Marcelo Villafáñez Un artista apasionado

Con acuarela, óleo o tiza, su talento se destaca como una marca registrada. En Catamarca, tuvo la oportunidad de mostrar su arte en distintos eventos. Personajes de la cultura popular y de la política catamarqueña como del rock nacional fueron retratados por él.
domingo, 19 de enero de 2020 · 09:20

Marcelo Villafáñez tenía tres años cuando manifestó su talento por primera vez. “Desde que tengo uso de razón, siempre me gustó pintar. Lo que más recuerdo, aunque vagamente, es que una vez -habré tenido tres años- agarré un felpón y pinté en la heladera de mi casa un perro. Lo que más recuerdo es el ojotazo que me dio mi vieja pero, lo que más tengo presente, fue el ‘tate quieta’ que le dijo mi viejo. ‘Mirá, tiene tres años y mirá qué bien que lo dibujó al perro’. Eso me quedó plasmado para siempre”, recordó en una charla con Revista Express.

Este artista catamarqueño día a día se consagra con sus cuadros y murales. Tuvo la oportunidad de exponer en el Museo Laureano Brizuela, de mostrar su talento en la Feria del Libro con un retrato de Luis Franco y de pintar en el marco de un festival de rock. “Estuve con Miguel Castro González, un colega que me invitó a participar de Vivencias en Colores 5; fue una exposición de 30 días en un hotel céntrico. Estuve en la Feria del Libre. Participé en eventos como el de Walter Olmos. Me llamaron desde el área de Cultura de La Rioja para el homenaje al “Pica” Juárez, un folclorista. También participé en Chicana Rock, con la invitación de Koky Martinena. Fue el puntapié para hacerme conocido en el medio”, comentó.

Su trabajo es amplio, no solo por la cantidad realizada sino también por las técnicas empleadas y su calidad. Marcelo pintó a varios personajes que tienen un valor muy particular en su vida. Pintó a Charly García, Gustavo Ceratti, a los Rolling Stones, Deep Purple, Led Zeppelin, a referentes de la política, como la exgobernadora Lucía Corpacci –fue por pedido de un amigo que le encantaba-. Pintó al Don Jalil, por pedido de uno de sus hijos y, sus íntimos, a familiares y amigos. También le gusta pintar escenas de películas, como El Exorcista, Scare Face. “Retraté a poetas, a Ricardo Valdez, a personajes catamarqueños como Muña Muña o El Topo. Mi sueño es poder exponer con personajes catamarqueños”, expresó.

Con este talento en sus manos, al mismo tiempo tuvo la fortuna de contar con el apoyo de sus padres. “En mi época de adolescente, entre mis compañeros, era el único que tenía las paredes de la habitación pintada y dibujada. Me gustaba decorar mi pieza. No tenía muchos muebles. La pintaba; mi papá me daba para los colores y nunca me decía nada. Volvía a blanquear las paredes y pintaba sobre los personajes del rock de aquellos tiempos y de los íconos de la cultura de esa época”, detalló.

Técnicas

No existe un modo de encasillar a Marcelo, tal vez por su naturaleza libre. Su talento es innato, un regalo del Universo, un don de Dios. No se formó académicamente pero sí aprendió en cada oportunidad que la vida le presentó. “Con el tiempo y la experiencia, la cuestión era mirar y tratar de hacerlas iguales. No tuve un profesor que me enseñara algún tipo de técnica. Fui autodidacta”, indicó.

No tiene una técnica específica porque le gustan todas. La técnica muchas veces es el material que usamos, aclaró. “Pinto al óleo, con acrílico, con acuarela, tiza, lo que sea. Hago todo. Soy variable en cuanto a técnica. Los clientes me piden retratos y lo que más me apasiona es pintar en vivo; que la gente me vea y hacer interactuar a la gente, que van pasando y miran. Les pregunto si quieren pintar. Ellos piensan ‘¿qué va a hacer el loco este con todas las manchas?’. Las manchas van dando forma a un dibujo. Eso me encanta. Ahora me contratan para pintar en los 15 Años; antes de bailar el vals. Monto mi atril y empiezo a dibujar a la quinceañera, la fiesta y todo lo demás. Hay una técnica en acrílico que se llama Realismo Espontáneo: son manchas, rayones; no tiene forma pero es una desprolijidad prolija”, describió.

Musas

Estuvo un tiempo alejado de los lienzos y de los pinceles pero, como las pasiones no se pueden cambiar, volvió a encontrarlos. “Hubo una pausa muy grande y decidí agarrar el pincel, un día, para un movimiento de un grupo católico y pinté, al óleo, un San Pablo Apóstol. Eso mi inspiró y me llevó después a la Santísima Trinidad, a dibujos religiosos. Me subí de nuevo a este tren y empecé a pintar para mi familia, mis amigos. Todo el arte fue por amigos artistas, como Alico Espilocín y Popy Arréguez, que me decían ‘hacé esto, lo otro’. Ellos me fueron llevando; uno trae a otro y me subí a este tren”, comentó.

Como era un principio y hasta el día de hoy, una de sus grandes inspiraciones son las bandas de rock. No obstante, además de su familia de cuna, Marcelo cuenta con el apoyo de la familia que formó junto con Laly y sus hijos Betiana, Pablo y Lautaro. “Mi esposa es una musa espectacular. Una vez la dibujé. Me gustó tanto su cuadro que no lo quise vender porque se lo regalé a ella. Lo expuse en el Museo Laureano Brizuela. Una persona quiso comprarlo; le puse una suma grande –para disuadirlo- y lo compró igual. Le comenté a mi esposa que me lo querían comprar y ella me dice que no; cuando le dije la suma, me dijo: ‘vendelo, después me hacés otro’”, recordó entre risas.

 

Multifacético

Los pinceles y colores son una faceta, tal vez más relevante, pero no la única. Marcelo también se animó a explorar otras disciplinas. Ahora está aprendiendo a tocar el bajo con Popy Arréguez y aprendió técnicas con Alico Espilocín. Las tablas también lo llaman y se animó a incursionar en teatro y con stand up, aunque con un selecto público de amigos, por el momento. Marcelo da para más. Escuchar una anécdota suya es una carcajada asegurada.

 

“Hice humor radial, con Juan Vergara, en Radio Valle Viejo y en FM Suceso, con ‘El Flaco’ Pailos. Hice de violador en una obra de teatro. El director era Ramón Andrada; era su tesis para recibirse. Llamó a varios amigos y ninguno quería el papel del violador. La obra era sobre la vida de una prostituta. El papel protagónico de la prostituta no era para cualquiera tampoco. Mi personaje le decía “¿acaso mi plata no vale?”. Cuando terminó la obra, todos aplaudían; saludaban a todos y a mí no me quería saludar nadie. Le pregunté al director por qué tanta mala onda conmigo y me dijo: ‘vos quedate tranquilo, hiciste muy bien tu trabajo. Por eso la gente no se olvida de vos y te odia’. Cuando terminó, había sandwichitos para todos y a mí nadie me saludaba”, recordó.

Para Marcelo, en el terreno artístico todo está abierto. “El arte te lleva, trasciende tiempo, te hace subir a lugares impensados. Podés pintar para personas de distintos estatus sociales. Todo eso logra el arte. A veces, estoy parando en hoteles y otras, duermo en el colchón en el piso, todo con tal de hacer arte. El arte me vuelvo loco”, expresó.

 

Texto: Basi Velázquez

Fotos: Ariel Pacheco

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