”. Promete: “Volveré a venerarla como antes/ cuando no creía/ en el estremecimiento del amor”.

Paradojalmente nos preguntamos: ¿hay paz en ese estadio? ¿Logra el poeta alcanzar dentro de ese ambiente, al parecer idílico, la felicidad que busca? ¿Estamos ante el tradicional paraíso mítico? Lo dudamos, porque él dice: “Este gregarismo involuntario/ me ayuda/ en las aventuras/ engañosas / del amor”.

La relación de Raúl Guzmán Rodríguez con la poesía es tan apasionada que no puede someterla a la rutina: en “Ser efímero” prosigue su indagación en el lenguaje poético, adentrándose en un mundo simbólico aparentemente irracionalista. Solo aparentemente, porque detrás de esas claves que conectan con algunos procedimientos, que conectan con el surrealismo, existe una rigurosa coherencia que unifica los distintos momentos del libro. 

Fotos: Ariel Pacheco

 

Otras Noticias