jueves 2 de abril de 2026
EL CRUCE DE LOS ANDES

“La mayor epopeya militar en suelo americano”

Por Redacción El Ancasti

En enero del año 1817, el Ejército de los Andes está ya en marcha. Los enormes macizos andinos, que le quitaban el sueño al General San Martín, van a ser vencidos ellos también. Si se medita un poco sobre el plan militar de San Martín, se comprenderá que solo un genio como él y un hombre de su temple, pudo concebirlo y realizarlo.
Su labor fue verdaderamente titánica. No solo debió pensar en todo lo que sus tropas necesitaban, sino también- y esto fue lo más grave aún- estudiar las formas de vencer las enormes dificultades y peligros naturales que iban a presentársele en la fatigosa marcha de casi un mes.
Cuatro mil hombres de pelea y 1.800 milicianos forman sus tropas y todos necesitan buen abrigo y mejor alimentación.
San Martín pide de todo, desde trapos de lana para colocarlos dentro de las botas de sus soldados. Solicita más abrigo y los vecinos cuyanos regalan ponchos y frazadas, para que los valientes se cubran el cuerpo en las altas y nevadas cumbres.

“Ahorcado en la Fortaleza”
Todo era poco para el Ejército de los Andes, cuya formación requería permanente ayuda y atención. “Usted me pide de todo y yo estoy casi sin fondos para proporcionárselos, le escribe el Director Supremo, el puntano Juan Martín de Pueyrredón.  Le responde San Martín: “…El tiempo me falta, el dinero ídem; la salud mala, pero vamos tirando hasta la tremenda. Es menester hacer ahora el último esfuerzo en Chile. Ya estamos en capilla para nuestra expedición”.
“Van todos los vestuarios pedidos- le comunica Pueyrredón a San Martín…. Van 1.387 arrobas de charqui y 200 sables de repuesto, y no hay más…. Y no sé cómo me irá con las trampas en que quedo para pagarlo todo… ¡Y no me vuelva a pedir Ud. más si no quiere recibir la noticia de que he amanecido ahorcado de un tirante de la Fortaleza!”.
A pesar de su dosis de buen humor, no podía ocultar la situación angustiosa el Director Supremo.

Previsiones para la marcha
Se establecen en los caminos de montaña depósitos de víveres, calculando todo para una marcha de más de 15 días. Arrieros con cargas de charqui, galleta, harina de maíz tostado, grasa, ají picante, queso, vino, ajo y cebolla, salen a cumplir su misión. Conversa con los baqueanos, las herraduras no deben escasear, pues el animal con deficiente herraje sucumbe en la marcha. El forraje debe ser abundante: no hay pastos en la cordillera y los animales necesitaban excelente alimentación para resultar eficaces. Y se preparan las raciones convenientes para más de 10.000 mulas de carga y de silla y 1.600 caballos de pelea.
Para levantar los cañones en las montañas, se preparan cabreadas y poleas, de cuya vigilancia se encarga fray Luis Beltrán. Y, por último, un servicio desanidad para los enfermos y heridos y un cuerpo de capellanes, para los auxilios religiosos. Del primero se encargan los doctores Paroissien y Zapata, secundados por frailes que hacen de asistentes y enfermeros; y del segundo el presbítero José Lorenzo Guiraldes, a quien ayudan otros sacerdotes, entre ellos el inolvidable Padre Julián Navarro, aquel que asistió a los heridos en el combate de San Lorenzo.
“Si alguna vez el cálculo y la previsión al servicio de la inspiración subordinadas al método presidió a una gran empresa militar, fue ciertamente ésta. Y la historia no presenta un ejemplo de paso de montaña más perfectamente combinado y más admirablemente ejecutado, como el Paso de los Andes, por el General San Martín”, escribe Bartolomé Mitre.

A la Cordillera
Antes de partir la columna principal, por el Paso de los Patos (San Juan), el Gran Capitán, organiza dos columnas por el norte: una partió desde San Juan a órdenes del Comandante Cabot hacia el Paso de Guana, para ocupar Coquimbo; y la otra salió desde Tucumán a órdenes del Comandante Francisco Celada, cruza por territorio de Catamarca, entra a la Rioja por la quebrada de La Cébila y se reúne con el Capitán Nicolas Dávila, quien aporta una significativa cantidad de riojanos; cruzan por el Paso de Comecaballos (actual Pircas Negras), para ocupar Copiapó.
Al sur, partió el Comandante Freire, para cruzar por el Paso del Planchón (actual Pehuenches) hacia Tal y por el Paso del Portillo Argentino a órdenes del Capitán José León Lemos, hacia San Gabriel.
Por el Paso de Uspallata avanza la división de Las Heras -con fray Luis Beltrán a cargo de la artillería- con la misión de reunirse en proximidades de la Cuesta de Chacabuco con la columna principal, que pasará por el Paso de Los Patos en San Juan, a las órdenes de O´Higgins y de Soler.
Estas dos columnas parten el 18 y 19 de enero de 1817 respectivamente.
El día 24 salió San Martín. Iba a la retaguardia, combinando los movimientos, dirigiendo y estudiando la marcha e imponiéndose de las novedades, que le llevaban los chasquis, quienes velozmente hacían las veces de redes de comunicaciones entre las columnas.
“Esta tarde (24 de enero de 1817) salgo a alcanzar las divisiones del Ejército. Dios nos dé acierto para salir bien de tamaña empresa”. Así, lacónicamente, el General San Martín transmite su mensaje al Director Supremo.
Y Dios lo ayudó en “tamaña empresa”. En 18 días los héroes cruzaron los Andes y llegaron a territorio chileno.
Ni los abruptos Andes impidieron la marcha hacia la gloria, a que ascendía la fe de aquellos pueblos que se unieron cuando el Gran Capitán, al que siguieron como un nuevo Moisés los conducía.

Texto: Colaboración de Cnel. Héctor Evaristo Sánchez.
Fuente: “Síntesis Documental Sanmartiniana”, INS, Bs As, 1950.

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