175º aniversario

La otra Batalla de San Lorenzo

El 16 de enero de 1846, tal vez a modo de augurio, hubo en encuentro bélico conocido como la “Guerra del Paraná”.
domingo, 24 de enero de 2021 · 01:01

Mucho se ha escrito sobre el Combate de San Lorenzo del 3 de febrero de 1813, donde las fuerzas de, por entonces coronel, José de San Martín y su Regimiento de Granaderos a Caballo vencieron a los realistas, asegurando las costas del Paraná a la causa emancipadora. Pero poco se sabe que allí hubo otro combate el 16 de enero de 1846, y que el mismo fue también victorioso.

El enfrentamiento de Gran Bretaña y Francia contra la Confederación Argentina, al mando del brigadier general Juan Manuel de Rosas, fue conocido como la "Guerra del Paraná". Allí se suscitaron, entre 1845 y 1846, una serie de enfrentamientos armados, desconocidos por la mayoría de los argentinos, con excepción de la batalla de la Vuelta de Obligado, del 20 de noviembre de 1845, promovida a feriado nacional desde el 2010, que se conmemora como el Día de la Soberanía. 

A mediados de enero de 1846, luego del combatir con la escuadra anglo-francesa en dos oportunidades en La Vuelta de Obligado, el general Lucio Norberto Mansilla colocó ocho cañones ocultos bajo montones de maleza, 250 carabineros y 100 infantes en los barrancos de la costa comprendida entre el convento de San Lorenzo y la punta del Quebracho. A mediodía del 16 de enero aparecieron el vapor inglés HMS “Gorgon”, la corbeta francesa Expeditive, los bergantines HMS “Dolphin”, “King” y dos goletas armadas en la Colonia del Sacramento, los cuales sumaban 37 cañones de grueso calibre y acompañaban a 52 barcos mercantes artillados.

 Al enfrentar el poblado de  San Lorenzo, la Expeditive y el Gorgon hicieron tres disparos a bala y metralla sobre la costa para descubrir la fuerza de Mansilla. Los soldados argentinos permanecieron ocultos en su puesto, según la orden recibida. Cuando todo el convoy se encontraba en la angostura del río que se pronuncia aguas arriba de San Lorenzo, Mansilla mandó romper el fuego de sus baterías dirigidas por los Capitanes José Serezo, Santiago Maurice y el Teniente Coronel de Marina Álvaro de Alzogaray. El ataque fue certero; los buques mercantes rumbeaban desmantelados hacia dos arroyos próximos, aumentando con el choque de los unos con los otros las averías que les hacían los cañones de tierra.

 A las cuatro de la tarde el combate continuaba recio todavía, y el convoy no compensaba lo andado con sus grandes averías. Favorecido por el viento de popa y tras los buques que vomitaban sin cesar un fuego mortífero, el convoy invasor se aproximó al Quebracho. Aquí había reconcentrado sus fuerzas Mansilla, donde siguió batallando hasta la caída de la tarde, cuando desmontados sus cañones y neutralizados sus fuegos de fusil por el cañón enemigo, el convoy pudo salvar la punta del Quebracho, con grandes averías en los buques de guerra, pérdidas de consideración en las manufacturas y 50 hombres fuera de combate.

 El Contralmirante inglés Inglefield, en su parte oficial al almirantazgo británico dice que “los vapores ingleses y franceses sostuvieron el fuego por más de tres horas y media; y apenas un solo buque del convoy salió sin recibir un balazo”.
La pérdida de los argentinos fue esta vez insignificante y Mansilla pudo decir con propiedad que “habíale tocado el honor de defender el pabellón de su patria en el mismo paraje de San Lorenzo que regó con su sangre San Martín al conducir la primera carga de sus después famosos Granaderos a Caballo”.
                         
Memorias bélicas
El comandante británico del HMS Philomel describió así el ataque argentino en San Lorenzo: “Mansilla había preparado todas sus fuerzas para atacar al convoy y sabiendo ahora que las baterías fijas no servirían, dado que las localizaríamos, adoptó un plan más astuto: utilizar artillería móvil. Tenía aproximadamente 12 cañones de campo de grueso calibre y cerca de dos mil hombres en los acantilados de San Lorenzo los cuales tienen cerca de 4 millas de largo y setenta pies de alto (7,5 kilómetros y 21 metros de alto sobre el nivel del río). Los barcos debían pasar dentro de un cuarto de milla (450 metros) de los acantilados. El terreno era plano y no se podía ver nada desde el río salvo el acantilado de forma tal que sus hombres estaban a salvo del fuego de nuestras naves. Se aproximaron los sesenta navíos. El HMS Dolphin lideraba la primera división del convoy, Key en el HMS Fanny en la siguiente división y Hope cubriéndoles la retaguardia.

 Las armas argentinas continuaban llegando al acantilado  mostrando solo sus bocas, disparaban y retrocedían, cargaban nuevamente y reaparecían en un nuevo sitio. De esta forma cañonearon al convoy durante tres horas impactando a cada navío varias veces. Uno de los bergantines mercantes tuvo 34 impactos. El HMS Firebrand  sufrió 22 impactos, cuatro a través de su chimenea. Gracias a la Providencia no murió ninguno de los tripulantes de los 60 barcos y en el HMS Firebrand solo hubieron dos heridos.

El enemigo manejó tan bien su artillería que fue prácticamente imposible localizarlos con nuestro fuego. La boca de fuego de sus cañones se evidenciaba solo  un momento e inmediatamente se desplazaba de forma tal que antes de que preparáramos nuestros cañones ellos ya habían disparado y desaparecido. El HMS Dolphin y el HMS Fanny dispararon cincuenta tiros al igual que la corbeta francesa Coquette pero no le causaron al enemigo ningún daño.

El enemigo disparó en forma admirable y manejaron sus cañones como la mejor artillería del mundo. Entre nuestros barcos había muchos navíos estadounidenses. Más de 60 aliados fueron heridos o muertos. Varios navíos fueron impactados, entre ellos la barzaza británica Caledonia con mercaderías valuadas en 100.000 pesos, parte de la cual  fue salvada cuando las tropas de Mansilla extinguieron el fuego abordo de un pailebote”.

 El Teniente Coronel de Marina Juan Bautista Thorne, Segundo Comandante de Mansilla fue  mal herido en su hombro. Al atardecer los habitantes de Rosario observaron huyendo a la flota Anglo-Francesa. El HMS Firebrand se detuvo y desembarcó a dos de sus hombres que habían sido heridos gravemente en la Vuelta de Obligado. Los cirujanos británicos debieron amputar una de sus piernas. Las acciones en San Lorenzo, El Tonelero y en la Angostura del Quebracho le pusieron fin a la navegación extranjera por nuestros ríos. Nunca más habría de repetirse un convoy de ocho meses de duración.
 

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