La fábrica de dulces Regionales del Norte S.R.L. -afamada por su popular marca Cuesta del Portezuelo-, tradicional elaboradora de artículos alimenticios que tienen un sello propio y característico de la provincia, no atraviesa su mejor momento. La quiebra, dictada por el Juzgado Comercial N°1 el año pasado, golpeó duro en la estructura de la firma, que mantiene bajo su ala a una decena de empleados. A raíz de esto, cerró sus puertas por el lapso de cuatro meses y estuvieron sus instalaciones a punto de ser vendidas.
Sin embargo, el proceso comenzó a revertirse y las perspectivas –si bien no colabora el contexto de restricciones por la pandemia- tienden a dejar atrás la crisis.
"Cuesta del Portezuelo": revive la tradicional fábrica de productos regionales
A partir de ese punto, la empresa ha recibido apoyo por parte de autoridades del Gobierno provincial, que considera de interés no solo el mantenimiento de las fuentes laborales sino también aprecia la capacidad instalada y el valor de la trayectoria de la fábrica, iniciada por el matrimonio Pascual en el año 1978.
Por estos días la empresa, ubicada en Polcos (Valle Viejo) está dando los pasos formales para cumplir sus obligaciones impositivas y legales, y la situación parece encaminarse a buen puerto. Asimismo, días pasados, la sociedad recibió un subsidio oficial para paliar la situación, en especial la de sus trabajadores –la mayoría con mucha antigüedad- que han visto en riesgo cierto sus fuentes de ingreso. Y se hicieron gestiones ante los juzgados pertinentes para acordar una solución que evite el cierre definitivo de la empresa.
“Ahora viene el avenimiento” explica Andrés Pascual, hijo de los fundadores y actual gerente. Se trata de un recurso que consiste en el acuerdo individual celebrado por el deudor declarado en quiebra con cada uno de los acreedores concurrentes. “Por ahora, hasta que salga el avenimiento propuesto nos estamos manejando bajo la figura de una cooperativa”, resalta.
Cuando se declara una quiebra muchos empleadores ven como una “posibilidad” liberarse de la carga patronal y dejar los empleados afuera. “Nosotros no. La verdad es que seguimos trabajando. Es muy buena gente. Vieron la situación y empezaron a ver qué podíamos hacer. Cosechamos, limpiamos la planta, proyectamos, hubo muy buena onda”, apunta Pascual. Algunos de los empleados son de la época en que la fábrica se mudó a El Molino, en la década de los ’80 y otros no bajan de una antigüedad de 15 años.
Pasos a seguir
“En charla con la jueza Natalia Ferreyra, nos pidió que sigamos haciendo las cosas como debe ser para que podamos salir adelante definitivamente, ya que de su parte –nos dijo- no habrá obstáculos. Eso nos alienta”, dice el empresario. Pero, más allá de esa gestión administrativa, legal y contable, teniendo en cuenta el contexto de pandemia, ¿cuáles son los pasos que van a dar?
“El otro día hablaba con un amigo de España que me decía que nuestro problema es que nacemos y morimos productores, y me recomendaba que el negocio es comprar y vender, que me hagan el dulce y le ponga mi marca para dormir tranquilo. Pero ¿sabés que pasa? para nosotros esto es un método de vida. Probablemente no haya una buena relación entre el costo personal y el beneficio económico, porque es verdad que no se duerme y no se vive”, revela.
Lo explica mejor con un ejemplo: “Hablamos con Aeropuertos 2000 y cualquiera que viaja sabe que el peso es el peor enemigo del viajero. Entonces diseñamos una cajita de metal, pequeña, hicimos un concentrado (por ejemplo) de higo en almíbar con crema americana o cayote con nueces. Sacamos un extracto, lo esencial e hicimos unas grageas con la forma del producto que tiene el concentrado de los sabores y pesa 25 gramos. Está bien, es apenas un detalle, algo chiquito, pero es innovador. Y es presencia.
Vos decís esto es Catamarca, este es mi producto. Y tenés seis grageas para saborear. Eso es lo que está en nosotros. Nos gusta producir. Está bien: no es negocio hoy y no sé cuándo lo será. Lo que estamos esperando es que, si seguimos así con cosas nuevas y viendo por dónde puede ir el negocio, mi sentimiento es que cuando esto se solucione, salga una vacuna y seamos libres (otra vez) el consumo va a florecer”.
Con su ojo empresario, Pascual nota que ese sentimiento está en mucha gente. Que hay una necesidad contenida de salir, de volver a la normalidad, aunque sea respetando los protocolos de distanciamiento a los que habrá que acostumbrarse.
En sus mejores momentos la fábrica llegó a exportar arrope de chañar y otros productos de Catamarca a Alemania, en contenedores que compartía con calificadas firmas nacionales del rubro. De las crisis se aprende. Y también se sale detectando las oportunidades. Hoy, en un contexto muy particular, a fuerza de apoyarse en los pilares que todavía quedan en pie y haciendo uso de la creatividad y el oficio de una vida, Andrés Pascual abriga la esperanza de la reactivación del consumo para reinventarse y volver a salir.
Texto: Carlos Gallo
Fotos: Ariel Pacheco