Algunas personas, de la puerta para afuera, tratan bien a todo el mundo. Son simpáticos, amables, cariñosos, agradables y se toman el tiempo para escuchar a los demás.Sin embargo, de la puerta para adentro, tratan a los suyos con agresiones, silencios y maltratos de todo tipo. ¿A qué se debe esta doble fachada? Lo que les ocurre es que, en casa, se sienten seguros. Saben que allí pueden hablar o callar, discutir, ignorar, maltratar, y nada de eso es amenazante para su vínculo. Mientras que, frente a otros, se sienten inseguros, razón por la cual construyen una imagen que es todo lo contrario.
Quien se comporta de este modo, por ejemplo, en su trabajo trata amablemente a su jefe y a sus compañeros, y reprime su bronca y su frustración debido a esa imagen falsa que muestra. ¿El resultado? Termina descargando todas sus emociones negativas guardadas en casa, con los suyos, donde siente que tiene el control.
Para que nos vaya bien en la vida, necesitamos ser gente íntegra, de una sola pieza. Es decir, ser como somos en todos los ámbitos y tratar bien a todo aquel con el que tenemos contacto a diario. Aun a la distancia. Para ello, necesitamos construir “inteligencia emocional”. Solo así lograremos llevarnos bien con los demás, incluso con aquellos que consideramos difíciles.
“Pero ¿es posible llevarse bien con todos?”, tal vez te estés preguntando. Claro que sí. Para empezar, deberíamos tener en cuenta que el cerebro humano es sociable. Esto implica que tiende a hacer conexiones con otros todo el tiempo. Todos, sin excepción, poseemos la capacidad de aprender a llevarnos mejor con la gente.
Pero aquí es preciso mencionar que, primero, debemos asegurarnos de llevarnos bien con nosotros mismos, ya que nadie puede dar lo que no tiene. ¿Cómo podré tratar bien a otros, si me maltrato a mí mismo, a mí misma? Una vez que logramos esto, podemos dedicarnos a soltar la “capacidad de convocatoria” que todos portamos interiormente.
Estas son algunas técnicas sencillas que todos somos capaces de aplicar para potenciar nuestro “yo social”:
Hacer sentir importante al otro, lo cual abre las vías de comunicación.
Sonreír siempre. Hoy debemos cubrir parte de nuestro rostro, pero igual podemos sonreír, una actitud que genera energía transformadora de ambientes negativos.
Observar al otro a los ojos al hablar para demostrar interés y comprensión.
Ser empáticos. La empatía es la habilidad de “ponerse en los zapatos de una persona”, es decir, de intentar entender por qué piensa, siente y actúa como lo hace. Esta maravillosa herramienta siempre provoca confianza. Por supuesto, tenemos que hacerlo desinteresadamente, pero todo lo que sembramos, en algún momento, lo vamos a cosechar.
¿Cómo te tratás a vos mismo, a vos misma? ¿Cómo tratás a los demás? Hoy más que nunca, practiquemos conscientemente el llevarnos bien con todos y seremos gratamente sorprendidos por los resultados.
30 de mayo de 2021 - 01:00