miércoles 1 de abril de 2026
Julio César Bayón

El futbolista catamarqueño campeón del mundo

A 25 años del Mundial Sub20 de Qatar, el ex volante recuerda la enorme gesta del fútbol argentino que lo tuvo como protagonista.

Por Redacción El Ancasti

Aquel chango que hacía pocas semanas había debutado en la primera de Rosario Central, fue uno de los pilares en el esquema del técnico José Pekerman, el más ganador de la historia de los mundiales juveniles. El momento cumbre de su carrera futbolística fue arriba del tablón del podio, levantando la Copa del Mundo, con poco más que 19 años.
“Fue una Copa del Mundo que podría haber sido para las estrellas del Real Madrid o del Barcelona (Raúl, Michel Salgado, De la Peña) de la España campeona de Europa, o para las figuras Brasil que le había ganado a nuestro equipo en el Sudamericano, o para Portugal que era muy fuerte y que nos ganó en la fase de grupos. Nosotros éramos más bien unos ‘tapados’, la mayoría habíamos debutado en Primera, pero no teníamos tanto rodaje. El gran mérito fue que fuimos un verdadero equipo”. Con esta sentencia final, a 25 años de aquella epopeya en Doha, el único futbolista nacido entre el Ambato y el Ancasti, lo recuerda con Revista Express.
 
-¿Qué te acordás de la previa a aquella gesta en Qatar?
-En 1993 yo ya estaba entrenando con la primera de Central y jugando en la Reserva. En el ’95 debuté un domingo en Jujuy, entre semana jugamos contra Belgrano. Ahí nos dicen a mi compañero Andrés (Garrone) y a mí que teníamos que presentarnos en Ezeiza para ir al Sub 20. Ya los conocía porque había ido antes a la selección. Pero también estaba cerca el clásico con Newell’s, entonces del club me dicen “después del clásico te vas”. Yo estaba como loco. Jugué contra Newell’s y me lesioné, una molestia en la rodilla. Lo mismo viajé. Cuando llegué allá me doy con que había que jugar el miércoles a la noche: inauguración de la luz en cancha de Lanús. Hablé con Pekerman y me dijo “si andás bien, te quedás”. Dolorido, puse todo y quedé a pesar de que no había jugado el Sudamericano, y me tenía que acoplar al equipo.


 
-Luego, volar al otro lado del mundo…
-Fue un viaje muy largo, la verdad es que no sabíamos bien adónde íbamos, no había Internet como hoy. El colectivo volvía del aeropuerto escoltado con un patrullero y dos motos. Nos alojaron en un hotel que tenía mucha seguridad, nos recomendaban no salir solos, los guías de los shoppings nos explicaban que te robaban, que directamente te cortaban la mano. Ahí tomamos conciencia de que era un mundial.
 
-Pasaron 25 años. ¿Te sale de memoria el equipo?
-Yrigoitía, Lombardi, Pena, Sorín que era el capitán, Fede Domínguez, Bayón, Mariano Juan, Coyette Ibagaza, Biagini y Arangio o Guerrero. Pero siempre había otro que entraba, no era fijo.
 
En el esquema táctico de Pekerman, el catamarqueño arrancó de titular en el mediocampo con la camiseta número 16.
 
-En el debut del grupo arrancaron ganando…
-Sí, jugué completo el primer partido contra Holanda y me lesioné. Las canchas eran con mucha arena, todo muy difícil, también sumaba el calor que hacía. Habíamos errado un penal, no lo podíamos abrir. Terminó 1 a 0, al gol lo hizo Garrone que había entrado casi al final del partido. En el segundo (con Portugal, 0-1) estuve en el banco, pero ni siquiera estaba cambiado para jugar. Fue un golpe duro. Después de ese partido José (Pekerman) nos habló mucho. Te daba un mensaje muy simple, pero muy fuerte. Fue fundamental su intervención, a partir de ahí hizo un replanteo: entró a aparecer mucho (Walter) Coyette, lo puso a (Panchito) Guerrero...
 
El regreso de Bayón fue ante Honduras, entrando desde el banco. Fue 4-2 para lograr la clasificación. “En ese partido tuvimos la desgracia que se fisuró el peroné Diego Crosa”, recuerda Julio.
 
-Era un grupo muy lindo. Cualquiera podía hablar y había respeto. Pero lo que hacía o decía José, eso se hacía. Te hablaba a solas, sin vueltas, con un mensaje simple. A mí me dijo: ¿Vos sabés por qué estás acá? Lo único que quiero es que hagas acá lo mismo que hacés en Central. Sencillo y práctico. Encontraba los jugadores, explicaba, tenía la virtud de llegar muy bien al jugador. El profe Salorio también fue muy importante y Tocalli, que en ese momento era ayudante de campo.
 
Desde Cuartos hasta la final, Argentina fue una tromba de goles arriba y una muralla imbatible en defensa. Contra Camerún, Guerrero y Coyette le dieron el triunfo en un partido que Bayón ingresó a los 68’ en reemplazo de Leo Biagini. “Anduve bastante bien ese partido”, aporta. Luego, el rival sería España, delegación con la que compartían el hotel.
 
-Ellos tenían como técnico a (Andoni) Goicoetxea, el mismo que había quebrado a Maradona en tiempos del Barcelona. Nosotros decíamos ‘cómo puede jugar bien un equipo que tiene ese técnico’. El día antes del partido tuvimos un entredicho con ellos en el ascensor, así que el partido se jugó con mucha “pica”, fue especial. Sin mala intención, pero finalmente tuvimos una gran alegría.
 
Al otro día, Argentina arrolló a la Furia Roja 3 a 0. Bayón entró a los 59’ reemplazando a Guerrero y, siete minutos más tarde, el árbitro alemán le mostró la amarilla.
 
-¿Fue una decepción no jugar la final?
-No lo tomé nunca así. No tuvimos tiempo de festejar lo de España. Brasil nos había ganado en el Sudamericano. Tenía al goleador del torneo. Era una revancha, y era especial por ser Brasil. Otra vez nos habló José, nos motivó. Nos dijo que eran dos días de vuelo de regreso. ¡Y que había que volver contentos! Nos dijo ‘Ustedes con este título van a quedar en la historia. No hay plata que valga esto’. Son palabras que te marcan. Así que no fue decepción. Habíamos entrenado con la opción de que yo jugara de titular. Entró (Raúl) Chaparro. Iba a entrar en el entretiempo, pero me explicaron que iba a entrar el arquero suplente (Gastón) Pezzutti, el único de los dieciocho que no había ingresado. Y eso estuvo bien. Primero es el grupo, con eso no podías negociar. Te doy otro ejemplo: Después de Honduras se había enojado Arangio porque lo cambiaron. Por su grave lesión, Crosa estaba volviendo con el kinesiólogo, entonces José lo invitó a Arangio a volverse con ellos. Y Arangio entendió. Primordial el grupo y la autoridad de José.
 
La final del mundo, la final entre los clásicos vecinos, fue para Argentina ese 28 de abril de 1995. El desequilibrio de Leo Biagini, con remate cruzado tras una cesión de Coyette, y la apoteosis del final: pase de Arangio para la definición de emboquillada de Guerrero. Y a disfrutar.
 
-Al tocar la copa, ¿qué sentiste?
-Levantar esa copa fue lo máximo. El desahogo. Fue llorar por el esfuerzo de uno y el de la familia. De tres o cuatro años en la pensión de Central. Fue darse cuenta de que tanto sacrificio valió la pena, en especial por la familia, que se sacrifica para poder mantenerte. En ese tiempo no había teléfono en mi casa. Nos daban $ 50 y una tarjeta para hablar de 3 a 5 minutos. Llamo a la casa de Cristian González, que fue mi compañero allá en la pensión. Me reputeaba (sic) el padre porque en Argentina era de noche y no me había dado cuenta la diferencia horaria. ‘Mañana dígale que voy a llamar a la tarde. Y colgué’. Así de difícil todo.
 
“Nosotros fuimos un verdadero equipo”, repite. Ese equipo en el que cualquiera podía jugar y cualquiera podía hablar, mantiene la unión. Cuando volvieron a juntarse, hace cinco años, Juan Pablo Sorín lo llamó para recomendarle que no deje de ir. Pero un compromiso laboral de Bayón lo privó de ese momento. Habrá revancha, pues un grupo de Whatsapp los mantiene en contacto. Quizás, cuando se dispute en Qatar la próxima edición de la Copa del Mundo, la FIFA invite al campeón del mundo de 1995 y allí estén los campeones de José, incluido el único catamarqueño que, hasta ahora, tuvo el honor de disfrutarla en el podio de los mejores.
 
Textos: Carlos Gallo
Fotos: Archivo personal de Bayón y www.fifa.org
 

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