Un último encuentro
Un último encuentro
En septiembre de 1880, Fray Mamerto Esquiú se reunió con sus hermanos por última vez, en La Puerta, Ambato.
Escribió fray Mamerto Esquiú al recordar su hogar “seis éramos los hijos venturosos de esos padres tiernos que, sin bienes de fortuna y en el humilde estado de labradores, eran felicísimos en la tranquilidad de su virtud y resignación, y en las dulzuras de una vida contraída exclusivamente a su familia y a Dios: la discordia, el espíritu de maledicencia, la avaricia, la injusticia, ninguna pasión enemiga de los hombres ha penetrado en el santuario del hogar paterno: allí han reinado una paz inalterable y una ocupación, estéril al progreso de la fortuna, pero copiosa en las dulzuras con que sazonaba la satisfacción de todas nuestras necesidades”. Esos seis “hijos venturosos” fueron seis hermanos unidos por el afecto durante toda la vida. Numerosos testimonios así lo acreditan.
En 1997 publicamos en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Catamarca un artículo titulado “La sangre de los Esquiú y Medina en La Puerta del Ambato (Catamarca)”. Allí nos explayamos en la descendencia de Josefa de Jesús Esquiú, hermana de fray Mamerto, casada en 1855 con Agustín Delgado. Existen constancias documentales de las visitas que el flamante Beato realizaba a La Puerta para visitar la familia de su hermana Josefa.
Josefa Esquiú era la menor de los seis hermanos, hijos del catalán Santiago Esquiú y de María de las Nieves Medina, “esos padres tiernos”. La mayor, Rosa, fue soltera y en 1869, en ocasión de levantarse el primer censo nacional, la encontramos residiendo en el hogar familiar de Piedra Blanca. Es la única de los hermanos que vivía aún en la casa paterna de los Esquiú y Medina, que hoy conocemos como la Casa Natal del padre Esquiú, monumento histórico nacional desde 1935 y protegida por un templete desde 1941. En el orden de nacimientos, a Rosa le seguía Mamerto, nacido el 11 de mayo de 1826, como sabemos. Dos años después nació Odorico Antonio, de quien el ahora Beato decía que es “el único en este mundo que comprende mi dolor y se compadece de mí… es el hermano más tierno, el mejor amigo, el bienhechor más generoso”. Odorico Esquiú se radicó en Salta donde contrajo matrimonio en dos oportunidades y permanentemente viajó a Catamarca para estar en contacto con sus hermanos, especialmente con sus hermanas, cuñados y sobrinos, de quienes se había convertido en un gran protector. Dos años después de Odorico nació Marcelina de Jesús, que también fue soltera y estuvo siempre muy cerca de Odorico y su familia, residiendo con él en Salta en algún momento. Luego de Marcelina nació Justa Pastora, que contrajo matrimonio con Facundo Iturres el mismo día que su hermana Josefa, en Piedra Blanca. Justa figura en el mencionado censo nacional de 1869 como “fabricanta de telas”, vivía en Piedra Blanca, era viuda y tenía 32 años. Josefa, como lo dijimos, era la menor y figura como costurera en las fuentes consultadas y su marido, Agustín Delgado, como labrador, ambos vecinos de La Puerta, Ambato. En la actualidad existe descendencia de Odorico Esquiú, en Salta, y de Josefa Esquiú de Delgado y de Justa Esquiú de Iturres, en Catamarca.
Unidad
El 8 de diciembre de 1863 fray Mamerto Esquiú recibió en Tarija una carta de su hermana Marcelina, desde Salta, en que le avisa que Odorico viajó a Catamarca, “venciendo muchos contratiempos por visitar y consolar a la buena Rosa, a las atribuladas Justa y Josefa, aconsejar bien a mis hermanos y remediar las necesidades de todos”. Y agrega Marcelina: “¿Qué te diré de Odorico que pueda serte extraño sobre su bondad? Yo que lo miro más de cerca y que soy la última de mis hermanas en mérito, cada día experimento más caridad en él para conmigo, sin olvidar a cada uno de ustedes y sobrinos: es un verdadero padre de huérfanos y necesitados”. Y escribe Mamerto refiriéndose a Odorico: “Tal hermano suelo siempre reputar como uno de los bienes más preciosos que debo al Señor en el orden de la naturaleza”. La unión y el afecto entre los hermanos perduraban.
Última visita
En su Diario de Recuerdos y Memorias, fray Mamerto escribió que, luego de celebrar misa en San José de Piedra Blanca el jueves 16 de septiembre de 1880, pasó a La Puerta, a visitar a su hermana Josefa y despedirse de ella y de su familia, ya que estaba por iniciar su viaje para su consagración episcopal en Buenos Aires. Así lo manifiesta Armando Raúl Bazán en su excelente libro “Esquiú. Apóstol y ciudadano”.
De nuestras investigaciones surge que, cuatro días después de su llegada a la localidad ambateña, el 20 de septiembre de 1880, hace ya 140 años, en la Iglesia Parroquial de La Puerta del Ambato, Esquiú impuso óleo y crisma, completando así las ceremonias del bautismo, a un niño de cinco meses. Ese niño, a quien se le impusieron los nombres Salvador María, había sido bautizado por necesidad por el padre fray Francisco Javier Machado. Apadrinando al niño figuran dos hermanos de fray Mamerto Odorico y Rosa Esquiú. Sabemos que el 11 de septiembre anterior Mamerto había regresado de Salta donde había visitado a su hermano Odorico, quien había partido unos días antes que Mamerto para Catamarca. Nos consta que el hermano menor de fray Mamerto vino desde Salta junto a su hija Nieves Esquiú de Castellanos y sus nietos Alfonso María y Margarita Castellanos Esquiú.
Y si recordamos que en La Puerta vivía Josefa Esquiú, como ya lo dijimos, advertimos que, en esos días, sin dudas, los Esquiú, salvo Marcelina, que se encontraba en Salta, se congregaron allí para despedir al hermano, del que ya conocían su pronta consagración como Obispo de Córdoba.
¿Quién era el niño protagonista de la última partida sacramental que conocemos de Esquiú en La Puerta? Salvador María era hijo de Máximo Cubas y de María Antonia Molas, que figuran como vecinos de “la Cañada del Ambato de este Curato”. Y era nieto, por línea paterna, de José Cubas, el gobernador de Catamarca decapitado en 1841 por orden de Juan Manuel de Rosas. Sin dudas, la muerte de Cubas provocó un gran impacto en el adolescente Mamerto Esquiú, que en aquel momento tenía 15 años y vivía en el Convento de San Francisco, frente a la casa del gobernador decapitado y a una cuadra de la plaza principal, donde fue expuesta su cabeza. Podemos advertir referencias a ese momento histórico en su famoso Sermón de 1853.
Hemos ubicado en nuestras investigaciones elementos que certifican la íntima amistad que fray Mamerto Esquiú tenía con Máximo, el hijo mayor del gobernador José Cubas, y su familia.
Al otro día de la ceremonia religiosa a la que hicimos referencia, fray Mamerto escribió una carta a Máximo Cubas. Está fechada en La “Puerta, Setiembre 21 de 1880” y dirigida a “Mi querido amigo don Máximo”. Le dice: “Me he felicitado de corazón por la buena suerte que me ha tocado de haber suplido las ceremonias del santo bautismo a su precioso hijo Salvador María, y con esto agregar a mi antiguo título de amigo el sagrado de compadre… y que me proporcionará el gusto de volverlo a ver aquí antes que me retire a la ciudad. Consérvese bien, abundando más y más en la gracia y consuelos de nuestro Señor”. Y se despide nombrándose su “afectuosísimo amigo y compadre Fr. Mamerto Esquiú”.
Dos días después, el 23 de septiembre, desde el mismo lugar, le escribe nuevamente a Máximo Cubas. Ahora lo llama “mi querido amigo y compadre don Máximo”. Le dice que “su carta con todo lo que ha traído su portador a esta casa ha sido una verdadera lluvia de bondades; el cielo de donde caían es su corazón. Que el Señor se lo pague con la liberalidad que acostumbre hacerlo. Que Usted y mi doña María Antonia sean felices en Dios con toda su preciosa familia: tales son los votos de su mejor amigo en el afecto y en el deseo de servirle”. Y al final le pide que “haga un cariño de mi parte a su ángel Salvador María”.
El miércoles 20 de octubre de 1880, un mes después de la ceremonia religiosa mencionada en la Puerta del Ambato, fray Mamerto Esquiú dejó el Valle de Catamarca para siempre. Escribió en su Diario de Recuerdos y Memorias que ese día celebró “la misa cantada a Nuestra Señora del Rosario en el altar de Nuestra Señora del Valle, encomendándole mi viaje, mi vida y muerte y las de los míos. Por la tarde salgo de Catamarca…”. Fray Mamerto González, el gran biógrafo de Esquiú, agregó: “¡Para no volver más! ¡Último día de su vida que ve la ciudad predilecta de su corazón!”.
En este año que se inicia, en que recordamos el 10 de enero el 138° aniversario de su fallecimiento y los 195 años de su nacimiento el 11 de mayo, nos adherimos al magno evento de la ceremonia de beatificación de Mamerto de la Ascensión Esquiú y Medina.
Texto: Colaboración de Marcelo Gershani Oviedo