miércoles 1 de abril de 2026
Catamarca autónoma

El tiempo de Eusebio Gregorio Ruzo

Fue uno de los ideólogos de la autonomía y el segundo gobernador.

Por Redacción El Ancasti

Hace 199 años, en el cabildo abierto reunido en el desaparecido edificio de la esquina de las actuales calles República y Rivadavia, en nuestra ciudad de San Fernando de Catamarca, el sábado 25 de agosto de 1821 a las 3 de la tarde, se disolvió la unión y dependencia que habíamos contraído con la “República del Tucumán”, encabezada por Bernabé Aráoz. Se había declarado la Autonomía de Catamarca, aunque en el acta del cabildo de ese día nunca se menciona la palabra “Autonomía”. En la misma sesión, y para evitar mayores conflictos, se designó al frente del incipiente Poder Ejecutivo a Nicolás de Avellaneda y Tula, hasta ese momento teniente de gobernador. Tiempos de enfrentamientos sobrevinieron a la Autonomía. El gobernador Avellaneda y Tula, seis meses después de iniciar su gestión, abandonó la provincia “en precipitada fuga” a La Rioja y su cargo fue ocupado, en 1822, por Eusebio Gregorio Ruzo, convertido así en el segundo gobernador de la flamante provincia de Catamarca.

Refiriéndose al proceso autonómico, Ruzo, uno de los ideólogos de la Autonomía, escribió en 1827 que “el país quedó dividido en tantas facciones cuantas familias tenía”. Confirmaba una constante en la política lugareña: los conflictos entre bandos familiares y la lucha por el poder. Luego de 1810 se perfilaron dos facciones: la encabezada por Francisco de Acuña y su familia, o realistas, y la de los que “hicieron la carrera de la Revolución”, en la que figuraban los Mota Botello y los Avellaneda y Tula, entre otros grupos familiares. Las diferencias entre estos grupos, y las facciones que surgirán al interior de ellos, marcarán la política en los tiempos posteriores. 

En ese contexto se perfila como figura particular dentro del patriciado y de la élite el segundo gobernador, Eusebio Gregorio Ruzo, cuyo abuelo materno fue el mencionado Francisco de Acuña, de quien se decía que era “el déspota que gobernó Catamarca durante treinta años”, hasta 1810. 

La figura de Eusebio Gregorio Ruzo adquiere aristas particulares, teniendo en cuenta las redes familiares a las que perteneció y sus vínculos con otras personalidades e instituciones relacionadas al poder político. Nos interesa profundizar el estudio del acceso de Ruzo al gobierno de la provincia, en 1822, al suceder a Nicolás de Avellaneda y Tula, por lo que estamos investigando en este momento su gestión de gobierno a partir de las actas capitulares más otra documentación relacionada con este promotor de la Autonomía de Catamarca, al decir de Armando Raúl Bazán. Debemos destacar que, durante su gobierno, se organizó la primera Legislatura provincial o Sala de Representantes y se dictó, en 1823, el Reglamento Constitucional, que habría de ser el soporte jurídico de la provincia de Catamarca hasta 1855.

Setenta años después de la Autonomía, en 1891,escribió Manuel Soria que, luego de la renuncia de Nicolás de Avellaneda y Tula, en 1822, “el Cabildo nombró para reemplazarlo al benemérito patricio don Eusebio Gregorio Ruzo” y que el nuevo gobernador, comprendiendo la importante misión que desempeñaba, “trabajó en el sentido de que la Provincia entrara de lleno en una era de paz y de instituciones”. Ruzo se resistió en un principio a hacerse cargo del gobierno, como veremos, pero sus aliados, e incluso los adversarios, le brindaron adhesión y confianza. Aunque era federal, escribe Ramón Rosa Olmos, llamó a colaborar en las tareas gubernamentales a ciudadanos de todas las tendencias políticas. Dice Soria que, con justicia, puede incluirse a Ruzo “en la nómina de los grandes gobernadores que ha tenido nuestra provincia”.

Eusebio Gregorio Ruzo había nacido en 1795 en el seno de una de las familias más poderosas de Catamarca desde la segunda mitad del siglo XVIII, la de los Acuña. Desde 1773, su abuelo Francisco de Acuña, que había nacido en Galicia, ocupaba espacios de poder. Desde 1783 era Comandante de Armas; además, era Subdelegado de la Real Hacienda y Notario del Santo Oficio, por lo que sus atribuciones eran tan extensas y diversas que lo constituyeron en factor político de gravitación decisiva en el medio. Pero la influencia de Acuña no se relacionaba solamente con sus cargos políticos. Su casamiento con María de la Trinidad de Vera y Aragón lo había vinculado con los vecinos más importantes de la época. Una de las hijas de Francisco y de María de la Trinidad, llamada Clara, contrajo matrimonio en 1794 con el también gallego Gregorio Ruzo, quien se radicó en Catamarca, donde tuvo actuación política y comercial, y con su casamiento se incorporó al grupo familiar que para esa época dominaba la situación en el Cabildo. A partir de ese año encontramos al europeo Gregorio Ruzo ocupando distintos cargos en la administración política de la ciudad. El casamiento Ruzo-Acuña se enmarca en una constante a partir de la creación del Virreinato del Río de la Plata y en los años sucesivos, en que se acrecentó la inmigración e instalación de españoles peninsulares como comerciantes o funcionarios. Muy pocos se radicaron en Catamarca, pero al casarse alguno de ellos con mujeres pertenecientes al patriciado, quedaban asimilados a los grupos familiares que administraban el poder. Es así como observamos una elite originada y basada en el patriciado, con significativa asimilación de peninsulares, como el caso de Gregorio Ruzo. Varios hijos nacieron del matrimonio Ruzo-Acuña, de acuerdo con las investigaciones de Segundo Edgardo Acuña. Uno de ellos, el mayor, fue el ya mencionado Eusebio Gregorio, que accedió al gobierno de la provincia de Catamarca en 1822.

Si bien el padre y el abuelo materno del nuevo gobernador eran europeos, a través de su abuela materna, nacida en el seno de la antigua familia Vera y Aragón, Eusebio Gregorio Ruzo entroncaba con linajes originados en conquistadores que ingresaron al Tucumán a mediados del siglo XVI.

Ruzo, al poder

Es interesante resaltar el modo en que Ruzo se impone como el gobernador que sucede a Nicolás de Avellaneda y Tula, cuando este último renuncia ante el Alcalde de Primer Voto, cargo ocupado por Pío Isaac Acuña, tío materno de Ruzo. En la tarde del 29 de octubre de 1821, dos meses después de la declaración de la Autonomía, Avellaneda y Tula escribe una carta dirigida a “Mi Ruzo, mi querido compañero”, quien se encontraba en Tucumán en comisión asignada por el gobierno catamarqueño. En ella le relata el intento de derrocamiento por parte de la facción comandada por Feliciano de la Mota Botello, a quien llama “el tuerto Mota viejo”. Luego le dice que “esto es lo que ha pasado en mi tragedia” y le pide a Ruzo que regrese cuanto antes ya que “que lo necesito mucho” porque desea entregarle el gobierno “para que lo sirva y me ayude a llevar la cruz”.

En 1827, pocos meses antes de morir, Eusebio Gregorio Ruzo publicó un folleto en el que responde a denuncias de sus enemigos políticos. Entre esas denuncias se argumentaba que “Don Gregorio Ruzo que por mil títulos no era acreedor a la primera magistratura de la provincia de Catamarca en el año de 1822, se colocó en ella, a favor de una revolución ejecutada con infidencia…”. Allí se explaya Ruzo en las intenciones de Nicolás de Avellaneda y Tula en proponerlo como su sucesor. Relata que se sorprendió “al saber que el gobernador había partido para La Rioja en precipitada fuga nombrándome de voluntad propia jefe de la provincia”. En marzo de 1822, luego de renunciar y desde La Rioja, Avellaneda se refiere a Ruzo como “decente, humano, agradecido, y no creo que nunca nos corresponda mal” y agrega que “Yo tengo más gusto en que mande Ruzo”.

Hemos consultado una carta que Nicolás Avellaneda le escribe a Ruzo desde La Rioja el 13 de marzo de 1822, al día siguiente que su renuncia fue aceptada en Catamarca. Dice el encabezado: “Mi Ruzo y mi amado compañero” y acto seguido escribe: “no me juzgue Usted sin oírme”. Y le explica las peripecias del momento en que decidió marcharse de Catamarca: “Yo busqué aUsted la noche anterior a mi marcha para hablar con Usted instruirlo y dejarlo en el mando y convencerlo de la necesidad de mi marcha: no lo encontré: se me aseguró que mis émulos le habían convencido a Usted que lo quería prender y que haciéndome la injusticia de creer semejante sacrilegio político se había fugado para la Sierra”. Podemos ver lo valioso del contenido de esta carta ya que nos muestra los vínculos no tan claros ni sólidos que existían entre Eusebio Gregorio Ruzo y Nicolás de Avellaneda y Tula.

Sigue Avellaneda: “Lo busqué por la mañana sin quererme persuadir de semejante conducta y no se le encontró. En este estado no tuve otro temperamento que tomar para convencer a Usted y Gutiérrez, que sustituir el mando y marchar fuera de la provincia. Repito que se desimpresione de que lo haya creído de mala fe. Su ida con cautela me obligó a creer que le había hecho impresión el chisme de que yo lo prendía. Dígnese averiguar de dónde salió la voz”. Se refiere al ancasteño Manuel Antonio Gutiérrez, que será gobernador de Catamarca al suceder en el cargo a Eusebio Gregorio Ruzo.

Mientras tanto, en Catamarca, Ruzo rechaza su candidatura a gobernador, pero afirmó más tarde que “el pueblo se reunió y obtuve el voto uniforme de todos los concurrentes”. Y sugirió a los opositores que consulten las actas del Cabildo, donde estaba registrado el evento. Aun así, se resistía a acceder al poder hasta que aceptó cuando todos “unánimes juraron también olvidar sus resentimientos por consagrarse al bien del país”. Y se jacta Ruzo de haber contribuido a la organización y estabilidad política de Catamarca, cuando dice que “los gobernadores flotando a merced de la más simple circunstancia, se sucedían sin término”. En ese sentido, acierta Ruzo en sus afirmaciones, ya que durante su gobierno se organizó la primera Asamblea General, constituyente y legislativa. Ella dio a la provincia, el 11 de julio de 1823, su primer Reglamento Constitucional.

En un documento de 1822 se hace mención a que “la Casa Otomana trabaja incesantemente… Marcos, Gregorio, Boter… forman el cónclave secreto… ellos andan muy alegres, principalmente desde el arribo de Avellaneda a Chilecito…”. Claramente, la Casa Otomana hacía referencia a la facción liderada por Nicolás de Avellaneda y Tula, con sus cuñados Marcos y Gregorio González, y los Boter, vinculados también a la familia. En contraposición, el gobierno de Eusebio Gregorio Ruzo significó el predominio de otras familias que adscribían, para ese entonces, a la causa federal, como los Soria, los Correa, los Acuña, los Molina o los Figueroa, como lo demuestran los aportes de Segundo Edgardo Acuña.

Eusebio Gregorio Ruzo falleció el 23 de diciembre de 1827, a los 33 años, mientras desempeñaba su tercer mandato como “Gobernador y Capitán General de esta Provincia”, tal cual se lee en su partida de defunción. Fue enterrado en el cementerio del Convento de San Francisco de la ciudad de Catamarca, donde se encontraba la sepultura familiar.


Sobre el Proyecto de Investigación

Esta investigación forma parte del proyecto “El Cabildo luego de la Declaración de la Autonomía de Catamarca. Transcripción y análisis histórico-lingüístico de las Actas Capitulares (1822-1828)”, en el marco de la Secretaría de Posgrado e Investigación de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Catamarca. Este proyecto de investigación se propone una mirada interdisciplinaria sobre el proceso autonómico y sobre las actas que lo documentan. El objetivo es transcribir paleográficamente las actas capitulares de la Catamarca autónoma correspondientes a los años 1822-1828, sin dejar de lado su necesario estudio preliminar, que analizará el contexto histórico e institucional, más el aspecto lingüístico. El equipo está integrado por docentes y estudiantes de la Facultad de Humanidades: Leandro C. Arce, María Agustina Carranza, Marcelo Gershani Oviedo, Yanina Soledad Sigampa, Franco Rainero Frogel, Leandro Sergio Tua y Santiago Estani. Para el empleo del método paleográfico de lectura y la aplicación de estas normas, recurrimos a un especialista en el tema, el Prof. Javier A. Berdini, quien integró los equipos de las Cátedras de Paleografía y Diplomática en las Universidades Católica y Nacional de Córdoba.

Texto: Colaboración de Marcelo Gershani Oviedo

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