Religiosa catamarqueña cumple con la cuarentena confeccionando barbijos

Con retazos de tela que llegan a sus manos, una religiosa residente en Buenos Aires, dedica sus horas de cuarentena por el Coronavirus cosiendo barbijos para donar a quienes lo necesiten.
domingo, 29 de marzo de 2020 · 03:00

Ella es Esther Suárez, de la congregación Hermanas Misioneras Franciscanas de María cuyo cometido es la evangelización y la promoción humana. Nació hace 92 años en Icaño, departamento La Paz, y desde su ordenación dedicó su vida al servicio de quienes la necesiten. Misionó en distintas provincias y países, pero lo que realmente marcó su vida misionera fue haber estado en Mauritania, África. Allí pasó los años más difíciles de su vida evangelizadora, sufrió hambre, calor y otras tantas dificultades, pero siempre al lado de pobladores que aún viven en lugares donde la civilización demora en llegar. Tras algunos años allí, su salud comenzó a desmejorar a tal punto que la obligó a volver a la Argentina. Sin embargo, al poco tiempo y con más fuerzas y vocación que nunca, volvió a su misión mariana en su país.

La hermana Esther pasa sus días en la casa que la congregación posee en el barrio porteño de San Cristóbal, ayudando tanto a las religiosas ya mayores o con problemas de salud, como a las personas que llegan a la casa en busca de contención y asistencia. Pero su misión no termina ahí. A su edad aún se da el lujo de enseñar tejido, bordado o pintura en telas a sus “alumnas”.

Además, en su tiempo libre también le quedan ganas de estudiar. “El saber no ocupa lugar”, dice orgullosa y bromea. Desde su tablet que adquirió a través de ANSES, toma clases de inglés que baja de YouTube; aprendió a usar el Whatsapp y con eso se comunica con familiares, amigas y con su comunidad religiosa. ¡Y ahora, también tiene su perfil en Facebook e Instagram!

Realmente sorprende su lucidez y energía. Nunca está cansada y siempre dispuesta a aprender algo más y a dar una mano. Cocina como nadie. En su familia dicen que se sienten orgullosos de tenerla, además de considerarse “privilegiados”. Y no es para menos…
 
 

 

 

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