Un terapeuta estadounidense dijo lo siguiente: “Algunas personas invierten la primera mitad de su vida en hacer desdichada la segunda mitad”. ¡Qué gran verdad! Es por ello que, si no accionamos para sanar nuestro pasado, cuando se ha producido alguna herida, correremos el peligro de repetirlo.
Qué hacer con nuestro pasado doloroso
¿Qué debería hacerse con un pasado doloroso? Intentar elaborarlo y restaurarlo. Todos tenemos recuerdos tristes de vivencias que atravesamos y dejaron una huella en nosotros. Entonces, el primer concepto que necesitamos incorporar es que todos, independientemente de lo que sucedió ayer, podemos construir nuestra propia historia.
¿Qué podemos hacer con nuestro pasado? Tres son las variables:
Repetirlo. Si me pegaron, pego; si me abandonaron, me abandono y abandono a otros; si me trataron mal, trato mal a todo el mundo. Quien decide por esta postura frente a la vida, está fotocopiando su pasado y extendiéndolo, en lugar de sanarlo.
Hacer todo lo contrario. Simi mamá era derrochadora, yo soy tacaño; si mi papá era tacaño, yo soy derrochador. Al hacer lo contrario de lo que vivimos, obtenemos el mismo resultado. El hecho de que mi mamá fuera derrochadora implicaba que no podía conectar con el placer; y, si yo soy tacaño, tampoco puedo conectar con el placer.
Construir nuestra propia historia. Aquí tenemos la libertad de no repetir el pasado. Esto es muy importante tenerlo en cuenta porque, si bien el pasado nos influye, no “somos cemento fresco”. ¿Qué significa esto? Que lo que vivimos cuando éramos chicos no tiene por qué dejar en nosotros una marca indeleble.
Me gusta mucho la anécdota que contó William James, el padre de la psicología estadounidense. Un día vio a un muchacho que estaba destruido, sin familia, sin amigos, sin trabajo; y le preguntó: “¿Cómo llegó usted a estar así?”. “Doctor, mi papá nunca me quiso, me pegó. Con un padre así, ¿qué quiere que haga?”, le respondió. Pasaron unos años y atendió al hermano de este joven, que era un trabajador con una linda familia, una buena persona. Entonces James le preguntó: “Dígame, ¿cómo llegó usted a tener esta vida?”. Esta fue su respuesta: “Doctor, mi papá me abandonó y me maltrató. Con un padre así, ¿qué quiere que haga?”.
Podemos extraer varias ideas de esta historia. Pero fundamentalmente que cada ser humano en este mundo posee la libertad de construir su propia historia, más allá de lo que le haya tocado vivir en sus primeros años. No estamos condenados a repetir lo negativo en nuestra vida. Podemos enfrentarlo, sanarlo y empezar de nuevo.
Mucha gente expresa: “Yo tengo mal carácter porque me rechazaron”, pero eso es solo una excusa porque todos podemos construir un nuevo camino, gracias a los dones maravillosos con los que fuimos dotados, como la libertad, la creatividad y, sobre todo, el amor. Te invito en este tiempo especial, si percibís alguna herida en vos, a determinarte a construir hacia adelante y convertirte en una persona resiliente: capaz de rebotar y no darse nunca por vencida.