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La vara que se mueve

domingo, 22 de septiembre de 2019 · 02:00

¿Por qué las personas buenas también, a veces, hacen cosas malas? Los seres humanos tenemos una especie de vara interior que se mueve, es decir, que no está fija. Entonces, dependiendo de lo que sucede afuera, dicha vara se mueve adentro hacia uno u otro lado. Esto sucede todo el tiempo, aunque no seamos conscientes.

El hecho de que seamos capaces de mover nuestra vara, y llevar a cabo actos que consideramos malos, explica que todos somos potencialmente buenos y malos. Algunos se inclinan demasiado hacia el mal y los clasificamos como “psicópatas”, “perversos”, “narcisistas”, etc. Así, por ejemplo, un torturador puede torturar a alguien y después ir a su casa y ser amoroso con su esposa e hijos. En este caso, su vara determina que aquello que es capaz de hacerles a otros jamás se lo haría a los suyos.

La mayoría de la gente mueve su vara persiguiendo alguna ganancia. Pero básicamente esta es movida debido a las emociones que sentimos (lo mismo ocurre con las decisiones que tomamos). Una misma emoción influye la totalidad de nuestras decisiones. Como resultado, podemos hablar de una “decisión emocional” que buscaremos luego explicar desde nuestra razón.

Si yo voy conduciendo mi auto por la ruta y hay mucho tránsito, jamás se me ocurriría ir por la banquina porque creo que no está bien. Ahora, si de repente veo un atajo que todo el mundo usa para adelantarse y son muchos los autos que me sobrepasan, tal vez observe mi vara y tome la decisión de transitar por la banquina… como lo hacen los demás.

Son variados los elementos que hacen mover nuestra vara a diario. La persona que expresa: “Yo no hago nada malo”, en realidad, no está siendo sincera pues todos somos un poco buenos y un poco malos. Pero, ¿qué cosas corren nuestra vara? Por lo general, cuando todo anda bien, tenemos un exceso de confianza y creemos que “nada malo me va pasar”, o que “yo todo lo puedo solo”.

Dicha actitud es característica de la adolescencia. Los adolescentes piensan que todo lo pueden en sus propias fuerzas y no necesitan a nadie (de ahí que tiendan a alejarse de sus padres). En el fondo, se trata de omnipotencia. Los adultos solemos tener esa sensación cuando disfrutamos de dinero, buena salud, fama y poder.

Como resultado, podemos reaccionar de estas dos formas:

-Minimizando el riesgo.

-Aumentando nuestra capacidad interior.

Esto nos lleva a pensar cosas como: “A mí eso no me va a pasar”. “Si hago eso (malo), nadie me va a descubrir”. “Yo dejo la comida, o el alcohol, o la droga, cuando quiero”. Por ejemplo, la gran mayoría de los conductores creen que sus habilidades al volante superan las del promedio. Sin duda, estamos frente a un rasgo propio de narcisistas, psicópatas e histriónicos.

En más de una oportunidad todos intentamos ir más allá de nuestras fuerzas o nuestra capacidad… hasta que la vida nos hace acordar de que no somos ni el Súper Hombre ni la Mujer Maravilla. Lo mejor que podemos hacer es no ignorar la voz de alarma que nos dice que la vara se ha corrido demasiado.