Testamento de Carlos Gardel

domingo, 22 de marzo de 2020 · 21:18

La vida de los ídolos populares, siempre, o casi siempre, suelen estar rodeada de incógnitas, leyendas y misterios que ellos mismos o la sociedad se encargan de alimentar. En este caso Carlos Gardel, no escapa a esas tradiciones sociales y se suma al desconocimiento exacto de su lugar de nacimiento, como también se agrega al desconcierto social, la fecha en la que este gran artista ha nacido.

En Buenos Aires, recibo una invitación a cenar de parte del amigo Víctor Díaz.  En esta oportunidad, lejos de mí estaba la investigación, la observación de los detalles del pasado, pero nunca supe que concurriría a un local ubicado en San Telmo, un barrio histórico de Capital Federal. Este local, un restautante, que resulta un atractivo total desde lo histórico, cultural, deportivo, creando un clima muy ameno, ya que, en sus paredes y columnas intermedias, existen innumerable cantidad de camisetas de futbol de todos los equipos argentinos y casi la totalidad autografiadas por el jugador más sobresaliente de ese equipo. Luego le siguen, las fotografías de personas, recuerdos de otros tiempos, escritos recientes, manuscritos antiguos. Muebles y artículos de aquel tiempo brillante de argentina cubren todos los espacios del local comercial “Restaurante Manolo”, cuyo propietario, Gastón, explica detalladamente cómo se consiguieron esos trofeos de la historia. Observo con mucho interés y atención cada una de las piezas y objetos históricos, recorro el local leyendo lo que fue escrito hace mucho tiempo, en algunos casos, próximos a cumplir un siglo de existencia. Cuando de pronto leo una firma muy conocida, casi la de un prócer de la música argentina, especialmente del Tango, como fue y sigue siendo Carlos Gardel, expresión basada en aquella frase popular que indica que “Cada día canta mejor”.

Es nada más y nada menos que el testamento del “Zorzal Criollo”, estampada su firma al pie del manuscrito, sumándose a este documento, un certificado de buena conducta y otro documento que aclara muchos de los misterios planteados, un certificado de nacimiento del cantautor. Me detengo, leo, una y otra vez tratando de interpretar. Dar gracias a los dueños del local por haber guardado y exhibir estos documentos, que desde luego quiero compartir con los lectores de Revista Express. El manuscrito dice: “Este es mi Testamento.

En esta ciudad de Buenos Aires, el día 7 de noviembre de 1933, encontrándome en pleno goce de mis facultades intelectuales, otorgo este mi testamento ológrafo, disponiendo en el de mis bienes para después de mi fallecimiento en la siguiente forma:

Primero: Soy francés, nacido en Toulouse, el día 11 de Diciembre de 1894 y soy hijo de Berthe Gardes. Segundo: Hago constar expresamente que mi verdadero nombre y apellido son Carlos Romualdo Gardés, pero con motivo de mi profesión de artista, he aceptado y usado siempre el apellido ‘Gardel’, y con este apellido soy conocido en todas partes. Asimismo, hago constar que las cuentas que tengo en los bancos, especialmente en el Banco de la Nación Argentina, así como mis títulos de propiedad y demás papeles figuran invariablemente con mi nombre y apellido de adopción, o sea Carlos Gardel. 

Tercero: Soy de estado soltero y no tengo hijos naturales.

Cuarto: No debo suma alguna y perdono todo lo que me deben. Mis bienes resultarían de los títulos y papeles que tenga a la fecha de mi fallecimiento.

Quinto: Nombro por mi única y universal heredera – de todos mis bienes y derechos- a mi nombrada madre Berthe Gardes.
Sexto: Nombro mi albacea testamentaria a mi amigo Armando Defino para que liquide mi testamentaria y asesore a mi nombrada madre durante la tramitación de la misma.

No teniendo otras disposiciones que hacer, hago constar que el presente ha sido redactado de mi puño y letra y de una sola vez lo firme en la fecha arriba indicada”.

Estos documentos muestran una parte de la vida de Carlos Gardel, “El Zorzal Criollo”, este indiscutido ídolo mundial, que, según él, lo dice, nació en Francia y murió en Medellín, Colombia el 24 de junio de 1935, en un accidente aéreo cuando estaba en la cúspide de su carrera.


 


 

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