jueves 2 de abril de 2026
Pensamiento musical: Scritti Politti y Jacques Derrida

La deconstrucción del Punk

Por Redacción El Ancasti

“I´m in love with a Jacques Derrida
Read a page and know what I need to
Take apart my baby´s heart
I´m in love”

“No hay nada fuera del texto” dice el filósofo argelino. Y la música, como parte del lenguaje, tampoco le escapa a esta afirmación. A la música, al igual que los textos, se la deconstruye, no solamente en su prosa, sino también en su sonido, en su estética, en su estilo. Los géneros y subproductos musicales son, acaso, la expresión acabadísima de una búsqueda constante, no solo de originalidad, sino del deseo y necesidad de llegar a otros. Después de todo, deconstruires habilitar la posibilidad para que el otro irrumpa, estar abiertos al otro: a su llegada. O, en este caso, dar lugar a nuevas expresiones musicales y llegar a la gente. A la gente, sin distinción. 

Con la muerte del Punk a raíz de la desaparición de los Sex Pistols (1978), se originó una variopinta diversificación de estilos, todas búsquedas (algunas desesperadas) por encontrar ese nuevo sonido que los defina. Sonido e identidad de grupo. Para bien o para mal, esta muerte del Punk fue el puntapié inicial para, de alguna manera, permitir salirse del molde del rebelde eternamente en contra, de la pose negativa, del “todo es mierda”, “el sistema es una mierda”, y que la música tenga que ver con eso también, que sea una mierda, pero más de mierda es eso que no es lo mío. Que no me identifica, que no basta con solo no gustarte, es destruirlo también. 

“El Punk ha muerto, viva el Pop”, podríamos decir. O viva cualquier subproducto que se haya originado luego. En términos freudianos, podríamos hablar de estos géneros musicales, que juntan tan férreos y leales adeptos, como tótems. Hay un Padre, que es el Punk, y es tabú. Nadie va contra del padre aunque todos quieran, figurativamente (y a veces no tanto), matarlo. Los músicos son parte de este mismo tótem, como sus seguidores. Atrapados en la ambigüedad de amar lo que hacen, pero, al mismo tiempo, estar hastiados de la pose. ¿Cómo se mata una idealización? ¿Cómo se quiere “querer” otra cosa sin traicionar, supuestamente, eso que te dio vida?

Deconstruir, no es destruir, es desarmar. Desarmar el monopolio de las definiciones únicas. No hay una música. Hay música. Es el lugar de la restancia. Del otro. La muerte del punk, que era destrucción, dio paso al postpunk: a esas armonías por descubrir, por permitir-se hacerlo, pero sobre todo, mucho por experimentar y por-venir. 

Scritti Politti fue un claro referente de esta cultura postpunk de finales de los 70, principios de los 80s. Esta banda inglesa formada en 1977 tuvo de líder, cantante y compositor, a Green Gartside, un pionero en esto de ir contra lo establecido, esto es, de seguir los lineamientos del punk. Junto con el resto del grupo: bajista, baterista y manager que oficiaba también de tecladista) se instaló en Londres uniéndose al denominado movimiento DIY (hágalo usted mismo). Así, lanzaron en el año 78 el single “Skank Bloc Bologna”, todavía musicalmente con raíz en el punk. A esta energía natural que emanaba el estilo, se le suma a la originalidad de este grupo, sus letras. Green, como compositor, fue sumándole a su música una creativa e inteligente prosa, citando frecuentemente en su composición a grandes intelectuales y filósofos, entre ellos, por supuesto, Jacques Derrida. 

Pero justo antes del primer álbum Green sufre una gran descompensación que se pensó, en un principio, era un ataque cardiaco. Nope. ¿Diagnóstico? Ataque de pánico. ¿Y qué es un ataque de pánico sino ansiedad y desesperación en estado puro? Había una lucha interna que librar. Un tótem que desafiar, un tabú que romper. Obligado a hacer un parate se recluye en casa paterna y se toma varios meses de descanso, sobre todo de la escena. Durante la cuarentena autoimpuesta de aislamiento y descanso, el líder de los Scritti Politti, tuvo mucho tiempo para pensar hacia dónde iba la banda, pero, sobre todo, hacia dónde iba su música.

Ya hacia fines de la década del 70, Green había perdido interés por la música independiente y la escena punk propiamente dicha, dándole lugar al Funk y al Soul de Aretha Franklin (de hecho, la inmortalizó en la canción “Wood Beez (Pray Like Aretha Franklin)”). La música beat, tan representativa de los años sesenta y de los primeros discos de los Beatles, también rondaban este nuevo, (des)andar musical de Scritti Politti. Green llegó a la conclusión de que no hay que ser descerebrado para hacer música pop, rompiendo así con el purismo del Punk. Siguiendo a Derrida, diríamos que deconstruir al Punk no es matarlo, ni al estilo ni a su identidad, es desarmarlo y volverlo a armar con ese resto que permite no cerrarse en sí mismo. Y el Pop era eso: una búsqueda, una nueva forma de llegar a la gente, a más gente. Harto del DIY y del gueto de la escena independiente, donde se sabe, la música pasaba de casete a casete, todos hechos en casa e intercambiándose con otros que hacían exactamente lo mismo. Su idea y objetivo principal eran, justamente, no dejarse encasillar. El Punk se había convertido en aquello mismo que le dio origen: lo establecido. Se cerró en sí mismo. El postpunk de SP representa en términos metaleros ese “oxidarse o resistir”. “Nunca quisimos ser un grupo de culto”, dijo Green a la revista Smash Hits. El culto y el snobismo juegan peligrosamente juntos.

Ser masivos o ser de unos pocos que “entiendan”. Así, nunca va a existir la posibilidad de lo imposible, será sin embargo, esa imposible posibilidad de trascender. Romper con el tabú, desafiar al tótem es pues, dar lugar, no solo al arribante, sino al por-venir. La música de culto no tiene nada que ver con la cultura, más bien juega con lo sectario y la subestimación popular. 
Pero como en todo desandar, tanto como en un texto como en la música, en el fondo hay una huella. Green encontró trascendiendo los sonidos y la escena Punk una forma de que sus letras y su música fueran un poco más allá de lo establecido. Sus letras buscaron dar un paso más, no en la batalla, sino en darle a sus letras de amor cierto aire excéntrico  a la vez que exquisitamente contradictorio. ¿Cómo es esto? Sus canciones, y sobre todo las que hablan de amor, luego de una lectura más acabada, resultan una contradicción insoluble, una aporía, que, acechando cada giro lingüístico, diciendo esas dulce y aparentes nadas, pueden llegar a destrozarte el corazón.“A name for what you lose/ when it was never yours” (“Un nombre que pierdes cuando nunca fue tuyo”).

Deconstruir y, al final, la aporía. En el fondo está la huella, que es la ausencia de una presencia. No importa en qué haya devenido Scritti Politti, el Punk siempre será “esa”, su huella.

Eleonora Pángaro
Analista en desarrollo del pensamiento musical

 

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