En tiempos de aislamiento social, preventivo y obligatorio, momentos en donde la conectividad se impuso como una herramienta de uso común y sobre todo necesario. Ya sea para estudiar, teletrabajar o contactarse con familiares o amigos, la mayoría de los argentinos tuvo la necesidad imperiosa de conectarse mediante el uso de un celular o una computadora. Sin embargo, esto propició el escenario “ideal” para aquellos adultos que ejercen el acoso sexual a menores en Internet, el “grooming”, un delito que creció notablemente en Argentina.
El peligro del otro lado de la pantalla
Por este motivo, las principales asociaciones que trabajan con la problemática en el país, afirman que se generó un fenómeno de “hiperconectividad” que convierte a los niños, niñas y adolescentes en personas “hipervulnerables”. Esto, sin duda, genera una “tormenta perfecta” que provocó el aumento de casos de grooming en el país. Así lo describe Hernán Navarro, fundador y director de la organización referente en la temática, Grooming Argentina.
“El grooming es el engaño intencional de un adulto hacia un menor utilizando principalmente las redes sociales. Son las más comunes, las más populares entre los jóvenes, como Instagram o el servicio de mensajería WhatsApp”, explicó Navarro. Asimismo, destacó que “groomers” suelen crear perfiles falsos, y con la información que obtienen acosan o extorsionan. Por este motivo, aseveró que el constante acompañamiento de los padres con el uso de internet de sus hijos es “necesario”.
Según los datos suministrados por Grooming Argentina, las consultas de padres se triplicaron en los últimos meses y el fenómeno es de alcance mundial: la Guardia Civil de España detectó un crecimiento del 500% respecto a años anteriores en cuanto a la viralización de contenidos relacionados con el abuso infantil. Se trata de una problemática que no conoce de fronteras y, en territorio nacional, se expandió de forma imperceptible, en sintonía con la pandemia del coronavirus.
La problemática del grooming puede volverse imperceptible, debido a que los adultos tienen la percepción de que sus hijos están en sus hogares “un lugar seguro”, pero al pasar tanto tiempo “muchas veces en soledad” frente a una computadora y conectados a internet “corren un peligro” que no se ve. “Los padres sienten que sus hijos están resguardados porque los están viendo en sus casas protegidos, pero el peligro de que estén solos en sus cuartos con el celular, navegando por internet es real”, indicó Navarro. De esta manera, los menores aumentaron las posibilidades de ser víctimas de este delito.
Pena
El grooming tiene una pena de 6 meses a 4 años de prisión y se incorporó al Código Penal en 2013, con la norma 26.904. En Argentina, cada 13 de noviembre se conmemora el Día Nacional de la Lucha contra el Grooming. Según uno de los últimos informes de la organización Groomin Argentina, el 70% de los padres o adultos responsables del país desconocen esta problemática. “Una situación delicada cuando el enemigo no entra por la puerta de casa, sino por wifi”, destacó Navarro.
Quienes ejercen este tipo de delito se dirigen a menores, con los que buscan empatizar, generar confianza. Además, prometen cosas a cambio, fingiendo ser otras personas o empresas.
“El consejo que doy es que denuncien, que no quede ahí, porque si no los groomers siguen atacando y siguen haciendo vulnerables a cada vez más chicos. Al menos hay que intentarlo”, destaco finalmente Navarro.