Emotivo en sus recuerdos, se mezcla la historia de su padre, quien fue músico toda la vida; y quien le dio las alas para ir detrás de un sueño compartido. Hijo de Dina Marín y Luis Barrionuevo el “Jeans”, como conocían a su padre en el pueblo, lo llenan de nostalgia. Su padre lucha contra dos ACV, que lo sensibilizan al máximo cuando siente tocar a su Kaly; a este hijo de Salado, que logró trascender.
“Mi papá no tiene explicaciones para describirse como padre, quiso aprender todo del bandoneón pero no tuvo la oportunidad. Él soñaba con ir a tocar a La Vendimia, en el máximo festival de Tinogasta y es increíble que su hijo lo logre, después vino el Poncho, entonces para él fue un orgullo, algo muy fuerte”, comenta este gran artista tinogasteño.
Hoy, va rumbo a otro desafío, preparar el tercer concierto que dará en el Cine Teatro Catamarca, que será seguramente antes de fin de año. Su semillero fue el Rubinstein, aprendió de otros maestros del bandoneón como Luis Castellano. Allí, logró reunir a los grandes bandoneonistas de Catamarca, en un espectáculo a puro tango y milonga.
Los primeros años
Admirador incansable de Astor Piazzola, trabaja en su primer demo; con temas que llevó al último Festival de Cosquín; y asegura “estoy haciendo cosas en la vida que me satisfacen, todo con el esfuerzo de uno mismo, hoy no me falta nada; qué más puedo pedir; sino ser agradecido”.
“Soy hijo de músico por parte de mi padre, él desde muy chico me dejaba acompañarlo con el bombo y a los 5 años ya tocaba el bandoneón. Siempre tuve el mismo sueño, jugaba con las cubeteras de hielo, y desde ahí ya soñaba con estudiar música. Pero en Salado, era todo muy difícil. Acceder a la música en mi pueblo era complicado, entonces me fui a estudiar al Centro Cultural de Tinogasta, que queda a 50 kilómetros en colectivo”, recuerda mientras vuelve a ese punto de la historia donde comienzan las cosas.
“Muchas veces mis padres no tenían la forma de ayudarme para pagar el transporte y me iba a dedo a los 8 años, muy audaz -su mente se pierde en el recuerdo- iba a la escuela, y trabajaba en la agricultura, en la cosecha del comino, que muy tradicional en Salado, en la cosecha del trigo, la aceituna, sembrábamos de todo, trabaja desde chico para poder estudiar y aprender música. Quería aprender música, por eso a los 17 años me vine a la ciudad, sin saber ni siquiera dónde iba a parar". Y recuerda casi hasta las lágrimas, que “pagaba treinta pesos en una pensión” y no conocía ni siquiera las calles de la ciudad. Luego entró al Rubinstein y comenzó a estudiar el Profesorado de Música. Después llegó algo, que es por lo que a todos nos puede cambiar el rumbo de nuestras vidas: una oportunidad.
-¿Cuándo te fuiste a Buenos Aires?
-A los 20 años, del Instituto me habilitaron una beca para irme a Buenos Aires a estudiar en la UBA, y ahí comenzó mi especialización con el bandoneón. Me fui con una mano adelante y otra atrás. Hice varios cursos y un avanzado en música, porque a esa edad ya tocaba varios instrumentos. A los 11 años tuve mi primera banda que se llamaba “La muchachada”, era tecladista, acordeonista, siempre supe lo que quería.
-¿Cómo fue esa experiencia?
- Cuando me fui a Buenos Aires me di con un mundo distinto, todo lo que había estudiado toda mi vida no me sirvió de nada porque era como un uno por ciento de lo que yo sabía. Hasta que fui avanzando, hoy todos manejamos la tecnología que te facilita muchas cosas pero el bandoneón todavía requiere de una técnica especial. El bandoneón tiene una armadura de clave que lo hace distinto y complejo.
-¿Y por qué el bandoneón?
-Pensé que con el bandoneón iba a tener éxito, que me iba a ir bien. Y creo que no me equivoqué. Me abrió muchas puertas y este instrumento me permitió avanzar en muchas cosas desde lo profesional y también en lo económico.
- El bandoneón tiene la particularidad, de ser un instrumento ligado al tango y a una música profunda del litoral argentino…
- El bandoneón es tango. En el norte lo usamos para hacer folclore porque le da otro color, brillo y presencia. Pero desde la escuela vieja hasta la moderna; el bandoneón es tango por tradición. Cuando tuve la oportunidad de viajar a Europa, a Italia, te das cuenta de que Argentina es tango, Messi y Maradona.
- ¿Cómo surgió el viaje a Europa?
- Fui invitado por una delegación, organizada por artistas de La Merced y Los Altos. Desde que empecé con el bandoneón se me dieron muchas cosas de repente. Yo tenía sueños que me propuse y los logré. Muchas cosas fueron complicadas, pero todo se puede, si uno se pone una meta y confía en lo que hace.
- “Tinogasta Fuelle” no solo fue importante porque pudiste dar algo más a tu pueblo sino porque lo hiciste con un gran espectáculo musical…
- Cada vez que vuelvo a Salado y la gente ve mi crecimiento y reconoce el esfuerzo, de verdad que me emociona. Lo transmiten en un cariño sincero, que jamás pensé, pero a su vez no me sorprende, porque somos todos una gran familia, de buen corazón. Lo vi, cuando hicimos el espectáculo en el Cine Teatro Catamarca, que muchos vecinos y amigos se querían venir para la ciudad, pero era difícil por lo que significa económicamente. Entonces decidí organizar este evento para que la gente de mi pueblo lo pueda disfrutar y compartir. No es común que en el pueblo se monte un gran escenario, y ver ese despliegue hizo que la gente lo viviera de una manera especial. La gente estaba agradecida por el espectáculo y por representarlos a ellos con todo esto que llevo adentro.
De pueblo, pero tanguero
Tampoco es fácil llegar a montar un show en el Cine Teatro Catamarca, pocos artistas catamarqueños lo logran con éxito, sobre todo cuando vienes del interior y encima con un instrumento como el bandoneón. “Sí, sobre todo, porque ese escenario tuvo como protagonistas a Americanta, Silvia Pacheco, y otros artistas reconocidos y de trayectoria. Cuando comencé mi carrera como solista, empecé a darme cuenta de que a la gente le gustaba lo que hacía, que me seguía y ahí dije; por qué no”.
Kaly, se mira a sí mismo, sin prejuicios, porque en la vida anduvo por diversos escenarios; hasta que encontró su destino: “Toda mi vida estudié música, participé en “Los Elegidos de Walter Olmos”, con el acordeón. Hice mucho cuarteto y cumbia, pero fue el bandoneón el que me llevó un paso adelante. Siempre me gustó arriesgarme", afirma con total convencimiento.
Hoy, su repertorio está compuesto por tango y milonga. Pero en sus comienzos como solista fue el folclore y el chamamé, lo que lo llevó al “corazón del instrumento”, recuerda y sigue: “Eso fue lo que me conectó con fuerza con el bandoneón. Y empecé a tocar en los festivales y de a poco incorporar el tango”.
No es difícil pensar quién es su referente, aunque parezca lejano, aunque desde el norte todo quede lejos, el puerto, la cultura de aquellos inmigrantes llegados de Europa, aquel esplendor de los años 40; y luego la vanguardia de quien intentó pese a la crítica de los “puristas”, sacarlo del letargo.
“Seguro, Astor Piazzolla, Troilo. Me hubiese gustado haber nacido antes para conocerlos. Llevo la referencia de Piazzolla y me emociona cuando veo sus videos, porque él era un maestro que hablaba poco y hacía mucho. Con su instrumento transmitía todo a la gente y el mundo lo disfrutó”.
En todo el trayecto de un artista hay un quiebre que marca el camino y una sensibilidad que te lleva… “Eso se dio en 2017, cuando viajé a Italia”, cuenta Kaly que esa experiencia fue la motivación necesaria para llegar a Catamarca con la propuesta del tango y ahí se decidió por todos los medios armar la orquesta con la Banda de Música de la Policía y se convenció, “este es el camino”. “Pero no fue algo que se dio solo, sino que son muchos años de estudio para poder trabajar hoy de esto y comenzar otra etapa”, señala.
-Hacia dónde vas…
- A recorrer el mundo y llevar la música del bandoneón a mí estilo. Me gustaría tener un estudio y creo que ese es el gran sueño. Afuera me hicieron ver que podía. Porque siempre hay piedras en el camino, pero también hay gente que te alienta.
Kaly sabe que es una especie de abanderado de su pueblo... “Tinogasta tiene algo que no lo vas a encontrar en ningún lado: su gente”, afirma. En el mes de julio, cuando la delegación de Tinogasta llegó al Paseo Gral. Navarro, de la Plaza La Alameda, con la propuesta “Tinogasta es Vendimia”, el escenario tomó calor con la intensidad y potencia del broche final del gran músico y su bandoneón.
-¿Cuál es tu estilo?
-De pueblo, pero tanguero. Y con la fuerza de dónde vengo. Mi estilo es tierra, alegría y con mucho gusto.
Sus huellas: desde el sur tinogasteño
La vida de la familia de Kaly Barrionuevo se desarrolló completamente en Salado, repartía su infancia entre los estudios, el trabajo en el campo y la música.
La curiosidad por avanzar y la adversidad lo trajeron a la ciudad, en el Instituto Superior de Enseñanza Artística Rubinstein comenzó el profesorado de Música.
A los 20 años, partió a Buenos Aires, a la Universidad de Buenos Aires, donde se perfeccionó en música y bandoneón.
Luego, tomó clases con el maestro Luis Castellano (cordobés radicado en Catamarca); mientras como un autodidacta seguía los estudios preparándose hasta que llegó la posibilidad de viajar en 2017 a Italia.
Antes, tuvo otra vivencia en Colombia, Medellín con la delegación de músicos y artistas catamarqueños, encabezada por Jorge Savio, de La Merced y músicos de Huillapima, Los Altos y Santa Rosa.
En 2018, continuó sus estudios de música en Mendoza, en la Universidad de Cuyo, a través de una beca otorgada por el Ministerio de Cultura de la Nación. Ahí, llega también su espectáculo en el Cine Teatro Catamarca., “Catamarca Fuelle”, es el espectáculo que lo consagra y donde el artista logró con ese concierto recaudar alimentos que fueron destinados a la Escuela N° 223 “Hipólito Vieytes” de Salado, donde Kaly cursó sus estudios primarios y secundarios.
Este año, gracias al aporte de la Municipalidad de Tinogasta, pudo montar un gran escenario en Salado, con “Tinogasta Fuelle”; otra presentación que marca la gratitud del artista con sus raíces y con ese sello bien tinogasteño.